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Ediciones Especiales Plano Sur Medellín Ciudad Codificada.

La transición de lo rural a lo urbano.
by

Lenin Montoya

on 13 June 2013

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Transcript of Ediciones Especiales Plano Sur Medellín Ciudad Codificada.

LA TRANSICIÓN
RURAL - URBANA DE MEDELLÍN

Y Medellín en la mitad del valle,


como una virgen sobre verde alfombra,


de palmas y de sauces a la sombra,


y bajo un cielo hermoso de cristal”


Arsecio Escobar (1832)
La imagen bucólica que nos brinda el poeta decimonónico se ajusta en gran medida a la ciudad de comienzos de siglo XX.
Medellín es un extenso valle que para el año de 1914 cuenta con una población de 65.000 habitantes.
La población se concentraba sobre la banda oriental del valle.
La causa que dió este tipo de asentamiento es el desbordamiento de los ríos y quebradas, en nuestro caso el Río Medellín, y la quebrada Santa Elena.
Durante la mayor parte del año ambos afluentes inundaban el extenso valle, en estas condiciones geográficas y climáticas, los pobladores se veían propensos a enfermedades como el paludismo.

La transición de la ciudad rural a la ciudad urbana aunque tardía en comparación con las grandes ciudades latinoamericanas, sigue sin embargo, el mismo comportamiento de masificación planteado por José Luís Romero en su libro:

“Latino América las ciudades y las ideas”

"Hubo notoriamente, un crecimiento de la población con
decidida tendencia a sostenerse y acrecentarse”


Según José Luís Romero el éxodo rural genera en Medellín 400.000 habitantes en el año de 1938.
Nuestra historia cuenta con una institución visionaria que fomentó la dinámica de crecimiento de la ciudad. La Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín fue fundada en 1899 por Carlos E. Restrepo y Gonzalo Escobar. Esta idea fue tomada de los bogotanos, quienes contaban con la Sociedad del embellecimiento.
La Sociedad de Mejoras Públicas fue constituida en su mayoría por hombres de ideas liberales: comerciantes, empresarios e ingenieros, entre otros, los cuales tenían estrecha relación con la administración municipal y nacional. Esta cercanía influyó decisivamente en el desarrollo urbano y, de igual manera, en el fortalecimiento del espíritu cívico.
Las imágenes fotográficas de artistas como Melitón Rodríguez, Benjamín de La Calle, Francisco Mejía, son documentos fidedignos que no dejan duda sobre el proceso de transición de lo rural a lo urbano
Posteriormente es Gabriel Carvajal quien con la obra “Procesos” capta cuadro a cuadro la intervención, construcción, y transformación, hasta llegar a la realización de la atmósfera urbana. ¡Una imagen dice más que mil palabras!
Nuestros pasos se pierden en el tiempo. Gracias al ojo de Melitón Rodriguez caminamos por el costado norte del Parque de Berrío.

Es el año de 1930:

Dos coches de lujo tirados por hermosos caballos, al costado derecho un edificio de tres pisos, estilo republicano, perfecta mampostería; la plaza amplia e iluminada, el suelo en tierra, los otros edificios son casas coloniales. Al fondo se encuentra erguida, perviviendo en el tiempo, la Iglesia de la Veracruz.
Francisco Mejía motivado por retratar una de las obras civiles más importantes para la ciudad, nos lleva hasta el Poblado, es el año de 1941.


La foto muestra la rectificación del Río Medellín, para ello el fotógrafo se sitúa a una distancia lejana, el resultado; una vista panorámica del sur de la ciudad. Es paradójico pensar que el sector que hoy tiene mayor número de edificios fue por aquella época territorio verde, privilegiado por la naturaleza, donde se hallaban las quintas más tradicionales.
La implantación del tranvía en 1921 transformó la configuración espacial de los pobladores, pues se vieron beneficiados por la facilidad de acceso a todo lo largo y ancho del extenso valle. Los pobladores empiezan a sufrir cambios en sus costumbres producto del crecimiento demográfico y de la consecuente masificación.

Este aspecto hace que los propietarios capitalistas y los nuevos escuadrones de obreros, en su mayoría inmigrantes campesinos, perciban la ciudad como una zona de lotes propicios para la constitución de los barrios; con el barrio surge el sentimiento de pertenencia, y con este esquema complejo de identidades nace la noción de sentimiento ciudadano.

La transición del campo a la ciudad se caracteriza por la construcción de obras de gran impacto físico y por el nacimiento de gran cantidad de barrios.
El ingeniero Fabio Botero lo describe como la “mancha urbana”, la cual se expande por todo el valle, tomándose la montaña.

Esta contrastaba con la noción de habitad proyectada en el Plan piloto. Los asentamientos suburbanos obedecieron a otras necesidades, pues estaban conformados por inmigrantes campesinos desarraigados.

La violencia política de mitad de siglo XX propició la anomia, que aún hoy genera el caos en las grandes ciudades.
Juan Luís Mejía, en 1988, al respecto de los archivos fotográficos de Gabriel Carvajal, compilados con el nombre de Procesos, escribe la siguiente reflexión:

“Para la misma época, Medellín está viviendo la más radical de sus transformaciones. La década de los cincuenta implica el desarrollo de la ciudad hacia la margen izquierda del río, hacia la "Otra Banda". Grandes obras de ingeniería y urbanismo empiezan a cambiar el entorno de la ciudad. El atrevido diseño circular que Pedro Nel da a Laureles rompe con la estructura tradicional de la capital del departamento.

En antiguos sembrados de caña se empieza a construir la unidad deportiva. Largas avenidas, extensión de las antiguas calles, empiezan a atravesar potreros, sólo desde el aire se logra obtener una visión de las transformaciones que implican las nuevas obras.

Y ocultos para el habitante, en las mesetas que rodean el valle sobre el cual está asentada la ciudad, empiezan a producirse cambios aún mayores: El crecimiento urbano requiere de servicios públicos. Los ríos de las mesetas empiezan a ser represados para surtir de agua y energía a la ciudad, que cada día demanda más servicios.

Los técnicos van detectando las arrugas de la topografía en busca del lugar adecuado para construir embalses, desviar ríos, construir túneles, implantar generadores. Como una inmensa ameba, la ciudad no para de crecer, succiona los recursos naturales circundantes.

Pero los cambios no se circunscriben a la extensión y trama de la ciudad o al paisaje circunvecino.”

“A partir de los sesenta, el perfil, la silueta de Medellín, experimenta un cambio fundamental. La apacible ciudad que se explayaba perezosamente sobre una porción del valle, de un momento a otro, se verticaliza. Altos edificios empiezan a ocultar las antiguas construcciones que servían de puntos de identificación y símbolos de poder. El edificio Furatena pronto minimiza las torres de la catedral o la Gobernación.
Una aguja de Coltejer se clava en el centro de ciudad y reemplaza el viejo Teatro Junín.

Pero Medellín ha sido afortunada en su memoria visual. Melitón Rodríguez y Benjamín de la Calle dejaron testimonio de la transformación de la aldea en ciudad. Jorge Obando y Francisco Mejía registraron el apogeo de la ciudad consecuencia de su desarrollo industrial. Y don Gabriel Carvajal, como lo demuestra esta exposición, ha sido el testigo de excepción de la más grande transformación de la ciudad.
Gracias a estos cinco archivos se puede reconstruir la historia urbana de Medellín calle por calle, edificio tras edificio. Pocas ciudades tienen una memoria visual semejante."
Fabio Botero “En cien años de la vida de Medellín” presenta una visión calificada sobre el Plan Piloto que fue, como su nombre lo indica, el primer plan regulador urbanístico de la ciudad.

Este plan fue contratado por la Alcaldía con los señores Paul Wiener y José Luís Sert, planificadores urbanísticos quienes tenían su oficina en la ciudad de Nueva York, la contratación para el diseño del Plan Piloto se da en el año de 1948.

Los Asesores urbanísticos entregan el plan dos años más tarde, en 1950. Como lo anota Fabio Botero “este plan llegó en el momento crucial y preciso”
En resumen este plan configura una parte de la ciudad que hoy conocemos:

· El desarrollo del Área Metropolitana de norte a sur, que comprende los municipios de Caldas, al sur, y de Girardota, al norte.

· La Rectificación y canalización del Río Medellín.

· La ubicación de las zonas industriales en las periferias norte y sur.

· El desplazamiento del centro administrativo de la Candelaria y la Veracruz hacia la actual zona de la Alpujarra.
Orlando Melo, historiador acucioso de la ciudad, presenta en su ensayo “Espacio e historia en Medellín”, una preferencia por el desarrollo del habitad, en el cual el elemento primordial es el diseño arquitectónico, por encima del acelerado crecimiento infraestructural.

Según el mismo autor, Medellín presenta en su planificación grandes lagunas que explican algunos de los problemas por resolver en la actualidad.

Débora Arango nació en 1907 en el municipio de Envigado. La artista plástica discípula del maestro Pedro Nel Gómez, inició sus estudios en la ciudad de Medellín con el maestro Eladio Vélez. El crítico e historiador de arte Santiago Londoño nos habla de los inicios de la artista:

"La artista plástica se destacó en un principio con acuarelas de vibrante colorido que representan escenas urbanas y domésticas, en las que se percibe su breve paso como alumna de Gómez. Pero fue con una serie de grandes desnudos femeninos naturalistas, realizados como pintora independiente luego del rechazo de sus condiscípulas, con las que alteró el canon académico vigente en la presentación del cuerpo femenino, tal como se aprecia en Montañas 1940, colección del Museo de Arte Moderno de Medellín.”
La obra de la artista rápidamente tomó un giro revulsivo y vanguardista; la sociedad colombiana, principalmente el entorno antioqueño, no estaba preparada para aceptar y afrontar la crítica social que plasma su obra.

La creación paulatinamente se ve rechazada en los espacios adecuados para mostrar y proyectar la obra, el caserón familiar prontamente se encuentra copado de pinturas que se convierten en símbolo de incomprensión.

Esta situación obliga a Débora Arango a trasladarse a España, donde corrió la misma suerte; sin embargo la artista continuó incansable con su proceso creador. Sólo al llegar la década de los 80’s con la exposición realizada en El Museo de Arte Moderno de Medellín, un homenaje a su vida y obra, la artista plástica alcanza el reconocimiento y el puesto que merece en las artes nacionales, como la artista plástica más importante del siglo XX en Colombia.
En la década de los años 40 Débora Arango recrea escenas de profunda denuncia social. Así lo explica Santiago Londoño:

"En el cuadro Amanecer por ejemplo, la artista da cuenta de la vida nocturna de la ciudad, donde la mujer aparece generalmente como subordinada o como víctima de un orden social dominado por los hombres.

También se ocupó de criticar la pobreza, el abandono y la ausencia de esperanza, efectos que acarreó el progreso industrial entre la gente común.”
El tren de la muerte data del año 1950. Esta pintura nos recuerda el capítulo histórico de las bananeras, en 1928, suceso que nuestros escritores más importantes han convertido como símbolo de la injusticia en nuestro país. Hoy en día es la pintura más polémica, pues su denuncia sigue vigente.

En ella podemos observar la imagen cruda y fragmentada de los cuerpos masacrados que van dentro de un estrecho vagón. Con trazos fuertes, la autora trasmite la maquinación acelerada de la industrialización, gracias al manejo de los colores oscuros, especialmente los tonos azules y negros. Con la contraposición de colores vivos, amarillos y rojos, se siente la atmósfera del grito, la denuncia del derrame infame de la vida. Al fondo media luna Blanca, testiga atónita de la velocidad del tren, que al parecer huye de ésta, yendo A NINGUNA PARTE.
Débora Arango es pionera en la reflexión sobre la igualdad y equidad de género en Colombia. Como mujer fue sensible de la condición de muchas de sus compatriotas que se veían subyugadas a la condición extrema de la violencia y la miseria. Su pensamiento y su actitud está expresado constantemente a todo lo largo de su obra.

Queda la memoria de la mujer, de la gran artista que con su obra nos legó posibilidades y enseñanzas para trazar caminos de lucha y construcción.
Rodrigo Arenas Betancur:
Rodrigo Arenas Betancur es otro de esos seres sorprendentes que se dan en nuestro territorio; hombre campesino, hijo de agricultores, nacido en lo profundo de un medio rural, en el municipio de Fredonia, se convierte con el paso de los años en el escultor colombiano del siglo XX.

Ha dejado su huella y su pensamiento por América Latina, especialmente en México, y en Medellín, tanto la Universidad Autónoma de México, como la Universidad de Antioquia tienen la fortuna de poseer las obras monumentales del maestro Rodrigo Arenas Betancur.

Prometeo 1953 está expuesta en el patio oriente de la Torre de ciencias de la Universidad Autónoma de México, la fuente Prometeo 1970 se encuentra en el centro de la Universidad de Antioquia, ambas obras son patrimonio cultural y arquitectónico de las respectivas universidades.

¡Pero no nos adelantemos tanto, vayamos paso a paso!
Rodrigo Arenas Betancur nace en 1919 en el Uvital zona rural de Fredonia.

De niño fue un humilde campesino que estudió despreocupadamente en las escuelas de su pueblo, por los años 30’s no era claro lo que podía ser su destino, como es el caso de muchos de los intelectuales de nuestra región, Rodrigo Arenas trató de realizar sus estudios en 1931, en el Seminario de Yarumal, al poco tiempo, el niño entendió que la fe sacerdotal no era su vocación, a pesar de ser desinteresado por muchas áreas del conocimiento entre ellas la historia, el temperamento y la imaginación del joven Rodrigo Arenas se inflamaba más con la figura heroica del libertador Simón Bolívar.
Al regresar a su pueblo Rodrigo Arenas le robó tiempo a las labores del campo para entregarse a la talla en madera de cristos y al dibujo de bocetos del Libertador, en la mente del joven poco a poco se fue configurando el contenido temático de su obra, de igual manera con la práctica artesanal fue depurando su técnica:
Siendo aun muy joven el maestro escultor desempeñó trabajos administrativos en su pueblo, sus coterráneos viendo el inmenso talento artístico del cartero y oficial de estadística, adelantan gestiones para que viaje a Medellín y formalice su vocación, es aquí donde se abren los caminos de la gloria para el hombre humilde, pero cuidado, no fue un camino fácil, todo lo contrario, el artista pasó por necesidades y momentos difíciles, pero gracias a la fortaleza y la reciedad montañera, no cejó en su intento; con talento y paciencia se ganó el espacio que los hombres de su talla se merecen.

Rodrigo Arenas en la ciudad se hace amigo de los intelectuales y artistas más destacados de Colombia en su momento; Pedro Nel Gómez, Eladio Vélez, Otto Morales Benites, Manuel Zapata Olivella, entre otros, fueron colaborando para que el escultor llegase a México donde se convirtió en el mejor de los escultores.
La ciudad de Medellín cuenta con una cantidad considerables de obras escultóricas de Rodrigo Arenas Betancur, te invitamos a que camines por la Alpujarra, por Suramericana, la Universidad de Antioquia, El Museo de Arte Moderno, estos son algunos de los lugares donde su obra sorprendente está ubicada para el disfrute.
El primero de febrero de 1955, el entonces periodista Gabriel García Márquez escribe en El Espectador la crónica: “De Fredonia a México pasando por todo”, en esta crónica nuestro premio novel recrea el arduo proceso:

“El pequeño y aindiado antioqueño se dio cuenta de que llevaba tres años de vivir en México y en realidad no conocía a México. Misteriosamente, viviendo entre los indígenas (…) y comiendo otra vez frijoles y arepa como en Fredonia, empezó a entender retrospectivamente toda la historia que no entendió al maestro Miguel Yepes.

Cuando regresó a Ciudad de México, volvió a ser ilustrador de revistas; fue el muchacho que le cargó las cámaras y los trípodes al fotógrafo colombiano Leo Matiz; escribió reportajes, comió cuando pudo y durmió como pudo, hacinado en una casa de vecindad, hasta cuando le permitieron participar en la exposición colectiva del bosque de Chapultepec.
Allí vendió dos esculturas que había hecho en Quintana Roo- Y esa venta fue como un milagro. Tres meses después era amigo de Diego Rivera, José Clemente Orozco y de todo lo que vale y pesa en arte mexicano. En 1949 participó en la exposición colectiva del Palacio de Bellas Artes, con “Mujer maya torteando”, que el ingeniero José Domingo Lavin compró por 1000 pesos.

Fue allí donde conoció al arquitecto Raúl Cacho, que iba a construir la Torre de las Ciencias exactas. Raúl Cacho conversó con Arenas Betancur, se pusieron de acuerdo en la necesidad de “incorporar una escultura a la arquitectura” y pidió que le llevará un proyecto. Arenas Betancur, que mide un metro con sesenta y dos centímetros, se le presentó con un impresionante monstruo de siete metros de altura; Prometeo, dos toneladas de bronce que en seis meses lo hicieron famoso en medio mundo.”
Al respecto del contenido temático de sus obras el maestro decía:

“Si el arte en Colombia no es más importante, no se debe a las formas que utiliza, sino al grado de evolución de la cultura. No será más valioso porque introduzca formas Picassianas. No puedo darme el lujo de imaginarme otra realidad rica, refinada, sin problemas de hambre y violencia. No puedo darme el lujo de producir arte para un medio que no es el mio. No puedo hacer arte con vivencias industriales en un medio agrario. Siento la necesidad de hacer mi obra para este hombre que me tocó de hermano en la tierra americana, aún con las limitaciones que ello conlleva.

No me hago ilusiones con la estética o el arte universal, Me atengo a mi circunstancia, a mi realidad y casi que a mi estética agraria, primitivamente cristiana, de imaginero. No tengo miedo a que me digan que no soy moderno, que no estoy al día, que no soy interesante, que estoy atrasado o que soy realista. No puedo ser juguete de la moda y menos de las veleidades de nadie.”
Créditos:
Olmer Ricardo Cordero Morales: Filólogo Hispanista, estudioso y cronista de temas urbanos.

Lenin Montoya Salazar: Diagramación y Web Master.

CIUDAD CODIFICADA






Proyecto documental en asocio con

www.plano-sur.org
La transformación de lo rural a lo urbano está cifrada en los ordenes social y productivo: lo que se ve reflejado en la concepción de los espacios, en la trasformación del diseño arquitectónico y en la creación de nuevos espacios culturales, en los cuales se gesta Medellín como una metrópoli urbana. Este arduo proceso viene acompañado de propuestas intelectuales y artísticas. La ciudad crea manifestaciones del espíritu que son imprescindibles a la hora de configurar la ciudad codificada. Empecemos entonces por destacar expresiones de artistas de gran vuelo estético e intelectual como lo son Débora Arango y Rodrigo Arenas Betancur.
Plano Sur Comunicaciones, prensa veraz, honesta y responsable.
www.plano-sur.org
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