Loading presentation...

Present Remotely

Send the link below via email or IM

Copy

Present to your audience

Start remote presentation

  • Invited audience members will follow you as you navigate and present
  • People invited to a presentation do not need a Prezi account
  • This link expires 10 minutes after you close the presentation
  • A maximum of 30 users can follow your presentation
  • Learn more about this feature in our knowledge base article

Do you really want to delete this prezi?

Neither you, nor the coeditors you shared it with will be able to recover it again.

DeleteCancel

Marx: Prefacio de "Contribución a la crítica de la economía política"

Comentario del texto propuesto en la P.A.U. de filosofía
by

Diego Fernández

on 23 April 2013

Comments (0)

Please log in to add your comment.

Report abuse

Transcript of Marx: Prefacio de "Contribución a la crítica de la economía política"

KARL MARX:
CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA. PREFACIO
Considero el sistema de la economía burguesa en este orden: capital, propiedad de los bienes raíces, trabajo asalariado, estado, mercado internacional. Bajo las tres primeras rúbricas investigo las condiciones de vida económicas de las tres grandes clases en las que se descompone la moderna sociedad burguesa; la conexión de las otras tres rúbricas salta a la vista. La primera sección del libro primero, que trata del capital, consta de los siguientes capítulos: 1. la mercancía; 2. el dinero o la circulación simple; 3. el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido del presente cuaderno. Tengo a la vista el conjunto del material en forma de monografías, que distan unas de otras largos períodos, para mi propia autocomprensión y no para la imprenta, y cuya elaboración sucesiva dependerá, según el plan previsto, de las circunstancias externas.
Suprimo una introducción general que había esbozado, porque me parece desconcertante, tras pensármelo bien, esa anticipación de determinados resultados, y porque el lector que quiera seguirme, tendrá que decidirse a elevarse de lo singular a lo universal. Por el contrario, algunas sugerencias sobre la marcha de mis propios estudios político-económicos pueden tener su sitio aquí.
Mi especialidad era la jurisprudencia, a la que sin embargo me dediqué como disciplina subordinada junto a la filosofía y la historia. En los años 1842/43, como redactor de la Gaceta renana, me vi en el apuro de tener que meter baza sobre los llamados intereses materiales. Los debates del parlamento sobre el robo de leña y la parcelación de la propiedad de las fincas rústicas, la polémica oficial que el señor von Schaper, a la sazón presidente supremo de la provincia renana, entabló con la Gaceta renana, acerca de las condiciones de vida de los campesinos del Mosela, y, en fin, los debates sobre el librecambio y los aranceles aduaneros, me proporcionaron los primeros motivos para ocuparme de cuestiones filosóficas. Por otra parte, en esta época en la que la buena voluntad de «avanzar» se sobreponía a menudo al conocimiento especializado, era perceptible en la Gaceta renana un débil y descolorido eco filosófico del socialismo y del comunismo franceses. Me declaré contra esa chapucería, pero al mismo tiempo puntualicé, en una controversia con la Gaceta general de Ausburgo, que mis estudios anteriores no me autorizaban a aventurar juicio alguno acerca del contenido mismo de las tendencias francesas. Más bien me aproveché de la ilusión de los gerentes de la Gaceta renana, que creyeron poder retrasar la sentencia de muerte caída sobre ella mediante el tono más moderado de la publicación, para retirarme de la escena oficial a mi gabinete de estudio.



El primer trabajo, emprendido para despejar las dudas que me inquietaban, fue una revisión crítica de la filosofía del derecho hegeliana, un trabajo cuya introducción apareció en el Anuario franco-alemán. Mi investigación dio como resultado que tanto las relaciones jurídicas, como las formas de estado no pueden ser concebidas ni por sí mismas, ni por el llamado desarrollo universal del espíritu humano, sino que más bien se enraízan en las relaciones vitales materiales, a cuyo conjunto Hegel, según el procedimiento de los ingleses y franceses del siglo XVIII, comprendía bajo el nombre de "sociedad civil", pero que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política. La indagación de ésta última, que comencé en París, la proseguí en Bruselas, donde me había establecido cumpliendo una orden de destierro del señor Guizot. El resultado general que obtuve y que, una vez ganado, me sirvió de hilo conductor de mis estudios, puede ser formulado brevemente así: en la producción social de su vida los seres humanos entran en relaciones esenciales, determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, que se corresponden con un determinado nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones esenciales de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas sociales de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona en general el proceso de vida social, política y espiritual. No es la conciencia de los seres humanos lo que determina su ser, sino a la inversa, es su ser social lo que determina su conciencia. En un determinado nivel de su desarrollo las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción preexistentes, o con lo que no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad dentro de las que se habían movido hasta el momento. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones esenciales se convierten en cadenas de esas fuerzas. Entonces se abre una época de revolución social. Con el cambio del fundamento económico se subvierte, de modo más lento o más rápido, toda la descomunal superestructura. En la consideración de tales subversiones se debe distinguir entre la subversión material de las condiciones de producción económicas, constatable de modo científico-natural y exacto, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, ideológicas, en las que los seres humanos llegan a ser conscientes de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga lo que es un individuo por lo que él mismo se cree, tampoco se puede enjuiciar semejante época de subversión por su conciencia, sino que se debe explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida material, a partir de los conflictos preexistentes entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones esenciales de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas de modo suficientemente adecuado para ella, y las nuevas y más elevadas relaciones esenciales de producción no tienen cabida en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno de la vieja sociedad misma. Por eso la humanidad no se plantea nunca sino las tareas que puede resolver, pues considerado el asunto más de cerca siempre se verá que la tarea misma solo surge cuando las condiciones materiales para resolverla ya están presentes o, al menos, están concebidas en el proceso de su llegar a ser. Esbozados a grandes rasgos, los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno, pueden ser designados como otras tantas épocas progresivas de la formación social económica. Las relaciones esenciales de producción burguesa son la última forma antagónica del proceso de producción social, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino del que nace de las condiciones sociales de vida de los individuos; de manera que las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para la disolución de semejante antagonismo. Con esta formación social se cierra en consecuencia la prehistoria de la sociedad humana.



Friedrich Engels, con el que, desde la aparición de su genial esbozo de crítica de las categorías económicas en ellos Anales franco-alemanes , mantenía un permanente intercambio de ideas por correspondencia, había llegado por otro camino (compárese su Situación de la clase trabajadora en Inglaterra) al mismo resultado mío, y cuando él, en la primavera de 1845, recaló igualmente en Bruselas, decidimos elaborar en común la oposición de nuestra visión a la ideológica de la filosofía alemana, ajustar cuentas de hecho con nuestra anterior conciencia moral filosófica. Semejante propósito fue desarrollado en la forma de una crítica de la filosofía posthegeliana. El manuscrito, dos gruesos volúmenes en octavo, hacía largo tiempo que se encontraba en manos de su editor, en Westfalia, cuando recibimos la noticia de que un cambio en las circunstancias no permitía la impresión. Abandonamos el manuscrito a la roedora crítica de los ratones, tanto más conformes cuanto que habíamos alcanzado nuestro fin principal: la autoaclaración. De los trabajos dispersos, en los que de una u otra manera hemos sometido al público nuestros puntos de vista, mencionaré sólo el Manifiesto del partido comunista, elaborado en común por Engels y por mí, y un Discours sur le libre échange [Discurso sobre el libre cambio] publicado por mí. Los puntos de vista de nuestro modo de ver las cosas han sido indicados científicamente, aunque desde la perspectiva polémica, en mi escrito, editado en 1847, Miseria de la filosofta, dirigido contra Proudhon. Un tratado, escrito en alemán, sobre el Trabajo asalariado, que recopilaba mis conferencias impartidas en Bruselas a la Unión de trabajadores alemanes, fue interrumpido en la imprenta por la revolución de Febrero y mi consiguiente alejamiento forzado de Bélgica.
La edición de la Nueva gaceta renana en 1848-1849, y los acontecimientos que siguieron después interrumpieron mis estudios económicos, que no pude volver a retomar hasta el año 1850 en Londres. El descomunal material para la historia de la economía política, que está acumulado en el Museo Británico, el punto de vista ideal que supone Londres para la observación de la sociedad burguesa, y, en fm, el nuevo estadio de desarrollo que ésta parece alcanzar con el descubrimiento del oro ca1iforniano y australiano, me determinaron a empezar de nuevo por el principio, y a reelaborar de modo crítico el nuevo material. Estos estudios me condujeron a disciplinas en apariencia totalmente desligadas entre sí, en las que tuve que demorarme más o menos tiempo. Pero lo que redujo considerablemente el tiempo preceptivo fue la imperiosa necesidad de un trabajo remunerado. La colaboración, comenzada hacía ocho años, en el primer periódico anglo-norteamericano, el New York Tribune, ya que principalmente me ocupaba sólo de la corresponsalía propiamente dicha, hizo necesaria una extraordinaria dispersión de mis estudios. En la medida que los artículos redactados sobre los acontecimientos económicos sobrevenidos en Inglaterra y el Continente suponían una parte considerable de mis contribuciones, me fue preciso familiarizarme con detalles prácticos que caen fuera del dominio de la propia ciencia de la economía política.
Este esbozo sobre la marcha de mis estudios en el terreno de la economía política debe sólo demostrar que mis puntos de vista, sea cual sea el modo como se juzguen, y aunque coincidan poco con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el resultado de una concienzuda y larga investigación. Pero en el comienzo de la ciencia, como a la entrada del infierno, debe plantearse una exigencia:
Qui si convien lasciare ogni sospetto
Ogni viltá convien che Qui sia mona.
[Es bueno que el temor sea aquí dejado
y aquí la cobardía quede muerta] Parte Inicial Parte central Parte final CONTEXTO La Contribución a la crítica de la economía política, obra a la que pertenece este prólogo, fue publicada en 1.859 como una primera parte que iba a ser continuada. Suele considerársela como un precedente de su obra cumbre, El capital, ya que en ella desarrolla los fundamentos del análisis político y económico que desarrollaría en aquella. En este sentido todos los autores reconocen en la Contribución un enorme valor metodológico y su prólogo el extracto más claro de la tesis del materialismo histórico. Desde 1849 reside en Londres donde se tiene que exiliar por su apoyo a la revolución francesa de 1848.
Sigue al frente de la "Liga de los comunistas" para los que escribió el "Manifiesto comunista" En Inglaterra se dedica al estudio y al activismo revolucionario.
Se pone en contacto con las difíciles condiciones de vida de los obreros de la revolución industrial Jornada laboral de catorce horas o más
mala situación de la población más débil, (mujeres, ancianos y niños que también trabajan esa larga jornada sin descansos ni fiestas)
Obreros que pierden el empleo por enfermedad o accidentes,
Sin jubilación,
Con despido libre,
Con salarios que solo cubren la subsistencia mínima,
etc... Influencias
Positivismo
Liberalismo económico
Activismo sindical
Pensamiento revolucionario
Socialismo
Anarquismo
Comunismo Mi especialidad era la jurisprudencia, a la que sin embargo me dediqué como disciplina subordinada junto a la filosofía y la historia. En los años 1842/43, como redactor de la Gaceta renana, me vi en el apuro de tener que meter baza sobre los llamados intereses materiales. Los debates del parlamento sobre el robo de leña y la parcelación de la propiedad de las fincas rústicas, la polémica oficial que el señor von Schaper, a la sazón presidente supremo de la provincia renana, entabló con la Gaceta renana, acerca de las condiciones de vida de los campesinos del Mosela, y, en fin, los debates sobre el librecambio y los aranceles aduaneros, me proporcionaron los primeros motivos para ocuparme de cuestiones filosóficas. Por otra parte, en esta época en la que la buena voluntad de «avanzar» se sobreponía a menudo al conocimiento especializado, era perceptible en la Gaceta renana un débil y descolorido eco filosófico del socialismo y del comunismo franceses. Me declaré contra esa chapucería, pero al mismo tiempo puntualicé, en una controversia con la Gaceta general de Ausburgo, que mis estudios anteriores no me autorizaban a aventurar juicio alguno acerca del contenido mismo de las tendencias francesas. Más bien me aproveché de la ilusión de los gerentes de la Gaceta renana, que creyeron poder retrasar la sentencia de muerte caída sobre ella mediante el tono más moderado de la publicación, para retirarme de la escena oficial a mi gabinete de estudio. Suprimo una introducción general que había esbozado, porque me parece desconcertante, tras pensármelo bien, esa anticipación de determinados resultados, y porque el lector que quiera seguirme, tendrá que decidirse a elevarse de lo singular a lo universal. Por el contrario, algunas sugerencias sobre la marcha de mis propios estudios político-económicos pueden tener su sitio aquí. Considero el sistema de la economía burguesa en este orden: capital, propiedad de los bienes raíces, trabajo asalariado, estado, mercado internacional. Bajo las tres primeras rúbricas investigo las condiciones de vida económicas de las tres grandes clases en las que se descompone la moderna sociedad burguesa; la conexión de las otras tres rúbricas salta a la vista. La primera sección del libro primero, que trata del capital, consta de los siguientes capítulos: 1. la mercancía; 2. el dinero o la circulación simple; 3. el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido del presente cuaderno. Tengo a la vista el conjunto del material en forma de monografías, que distan unas de otras largos períodos, para mi propia autocomprensión y no para la imprenta, y cuya elaboración sucesiva dependerá, según el plan previsto, de las circunstancias externas. Exposición de las partes de que consta la "Contribución" Explicación de la retirada de una introducción anterior Mención a los trabajos anteriores en que se distancia del comunismo francés PARTE INICIAL El primer trabajo, emprendido para despejar las dudas que me inquietaban, fue una revisión crítica de la filosofía del derecho hegeliana, un trabajo cuya introducción apareció en el Anuario franco-alemán. Mi investigación dio como resultado que tanto las relaciones jurídicas, como las formas de estado no pueden ser concebidas ni por sí mismas, ni por el llamado desarrollo universal del espíritu humano, sino que más bien se enraízan en las relaciones vitales materiales, a cuyo conjunto Hegel, según el procedimiento de los ingleses y franceses del siglo XVIII, comprendía bajo el nombre de "sociedad civil", pero que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política. La indagación de ésta última, que comencé en París, la proseguí en Bruselas, donde me había establecido cumpliendo una orden de destierro del señor Guizot. El resultado general que obtuve y que, una vez ganado, me sirvió de hilo conductor de mis estudios, puede ser formulado brevemente así: en la producción social de su vida los seres humanos entran en relaciones esenciales, determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, que se corresponden con un determinado nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones esenciales de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas sociales de conciencia. Esbozados a grandes rasgos, los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno, pueden ser designados como otras tantas épocas progresivas de la formación social económica. Las relaciones esenciales de producción burguesa son la última forma antagónica del proceso de producción social, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino del que nace de las condiciones sociales de vida de los individuos; de manera que las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para la disolución de semejante antagonismo. Con esta formación social se cierra en consecuencia la prehistoria de la sociedad humana. El modo de producción de la vida material condiciona en general el proceso de vida social, política y espiritual. No es la conciencia de los seres humanos lo que determina su ser, sino a la inversa, es su ser social lo que determina su conciencia. En un determinado nivel de su desarrollo las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción preexistentes, o con lo que no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad dentro de las que se habían movido hasta el momento. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones esenciales se convierten en cadenas de esas fuerzas. Entonces se abre una época de revolución social. Con el cambio del fundamento económico se subvierte, de modo más lento o más rápido, toda la descomunal superestructura. En la consideración de tales subversiones se debe distinguir entre la subversión material de las condiciones de producción económicas, constatable de modo científico-natural y exacto, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, ideológicas, en las que los seres humanos llegan a ser conscientes de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga lo que es un individuo por lo que él mismo se cree, tampoco se puede enjuiciar semejante época de subversión por su conciencia, sino que se debe explicar esta conciencia a partir de las contradicciones de la vida material, a partir de los conflictos preexistentes entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones esenciales de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas de modo suficientemente adecuado para ella, y las nuevas y más elevadas relaciones esenciales de producción no tienen cabida en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno de la vieja sociedad misma. Por eso la humanidad no se plantea nunca sino las tareas que puede resolver, pues considerado el asunto más de cerca siempre se verá que la tarea misma solo surge cuando las condiciones materiales para resolverla ya están presentes o, al menos, están concebidas en el proceso de su llegar a ser. MATERIALISMO: INFRAESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA Materialismo: la sociedad civil es consecuencia de la economía MATERIALISMO HISTÓRICO:
Los cambios productivos dan lugar a cambios sociales.
La revolución como cambio inevitable MATERIALISMO HISTÓRICO:
Los cambios económicos dan lugar a cambios en la superestructura
La conciencia / ideología es consecuencia de la dialéctica (conflicto) entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción MATERIALISMO HISTÓRICO:
Hay una lógica en la evolución histórica basada en la dialéctica interna de la sociedad
Sólo cuando la infraestructura está desarrollada son posibles los cambios históricos Cambios históricos.
Todas las sociedades llevan en germen la posibilidad de su superación
En el caso del capitalismo burgues es el deseo de beneficio (plusvalía) lo que crea
La propiedad privad de los medios de producción
La necesidad constante de producción
El empobrecimiento de la población
Tras la revolución comunista el ser humano se disuelven las contradicciones Parte central Friedrich Engels, con el que, desde la aparición de su genial esbozo de crítica de las categorías económicas en ellos Anales franco-alemanes , mantenía un permanente intercambio de ideas por correspondencia, había llegado por otro camino (compárese su Situación de la clase trabajadora en Inglaterra) al mismo resultado mío, y cuando él, en la primavera de 1845, recaló igualmente en Bruselas, decidimos elaborar en común la oposición de nuestra visión a la ideológica de la filosofía alemana, ajustar cuentas de hecho con nuestra anterior conciencia moral filosófica. Semejante propósito fue desarrollado en la forma de una crítica de la filosofía posthegeliana. El manuscrito, dos gruesos volúmenes en octavo, hacía largo tiempo que se encontraba en manos de su editor, en Westfalia, cuando recibimos la noticia de que un cambio en las circunstancias no permitía la impresión. Abandonamos el manuscrito a la roedora crítica de los ratones, tanto más conformes cuanto que habíamos alcanzado nuestro fin principal: la autoaclaración. De los trabajos dispersos, en los que de una u otra manera hemos sometido al público nuestros puntos de vista, mencionaré sólo el Manifiesto del partido comunista, elaborado en común por Engels y por mí, y un Discours sur le libre échange [Discurso sobre el libre cambio] publicado por mí. Los puntos de vista de nuestro modo de ver las cosas han sido indicados científicamente, aunque desde la perspectiva polémica, en mi escrito, editado en 1847, Miseria de la filosofía, dirigido contra Proudhon. Un tratado, escrito en alemán, sobre el Trabajo asalariado, que recopilaba mis conferencias impartidas en Bruselas a la Unión de trabajadores alemanes, fue interrumpido en la imprenta por la revolución de Febrero y mi consiguiente alejamiento forzado de Bélgica. La edición de la Nueva gaceta renana en 1848-1849, y los acontecimientos que siguieron después interrumpieron mis estudios económicos, que no pude volver a retomar hasta el año 1850 en Londres. El descomunal material para la historia de la economía política, que está acumulado en el Museo Británico, el punto de vista ideal que supone Londres para la observación de la sociedad burguesa, y, en fm, el nuevo estadio de desarrollo que ésta parece alcanzar con el descubrimiento del oro ca1iforniano y australiano, me determinaron a empezar de nuevo por el principio, y a reelaborar de modo crítico el nuevo material. Estos estudios me condujeron a disciplinas en apariencia totalmente desligadas entre sí, en las que tuve que demorarme más o menos tiempo. Pero lo que redujo considerablemente el tiempo preceptivo fue la imperiosa necesidad de un trabajo remunerado. La colaboración, comenzada hacía ocho años, en el primer periódico anglo-norteamericano, el New York Tribune, ya que principalmente me ocupaba sólo de la corresponsalía propiamente dicha, hizo necesaria una extraordinaria dispersión de mis estudios. En la medida que los artículos redactados sobre los acontecimientos económicos sobrevenidos en Inglaterra y el Continente suponían una parte considerable de mis contribuciones, me fue preciso familiarizarme con detalles prácticos que caen fuera del dominio de la propia ciencia de la economía política. Este esbozo sobre la marcha de mis estudios en el terreno de la economía política debe sólo demostrar que mis puntos de vista, sea cual sea el modo como se juzguen, y aunque coincidan poco con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el resultado de una concienzuda y larga investigación. Pero en el comienzo de la ciencia, como a la entrada del infierno, debe plantearse una exigencia:
Qui si convien lasciare ogni sospetto
Ogni viltá convien che Qui sia mona.
[Es bueno que el temor sea aquí dejado
y aquí la cobardía quede muerta] Apuntes biográficos sobre el desarrollo de la obra La colaboración con Engels Intención científica de la obra que exige ser valiente y no ceder ante la cobardía Parte final
Full transcript