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La narrativa española del siglo XX hasta 1939

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José Vázquez Martínez

on 13 November 2017

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La narrativa española del siglo XX hasta 1939
El periodo que estudiamos abarca fundamentalmente tres etapas o generaciones principales
Modernismo y Generación del 98
Novecentismo y Vanguardias
La novela de la Generación del 27
Miguel de Unamuno
Ramón Mª del Valle-Inclán
Pío Baroja
José Martínez Ruiz "Azorín"
Ramón Gómez de la Serna
Wenceslao Fernández Flórez
Gabriel Miró
Ramón Pérez de Ayala
Ramón J. Sender
Max Aub
Rosa Chacel
Francisco Ayala
La novela a principios del siglo XX
Pervivencias de la narrativa realista
Además de los jóvenes modernistas, durante los primeros 20 años del siglo se mantiene vigente la narrativa realista, bien de autores consagrados (muy criticados y menospreciados por los modernistas), bien de sus continuadores más jóvenes.

Supervivientes del realismo decimonónico
Benito Pérez Galdós
(1843-1920)
Anciano, ciego, en la pobreza y ridiculizado por los modernistas (que lo apodaron el "Garbancero"), publica en estos años, en parte obligado por su situación económica, varios episodios nacionales, algunas novelas (
Casandra
,
El caballero encantado
) y estrena varias obras de teatro.
Emilia Pardo Bazán
(1853-1921)
En estos años publica gran parte de su amplísima obra (narrativa, crítica, libros de viajes, etc.), y buena parte de ella quedará inédita durante décadas. En la narrativa destacan novelas como
La quimera
,
La sirena negra
y numerosas novelas cortas.
Armando Palacio Valdés
(1853-1938)
Uno de los novelistas españoles de la época más traducido y leído en el extranjero, destaca por su costumbrismo, nostálgico y contrario al progreso, y el retrato de sus personajes, especialmente de los femeninos. De este periodo, entre la docena larga que escribió, destacamos las novelas
La aldea perdida
,
Los papeles del doctor Angélico
o
La novela de un novelista.
Continuadores del realismo
Pertenecientes a la misma generación que los modernistas, estos jóvenes se orientaron por caminos muy distintos, más próximos a los de la generación anterior, aunque introduciendo algunas novedades temáticas y técnicas
Vicente Blasco Ibáñez
(1867-1928)
Considerado el novelista español más cercano al naturalismo, especialmente en sus novelas de ambientación valenciana (
La barraca
,
Cañas y barro
,
Entre naranjos
), obtuvo gran éxito mundial con otras novelas como
Sangre y arena
y
Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Felipe Trigo
(1864-1916)
Incluido habitualmente en la tendencia de la "novela erótica", etiqueta muy engañosa hoy en día, destaca por su ideología progresista y la inclusión de la denuncia social en algunas de sus novelas como
El médico rural
y la más famosa
Jarrapellejos.
Son muchos los autores de tendencia realista con cierto éxito en la época y hoy prácticamente olvidados:
Eduardo Zamacois
,
Alberto Insúa
,
Ciro Bayo
,
Eugenio Noel
...
Introducción
Al contrario que en Hispanoamérica, los autores españoles más característicos del modernismo canónico, centrados en la lírica y, en mucho menor medida, en el teatro, apenas dedican atención a la narrativa, con pocas excepciones, como algunos cuentos de Juan Ramón Jiménez y algunas novelas cortas de Francisco Villaespesa. Por esta razón, lo más destacado de la narrativa de esta generación suele considerarse adscrita al grupo conocido como
Grupo
o
Generación del 98
, en el que incluimos al "hijo pródigo" Valle-Inclán.
Aunque no renuncian al teatro (Valle-Inclán, Unamuno) ni a la poesía (Machado, Unamuno), el 98 encuentra el medio idóneo de expresión de sus inquietudes en la novela y el ensayo. Ambos géneros se complementan y alternan en la obra de Unamuno y llegan a confundirse en Azorín.
Características generales
Estructura abierta y pérdida de importancia de la trama:
Frente a la estructura cerrada del realismo (organizada casi siempre en presentación, nudo y desenlace), el argumento se diluye generalmente en una serie de estampas o episodios que abarcan un periodo más o menos largo de la vida de los personajes. A menudo hay más contemplación que acción, y apenas se producen hechos relevantes en la historia, o bien quedan desdibujados entre un sinfín de pequeños incidentes aparentemente intrascendentes.
Subjetivismo y antirrealismo:
la nueva novela no busca el reflejo fiel de la realidad, sino la vivencia que los personajes tienen de esa realidad. El mundo interno del personaje interesa más que la realidad social externa, y a menudo ambos mundos entran en conflicto. En esta expresión de la subjetividad son muy relevantes
el papel del narrador
, que desvela u oculta a voluntad los pensamientos o emociones de los personajes, y
el uso del diálogo
, que permite que estos se expresen directamente. El mismo sentido tiene la frecuente
indeterminación espacial y temporal
. El tiempo es subjetivo, los lugares, aunque reconocibles, quedan indeterminados y el paisaje adquiere valor simbólico
Temática
: Los temas claramente dominantes en la novelística del 98 son las dos preocupaciones que caracterizan a todo el grupo:
El problema de España:
la crítica de la situación social y cultural, la visión crítica de la historia, la búsqueda de la esencia española...
La angustia existencial:
conflictos religiosos, el miedo a la muerte y el deseo de eternidad, la búsqueda del sentido de la vida, la búsqueda de la propia identidad...
Estos dos temas generales aparecen habitualmente juntos, aunque pueda predominar uno u otro. Lo existencial predomina, por ejmplo en la narrativa de Unamuno (que trata el tema de España en sus ensayos). Los personajes de Baroja viven intensamente ambas crisis, la social y la existencial.
Los personajes
protagonistas son muy distintos del héroe novelesco tradicional. Abundan los personajes desorientados, atormentados, atrapados entre la abulia, producto de las dudas y de la frustración (Andrés Hurtado), y la necesidad de acción, a veces frenética, que dé sentido, o apariencia de sentido, a la vida (Shanti Andía; ambos personajes citados pertenecen a novelas de Baroja).
Abundan también los personajes secundarios, en general vagamente retratados, de escasa profundidad sicológica, más representantes de ideas o tipos sociales que auténticas personas.
Ruptura de los moldes del género novelístico:
la novela, como será habitual durante todo el siglo XX, se convierte en un género cambiante, adaptable, multiforme, capaz de aceptar cualquier forma de expresión y de adaptarse a cualquier necesidad. De esta manera, los límites entre los distintos géneros se difuminan. Se produce frecuentemente la paradoja de novelas "que no cuentan nada", con una acción mínima, donde predominan la expresión lírica subjetiva o la reflexión filosófica, hilvanadas sólo por la experiencia vital del personaje, que a menudo resultan ser vidas "detenidas", en suspenso.
Como ejemplo característico, se ha calificado como novelas-ensayo a muchas obras de Azorín (
La voluntad
,
Confesiones de un pequeño filósofo
), mezcla de contemplación lírica y reflexión filosófica, fragmentadas en pequeñas escenas congeladas en el tiempo, visiones estáticas fragmentarias de momentos de una vida con bastantes detalles autobiográficos de su autor. También podríamos citar la creación por Unamuno de la "nivola", género a su entender más adecuado que la novela para reflejar el absurdo de la vida actual.
Principales autores
Miguel de Unamuno
(1864-1936)
Pío Baroja
(1872-1956)
José Martínez Ruiz "Azorín"
(1873-1967)
Ramón Mª del Valle-Inclán
(1866-1936)
Introducción
El novecentismo o Generación del 14 es la primera generación de autores nacidos durante la Restauración, que llegan a la edad adulta al empezar el siglo y comienzan a destacar hacia 1910-1915 (algunos son mucho más precoces). Pertenecían casi todos ellos a una burguesía acomodada y contaban con una formación universitaria. Más intelectuales, por tanto, que sus antecesores, conservan su espíritu crítico regeneracionista sobre los problemas de la sociedad española, pero los acusan, sobre todo al 98, de ver sólo los problemas, pero no proponer ni emprender soluciones.
La figura enorme de Ortega y Gasset hace que las ideas por él expuestas en sus ensayos hayan sido aceptadas casi sin discusión como ideas generacionales comunes, tanto en lo social como respecto al arte. Salvo algunas individualidades inclasificables como Juan Ramón Jiménez, los autores más representativos de esta generación, e incluso los del 27, tratarán de llevar esas ideas de Ortega a la práctica en todos los géneros literarios, y la novela no es una excepción. Por eso, las características que exponemos a continuación son más bien las ideas de la época que luego cada autor llevará por caminos muy distintos.
Características generales
Europeísmo, modernidad, confianza en el progreso:
rechazan todo lo decimonónico, tradicional, folclórico, y sienten entusiasmo por todo lo novedoso en tecnología, ciencia, arte o costumbres. Los personajes son refinados, cosmopolitas y urbanos. Aunque el tema de España sigue siendo importante en el ensayo, prácticamente desaparece como tema de la novela. Los lugares y personajes son españoles, pero carecen de rasgos que los identifiquen como tales. El casticismo queda reducido a un recurso humorístico.
Ideal de arte elitista,
antipopular, sólo para minorías selectas capaces de entenderlo, las mismas minorías que han de regir a las masas incultas. Se trata de un arte intelectual. El arte es sobre todo placer estético, pero debe ser un placer inteligente.
Rechazo de cualquier concepción utilitaria de arte
, incluida cualquier pretensión ideológica, social o cualquier otra. Aspiran al
ideal de "arte puro"
, exclusivamente creado para el goce estético.
Aspiración a un arte deshumanizado
, antirro-mántico, libre de todo sentimentalismo y emoción humana. En la novela, el "argumento humano", la anécdota personal, la realidad social son secundarios frente a la creación imaginativa e intelectual. La acción, las vivencias de los personajes son a veces poco más que la excusa para una trama ingeniosa, un lenguaje refinado, un desenlace sorprendente, una ironía elegante...
La influencia de las vanguardias:
muy pocos autores españoles se adscribieron a alguna vanguardia concreta en exclusiva, pero todos ellos las conocieron y asimilaron elementos de todas ellas. En la narrativa (tanto en el cuento como en la novela) de numerosos autores encontramos, a menudo combinadas influencias impresionistas, cubistas, expresionistas, futuristas, surrealistas...
Tendencias
: como en la época anterior, también durante los años 20 y 30 se produce una coincidencia cronológica de varias corrientes novelísticas. Destacaremos fundamentalmente tres: los autores noventayochistas que siguen en activo (Baroja, Azorín, Unamuno...); los autores jóvenes que, oponiéndose a las ideas de Ortega, siguen modelos más cercanos al realismo tradicional; y los autores que buscan la renovación de la novela intentando llevas a la práctica las ideas novecentistas anteriormente expuestas. Ya hemos hablado de los primeros, así que nos centraremos en las otras dos tendencias:
Entre los
continuadores del realismo tradicional
podemos citar autores como Ricardo León, conservador en fondo y forma, defensor de los valores del pasado (
Casta de hidalgos)
; o el costumbrismo de Pérez Lugín (
La casa de la Troya
). Quizás entre todos destaque
Concha Espina
, a la que dedicamos un recuadro más abajo.
Los autores que buscan una
renovación del género
, buscan la superación del realismo y comparten en general las ideas de Ortega, pero las llevarán a la práctica por caminos muy distintos: el lirismo impresionista de
Gabriel Miró
, el intelectualismo de
Pérez de Ayala
, el experimentalismo de
Benjamín Jarnés
, el humorismo de
Fernández Flórez
, o el humor y el vanguardismo de
Gómez de la Serna.
Principales autores
Ramón Gómez de la Serna
(1888-1962)
Gabriel Miró
(1879-1930)
Ramón Perez de Ayala
(1880-1962)
Benjamín Jarnés
(1888-1949)
Wenceslao Fernández Flórez
(1885-1964)
Concha Espina
(1879-1955)
Introducción
Cuando pensamos en "Generación del 27" inmediatamente pensamos en el grupo de poetas geniales (García Lorca, Cernuda, Aleixandre, Alberti, Salinas, Guillén...) que ha pasado a la historia precisamente con ese nombre de
Generación o Grupo del 27
. EL prestigio de estos poetas ha eclipsado a todos sus contemporáneos, hasta tal punto que parecería que no existió en ese momento más literatura que "la poesía del 27". Otra circunstancia decisiva fue el estallido de la Guerra Civil, que cortó sus carreras casi en sus inicios. Tras la Guerra, los supervivientes se vieron mayoritariamente forzados al exilio, por lo que su producción posterior se dio a conocer muy tardíamente en España. De este modo, aunque algunos de ellos llegaron a ser muy conocidos y muy valorados, resulta difícil pensar en ellos como contemporáneos de los mencionados "poetas del 27". Hemos de advertir también que la obra de esta
otra generación del 27
sólo parcialmente pertenece a la época estudiada, por lo que sólo nos detendremos en sus primeras publicaciones y mencionaremos muy sucintamente su evlución posterior.
Principales tendencias
En conjunto, aunque con excepciones, estos novelistas siguen una evolución paralela a la de sus contemporáneos poetas, y que el crítico Víctor Fuentes describe como el paso "de la literatura de vanguardia a la de avanzada"; es decir el paso del optimismo y la experimentación vanguardista a la concienciación social. Distinguimos por tanto dos etapas:
Las primeras novelas de muchos de estos autores siguen la línea de
novela deshumanizada
ya vista, como
Cazador en el alba
de
Francisco Ayala
, o
Estación, ida y vuelta
de
Rosa Chacel
(ambas de 1930). Algunos autores unen ya la crítica social a la experimentación vanguardista, como
José Díaz Fernández
(
La Venus mecánica
, 1929); o
Andrés Carranque de Ríos
(
Cinematógrafo
), que intenta superar el relato realista mediante la técnica del montaje cinematográfico.
A medida que avanza la década de los 30, y se desarrollan graves acontecimientos nacionales e internacionales, toda la literatura tiende a rehumanizarse. Aunque sin abandonar del todo las técnicas vanguardistas, se produce una vuelta generalizada a un realismo desnudo, cercano a veces al reportaje, cuya temática mayoritaria es la denuncia social: las luchas obreras, la corrupción de las clases gobernantes, el conformismo burgués, el atraso rural, etc. Aparte de las obras de
Ramón J. Sender
, que veremos más adelante, citaremos
La turbina
(1930) de
César M. Arconada
,
Campesinos
(1931) de
Joaquín Arderius
o
El último pirata del Mediterráneo
(1934) de
Manuel D. Benavides
.
Principales autores
Ramón J. Sender
(1901-1982)
Rosa Chacel
(1898-1994)
Francisco Ayala
(1906-2009)
Max Aub
(1903-1972)
Unamuno proyecta en sus novelas (y en toda su obra) su conflictivo pensamiento existencial.
Sus novelas están escritas con una «lengua seca, precisa, rápida» (explica él mismo), un estilo ágil. Son características la escasa acción y la escasez de referencias concretas de espacio y tiempo, porque lo que importa es la realidad interior de los personajes, sus conflictos íntimos, expresados mediante abundantes diálogos cargados de ideas y de monólogos interiores. Tiende a desdibujar los límites entre realidad y ficción.
Comienza su producción novelística con
Paz en la guerra
(1897, intrahistoria sobre la última guerra carlista).
Amor y pedagogía
(1902) es ya una novela de ideas, en la que satiriza los excesos de una educación demasiado racionalista. Da el paso a la nivola con
Niebla
(1914), donde autor y personaje disputan por su ser y su existencia, en una analogía de la relación entre Dios y el hombre. Siguen
Abel Sánchez
(1917, sobre el cainismo),
La tía Tula
(1921, La maternidad frustrada) y culmina con
San Manuel Bueno, mártir
(1931), su mejor novela, donde expone el conflicto entre verdad trágica («La razón» que nos hace consciente de nuestra muerte) y felicidad ilusoria («la fe» que nos consuela), optando por esta.
Ya se ha mencionado la mezcla de géneros entre ensayo y novela en las obras más características de Azorín. Sus novelas apenas tienen acción, en favor del discurso contemplativo y reflexivo (también se las ha llamado "novelas poemáticas). Incluso los temas son los mismos: la melancolía por el paso del tiempo y la búsqueda de algo permanente en la fugacidad de ese tiempo.
Su estilo es preciso, con frases concisas, de gran riqueza léxica, muy impresionista y atento al detalle, teñido de un lirismo melancólico. Sus novelas con más repercusión fueron las primeras:
La voluntad
(1902),
Antonio Azorín
(1903) y
Confesiones de un pequeño filósofo
(1904). Son estampas fragmentarias, con escasa acción, basadas en las sensaciones y reflexiones del protagonista (Azorín, personaje muy autobiográfico, del que toma su seudónimo). Su narrativa posterior reflexiona sobre mitos literarios (
Don Juan
, 1922;
Doña Inés
, 1925) o experimenta las vanguardias (
El caballero inactual
, 1928) para terminar con novelas tradicionales como la novela rosa
María Fontán
(1943).
A medio camino entre el 98 y el modernismo, cultivó una narrativa poco convencional, en la que evoluciona desde la prosa rítmica y de ambientación modernista y decadente melancolía de
Femeninas
o
Jardín umbrío
(sus primeros libros de relatos). Su obra cumbre de este periodo son las
Sonatas
(1902-1905), tetralogía protagonizada por el marqués de Bradomín, "un don juan feo, católico y sentimental".
Su narrativa posterior siguió caminos paralelos a su producción teatral, entre lo histórico y lo legendario como en
Flor de santidad
(1904) o su serie inacabada
La guerra carlista
(proyectados cinco tomos, pero se quedó en trilogía). Más tarde publicó
Tirano Banderas
, una de las primeras "novelas de dictador", quizás la mejor de un autor español. Muy cercana a su teoría del esperpento es la serie
El ruedo Ibérico
, otro proyecto inacabado, ya que había previsto tres trilogías y sólo llegó terminar la primera, visión tragicómica del reinado de Isabel II.
Característica de toda su obra, tanto narrativa como teatral es la mezcla inseparable de lo real y lo imaginario, lo histórico y lo legendario, lo grotesco y cruel con lo sublime.
Quizás el mejor novelista de su generación, aunque su obra es tan prolífica como irregular. Vierte en sus novelas su pesimismo ─influido por Schopenhauer— y su visión negativa del hombre y de una sociedad donde solo sobreviven los más fuertes. La novela, como la vida, progresa sin argumento definido ni estructura fijada. Por eso, sus novelas tienen estructura abierta, como una sucesión de escenas o episodios sueltos, hilvanados por la trayectoria del protagonista, donde se suceden ciudades, ambientes, situaciones y personajes muy variados.
No le interesa la realidad objetiva, sino la repercusión de la realidad en la conciencia (sensaciones, reflexiones). Se preocupa más de la intrahistoria: los pequeños hechos como causas de los grandes acontecimientos.Personajes y narrador perciben al hombre y la sociedad desde un pesimismo existencial. Baroja introduce a menudo vivencias autobiográficas.
El estilo barojiano, aunque tildado de descuidado, es en realidad muy personal, contrario a la retórica decimonónica, muy vivo, natural y dinámico. Narra con «precisión, claridad y rapidez» (dice él), con frases cortas, párrafos más bien breves.
Solía agrupar en trilogías su numerosa producción novelística. Él mismo distinguió dos etapas: hasta 1914, periodo de sus mejores novelas:
Camino de perfección
(1902),
La busca
(1904),
El árbol de la ciencia
(1911). A partir de 1914 pierde energía creativa, se vuelve más repetitivo; domina la novela histórica y de aventuras (
Memorias de un hombre de acción
).
Benjamín Jarnés es el gran exponente de la novela deshumanizada (en la línea de las ideas de Ortega) y, en cierto sentido, el que intentó vías de experimentación similares a las que en Europa emprendían grandes renovadores como James Joyce o Marcel Proust.
Sus novelas tienen muy poca acción y mucha reflexión intelectual y lírica, como en
El profesor inútil
(1926, ampliada en 1934), donde sostiene que solo el amor, el arte y el mito permiten al hombre superar «el aislamiento y la enajenación en que se encuentra».
Locura y muerte de Nadie
(1929) refleja el drama del hombre que ve diluida su identidad en medio de la automatizada y alienante sociedad de masas. En
Lo rojo y lo azul
(1932, el título es homenaje a
El Rojo y el Negro
, de Sthendal), se entremezcla lo autobiográfico, lo lírico y la crítica social en torno a una fallida rebelión para impedir el envío de reclutas a la guerra de África.
Fernández Flórez representa la novela humorística, a menudo menospreciada por la crítica española. Esto, unido a la aparente ligereza e intrascendencia de sus novelas, hace que este autor haya sido también generalmente minusvalorado. En sus comienzos combina sentimentalismo e ironía, como en
Volvoreta
(1917), en la que un adolescente descubre el sentido biológico del amor en brazos de una mujer madura.
Más adelante, su sátira se vuelve más intelectual y corrosiva, como en
El secreto de Barba Azul
(1923), relato utópico pesimista sobre la búsqueda del secreto de la vida (para descubrir que no hay secreto alguno). El mismo tono corrosivo se advierte en
Los que no fuimos a la guerra
(1930) o
El hombre que compró un automóvil
(1932)
Muy distinto será
El bosque animado
(1943), su obra más conocida, en la que la nostalgia y la fantasía se imponen sobre el humorismo, que tampoco falta. Es una novela sin argumento, formada por breves relatos semi-independientes, que destaca por el lirismo con que refleja la vida en la fraga (bosque gallego) tanto de los seres humanos, como los árboles, los animales o los fantasmas.
Representa la novela lírica, novela de sensibilidad y sensaciones: una hermosísima prosa casi poética, de gran belleza formal y lirismo depurado, de rico y preciso léxico, que desarrolla una escasa acción y da preferencia a las descripciones, sugeridoras de las sensaciones (luz, colores, olores, sabores, sonidos...), ambientes y paisajes de su tierra alicantina.
Entre sus novelas, en una primera etapa, destaca
Las cerezas del cementerio
(1910), historia decadente de amor y muerte en un Levante impresionista lleno de luz y sensualidad. En una etapa posterior, más critica con la realidad, publicará sus probablemente dos mejores novelas:
Nuestro padre san Daniel
(1921) y
El obispo leproso
(1926), ambas situadas en Oleza (trasunto de Orihuela), donde narra cómo una sociedad asfixiante ahoga las ansias vitales de quienes aspiran a la felicidad.
Es un maestro del relato breve, y de estampas descriptivas y viajeras, como queda de manifiesto en
El libro de Sigüenza
(1917) y
Años y leguas
(1928), protagonizados por Sigüenza un alter ego del autor.

Se inició como poeta modernista (
La paz del sendero
, 1913), pero es el gran representante de la compleja novela intelectual, que experimenta con su estructura, con el punto de vista narrativo, y las ideas se expresan desde un perspectivismo lleno de ironía, con la técnica del contrapunto (acciones o ideas simultáneas y antitéticas que permiten captar un sentido global), con un estilo rico y un léxico capaz de aunar lo popular y lo culto. Dentro de su obra distinguimos tres etapas:
Novelas autobiográficas de su infancia y juventud.
Tetralogía protagonizada por Alberto Díaz de Guzmán, trasunto del autor, que refleja una crisis de conciencia propia del 98:
Tinieblas en las cumbres
(1907);
A. M. D. G
. (1910, siglas de
Ad Maiorern Dei Gloriam
, lema de los jesuitas, con los que se educó el autor);
La pata de la raposa
(1912); y
Troteras y danzaderas
(1913).
«Novelas poemáticas de la vida española»
, volumen de 1916, formado por la trilogía
Prometeo
,
Luz de domingo
y
La caída de los Limones.
Lo autobiográfico da paso a la expresión de ideas sociales críticas y de los problemas de España.
Novelas de temas universales
, de tono ensayístico, con escasa acción y personajes que encarnan actitudes vitales e ideas opuestas, desde un perspectivismo que bifurca la visión de la realidad, como en Belarmino y Apolonio, 1921. Otro ejemplo de la técnica del contrapunto lo encontramos en
El curandero de su honra
, continuación de
Tigre Juan
(ambas de 1926).

Si incluimos aquí a Gómez de la Serna, no es sólo por su producción novelística, género en el que muchos de los demás autores citados lo superan, sino sobre todo por su influencia que se hace notar durante todo el periodo y se extiende a todos los géneros. Su mayor aportación literaria es la greguería, que él define "metáfora+humor": imágenes sorprendentes que muestran un aspecto inesperado de la realidad, a veces absurdo, a veces inquietante, a veces simplemente gracioso. El mismo planteamiento de la greguería encontramos en toda su obra, desde el ensayo al teatro y, por supuesto, en su novela
En sus novelas (líricas, sorprendentes), la caracterización de personajes y la narración de hechos ceden el protagonismo a la visión humorística de situaciones, retazos vitales muchas veces aislados, que difícilmente hilvanan una trama. La realidad se disgrega y se pone al servicio de una nueva realidad puramente verbal. De sus primeros relatos destaca
El doctor inverosímil
(1921), sobre un médico que resuelve casos desesperados y oscuros. Sus mejores novelas son
El secreto del acueducto
, 1922 (historia erótica y esotérica);
El chalet de las rosas
, 1923 (versión del seductor que mata a sus amantes para quedarse con su dinero); y
El torero Caracho
(1926), la fiesta de los toros en versión vanguardista.
Hoy prácticamente olvidada, pero muy popular en su momento, hasta el punto de ser candidata al Nobel varios años (en una ocasión lo perdió por un solo voto). Fue autora muy prolífica, aunque poco original y de muy desigual calidad.
A su primera novela de éxito,
La niña de Luzmela
(1909), siguieron otras de más calidad:
La esfinge maragata
(1914), donde reconstruye el mundo rural leonés a partir de la vida insatisfecha de la protagonista;
El metal de los muertos
(1920), su mejor obra, en la que describe una huelga minera en la zona de Riotinto; y
Altar mayor
(1926), de tema asturiano. Desde el principio de la Guerra Civil defendió la causa franquista en novelas como
Retaguardia
(1937). Sus intentos posteriores de volver a la fórmula novelística de su primera época demostraron que temas y técnicas estaban ya superados (
Alma silvestre
, 1944;
Aurora de España
, 1955).
Su primera novela,
Imán
(1930), narra la tragedia de la guerra de Marruecos, desde la perspectiva de un campesino de familia miserable. Modelo de impersonalidad narrativa, esta novela supone un avance hacia la incipiente "literatura proletaria".
Su apego al anarquismo se refleja claramente en la trilogía
Los términos del presagio
, formada por
Orden Público
(1931), el reportaje periodístico
Viaje a la aldea del crimen
(1933) y
La noche de las cien cabezas
(1934). La misma tendencia se advierte en
Siete domingos rojos
(1932, reescrita en 1974 con el título
Las tres sorores
), sobre el fracaso de una sublevación anarquista en Madrid.
Mr Witt en el Cantón
(1935), es una sólida novela histórica sobre la insurrección cantonal de Cartagena de 1873.
Contraataque
(1938) es una novela-reportaje sobre la Guerra Civil.
El lugar del hombre
(1939), una de sus mejores obras, trata problemas éticos y sociales.
Forzado al exilio en 1938, el resto de su carrera se desarrollaría entre México y Estados Unidos
Enormemente precoz, tanto en sus estudios como en su carrera literaria, antes de cumplir los 17 años comenzó a publicar en prensa numerosos artículos periodísticos y relatos cortos. A los 19 publica su primera novela,
Tragicomedia de un hombre sin espíritu
(1925), y la segunda,
Historia de un amanece
r, al año siguiente. Ambas siguen un realismo tradicional y resultan algo inmaduras.
Tras una tercera novela del mismo tono,
Medusa artificial
, comenzaría a buscar una narración más experimental, intelectual y estetizante, en la línea de la deshumanización de Ortega, cuyo círculo empezó a frecuentar por esos años. En esta tendencia se inscriben los tres libros de relatos
El boxeador y el ángel
,
Cazador en el alba
y
Erika ante el invierno
.
En los años siguientes, enfrascado en sus estudios en Berlín y la preparación de oposiciones a catedrático en derecho y letrado en Cortes (que gana ambas), deja de lado su carrera literaria, que no volverá a retomar hasta después de su exilio en diversos países de América, hasta su regreso definitivo a España en 1976.
Incluimos aquí a esta autora por la importancia de su posterior obra en el exilio y tras su regreso a España en 1973, ya que antes de dicho exilio en 1937 sólo había publicado un libro de poesía, un relato breve en una revista, otro relato histórico (
Teresa
, que no vería la luz hasta 1941) y una única novela,
Estación, ida y vuelta
(1930), probablemente una de las mejores de las que siguieron la línea experimental deshumanizada preconizada por Ortega.
También incluimos aquí a Max Aub por la importancia de su obra posterior al exilio en 1939, ya que antes de esa fecha, aunque contaba ya con unos estimables inicios en poesía y teatro, sólo había publicado una única novela,
Luis Álvarez Petreña
(1934, con ediciones ampliadas en 1965 y 1971), con la que Aub inicia un juego de espejos entre autor y personaje, entre ficción y realidad, en el cual el autor, Max Aub, finge publicar la novela de un supuesto poeta vanguardista (Álvarez Petreña), muerto por suicidio. Similar juego de espejos repetiría años más tarde con
Josep Torres Campalans
(1958), novela que recrea la biografía de un pintor ficticio, que Aub hace pasar por real.
Blibliografía:
PEDRAZA, F. y RODRÍGUEZ, M.: Las épocas de la literatura española. Ed. Ariel, Barcelona, 1997.
ALVAR, C., MAINER, J.C. y NAVARRO, R.: Breve historia de la literatura española. Alianza, Madrid, 1997.
VV.AA.: Enciclopedia de la literatura. Garzanti Editore, Ediciones B, Barcelona, 1991.
TUSÓN, V. y LÁZARO, F.: Literatura del siglo XX, COU. Anaya, Madrid, 1989.
VV.AA: Lengua Castellana y Literatura, 2º Bach. McGraw Hill, Madrid, 2013.

...y numerosas páginas web.
Puedes descargar la versión PDF (con algunas diferencias) en esta dirección:
http://profedelengua.es/La_narrativa_espanola_del_siglo_XX_hasta_1939.pdf
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