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Capítulo 8: Inteligencia Emocional de Daniel Goleman

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Giselle Delgado

on 30 April 2014

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Inteligencia Emocional
Capítulo 8: Las Artes Sociales

Caso Inicial . . .
La capacidad de expresar los propios sentimientos constituye una habilidad social fundamental. Se utiliza el término despliegue de roles para referirse al consenso social en el que resulta adecuado expresar los sentimientos.
La Expresividad y el Contagio Emocional
Un experimento demostró que el estado de ánimo del individuo más expresivo se transmite al más pasivo. Esto ocurre ya que el inconsciente reproduce las emociones que ve desplegadas por otra persona a través de un proceso no consciente de imitación de los movimientos que reproduce su expresión facial, gestos, tono de voz y otros indicadores no verbales de la emoción.
La Génesis de la Incompetencia Social
"Te odiamos": El Momento Crítico
El resplandor Emocional: Informe de un Caso
Las emociones son contagiosas. En cada relación hay intercambio de estados de ánimo que percibimos como tóxicos o nutritivos. En cada encuentro emitimos señales emocionales que afectan a los que nos rodean. Cuánto más diestros somos socialmente, más control tenemos sobre las señales que emitimos. La inteligencia emocional incluye el dominio de este intercambio.
Si la capacidad de sosegar la inquietud de los demás es una prueba de la destreza social, el hecho de hacerlo en pleno ataque de rabia constituye una auténtica demostración de maestría. Los datos sobre la autorregulación de la angustia y el contagio emocional indican que una estrategia eficaz puede ser la de distraer a la persona airada, empatizar con sus sentimientos y con su perspectiva y luego dirigir su atención a un foco alternativo, uno que le conecte con un campo de sentimientos más positivos, algo que bien pudiera calificarse como una especie de judo emocional.
-Analizar y estudiar el enfoque de inteligencia emocional y neuromanagement en la administración, mostrando sus influencias y repercusiones es las gestiones administrativas.
Esta situación, evidencia la sutileza emocional que puede desplegar un niño de poco más de 2 años para influir en las emociones de otra persona. En su intento de consolar a su hermano, desplegó un repertorio de tácticas que había aprendido de lo que otros habían intentado con él, y también de lo que había observado.
El despliegue de empatía y compasión demostrado por Jay, no es universal. Es probable que otro niño de esa edad hubiese aprovechado la angustia de su hermano para vengarse de él y hostigarle más.
Es sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las habilidades interpersonales. Que son aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal. La carencia de estas habilidades es la causante de que hasta la persona más brillante fracase en sus relaciones y resulten arrogantes e insensibles. Estas habilidades sociales son las que nos permiten relacionarnos con los demás y profundizar en el mundo de las relaciones.
Eso denota la capacidad de conocer los sentimientos de los demás y de transformarlos. Para dominar esta capacidad se debe poder dominarse a sí mismo. Los primeros signos de la empatía comienzan a aparecer alrededor de los 2 años de edad. El requisito para controlar las emociones de los demás consiste en el desarrollo de dos habilidades: autocontrol y empatía.
Los Rudimientos de la Inteligencia Social
La Expresión de las Emociones
Existen varios tipos fundamentales de despliegue de roles:
Minimizar las emociones (expresar sentimientos en presencia de una figura de autoridad, escondiendo el disgusto con una cara de póker)
Exagerar las emociones (magnificando la expresión emocional, utilizada mayormente por los niños)
Sustituir un sentimiento por otro (un ejemplo es expresar emociones positivas aunque sean falsas)

El conocimiento de estas estrategias constituye un factor esencial de la inteligencia emocional.
El aprendizaje del despliegue de los roles tiene lugar a una edad temprana, y es un aprendizaje parcialmente explícito que se suele conseguir mediante un proceso de modelado, con el que los niños aprenden lo que tienen que hacer viendo lo que hacen los demás.

Las reglas que rigen la expresión de las emociones forman parte del léxico de la educación social y dictan la forma en que nuestros sentimientos afectan a los demás. El conocimiento de estas reglas causa un impacto óptimo, mientras que su ignorancia fomenta el desastre emocional.
La imitación cotidiana de los sentimientos suele ser algo muy sutil. Cuando las personas ven un rostro sonriente o enojado, la musculatura del propio rostro se puede transformar en el mismo sentido. Existen personas más propensas al contagio emocional, ya que su sensibilidad innata hace que el sistema nervioso se active con más facilidad.
El grado de armonía emocional que experimenta una persona en un encuentro se refleja en la forma en que adapta sus movimientos físicos a los de su interlocutor. En resumen, cuanto mayor es el grado de sintonía física existente entre dos personas, mayor es la semejanza entre sus estados de ánimo, sin importar el que éste sea optimista o pesimista.
Uno de los factores determinantes de la eficacia interpersonal consiste en la destreza con la que la gente mantiene la sincronía emocional. Los que son más diestros en sintonizar con los estados de ánimos de los demás son emocionalmente más amables. Y es un rasgo distintivo de un líder, quienes tienen la capacidad de conectar con la audiencia. También, las personas con dificultades para captar y transmitir emociones suelen tener problemas de relación.
En cuanto a las relaciones interpersonales, la persona más expresiva, suele ser aquella cuyas emociones arrastran a la otra. Por ejemplo, el elemento dominante de la pareja es el que habla más, mientras que el subordinado es quien más observa el rostro del otro, también una forma de manifestar afecto. Por lo mismo, el poder de un buen orador se mide por su capacidad para movilizar las emociones de su audiencia. La movilización emocional constituye la esencia misma de la capacidad de influir en los demás.
Organización de grupos
: habilidad esencial de un líder para movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas.

Negociar soluciones
: talento para impedir la aparición de conflictos o en solucionar aquéllos que se declaren.

Conexiones personales
: habilidad que asienta en la empatía, favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y respeto por sus sentimientos e intereses, y permite el dominio del arte de las relaciones. Saben trabajar en equipo, buenos compañeros, buenos leyendo las emociones de las expresiones faciales.

Análisis social
: capaces de detectar e influir los sentimientos, motivos e intereses de las personas. Fomentan el establecimiento de relaciones con los demás y su profundización.
El conjunto de estas habilidades constituye la materia prima de la inteligencia interpersonal, el ingrediente fundamental del éxito social. Quienes tengan estas habilidades conectan fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos. Son líderes naturales, saben expresar los sentimientos colectivos para guiar al grupo hacia sus objetivos.
Estas habilidades interpersonales propician el desarrollo de otras facetas de la inteligencia emocional. Personas con una excelente impresión social son expertas en controlar la expresión de sus emociones, diestras en captar cómo reaccionan los demás y mantenerse en contacto con su actividad social y ajustarla para conseguir el efecto deseado.
Si estas habilidades interpersonales no tienen una clara sensación de los propios sentimientos y necesidades, pueden terminar abocando a un éxito social hueco, conseguida pasando por encima de uno mismo. Estas personas son camaleones sociales. Crean una imagen muy distinta a la real para que puedan ser queridos por los demás. Esto ocurre cuando las habilidades sociales sobrepasan a la capacidad de conocer y admitir los propios sentimientos.
Los camaleones sociales manifiestan una plasticidad para adaptarse a las señales que perciben de quienes les rodean. En vez de decir lo que sienten utilizan sus habilidades para actuar en función de lo que exijan las situaciones sociales, y de lo que los demás quieren de ellos. Lo correcto es utilizar las habilidades sociales sin olvidarse de uno mismo. Existe, otro tipo de control de las emociones más decisivo, son aquellos otros que utilizan su destreza social más en consonancia con sus verdaderos sentimientos. Es la integridad que nos permite actuar según nuestros sentimientos y valores más profundos, una actitud emocional que puede conducir a provocar una confrontación deliberada para trascender la falsedad y la negación.
Las dificultades de Cecil se originaban en su fracaso infantil para aprender las lecciones más elementales de la interacción social. A Cecil se le pudo haber enseñado a hablar directamente a los demás, entablar contacto, no esperar a que otros den el primer paso, mantener una conversación más allá de "sí" o "no", expresar gratitud, ceder el paso antes de cruzar una puerta, esperar a servirse hasta que el otro se sirviera primero, dar las gracias, pedir "por favor", compartir, y el resto de habilidades sociales que comenzamos a enseñar a los niños a partir de los 2 años de edad.
La historia de Cecil resulta instructiva porque subraya la naturaleza esencial de las múltiples lecciones que el niño aprende en la interacción y en las reglas no escritas de la armonía social. La función de estas reglas es favorecer el intercambio social. Las personas que carecen de estas habilidades tienen dificultades para manejar las emociones de la gente que los rodea e inevitablemente generan perturbaciones a su alrededor.
Los psicólogos han acuñado el término disemia para referirse a la incapacidad para captar los mensajes no verbales. Este problema puede radicar en ignorar la existencia de un espacio personal, en interpretar o utilizar pobremente el lenguaje corporal, en interpretar o utilizar inadecuadamente la expresividad facial, o una prosodia (cualidad emocional del habla) deficiente que les lleva a hablar en un tono demasiado estridente o monótono.
Se ha investigado mucho sobre niños que muestran signos de deficiencia social. Los niños suelen evitar a aquéllos otros que ignoran los rudimientos de la interacción cara a cara, especialmente de las reglas implícitas que gobiernan el encuentro interpersonal. Si un niño tiene dificultades en lo que respecta a las reglas no verbales de la interacción, se les suele considerar como niños raros a los que hay que evitar, porque incomodan a los demás.
Los niños que no pueden expresar sus emociones o leer las de los demás se sienten continuamente frustrados. Situación que les hace sentir incapaces, deprimidos y apáticos. Además de convertirse en individuos socialmente aislados, también suelen tener problemas académicos. Ya que el aula es simultáneamente una situación social y académica, en la que el niño socialmente incompetente comprende y responde inadecuadamente al maestro y a los niños. La ansiedad y confusión pueden entorpecer la capacidad de aprendizaje.
Uno de los momentos en los que la ineptitud social resulta más dolorosa es cuando el niño trata de acercarse a un grupo de niños para jugar. Es un momento crítico porque entonces es cuando se hace patente públicamente el hecho de ser querido o no, de ser aceptado o no. Existe un marcado contraste entre las estrategias de aproximación utilizadas por los niños populares y las que usan los niños impopulares.
El riesgo de sentirse odiado, implícita o explícitamente, el que hace que los niños sean cautelosos a la hora de aproximarse a un grupo. Ese momento resulta sumamente importante porque revela claramente las diferencias en las habilidades sociales.
Lo normal es que los recién llegados comiencen observando lo que ocurre durante un tiempo y que luego pongan en marcha sus estrategias de aproximación. Lo más importante a la hora de determinar si un niño será aceptado o no es su capacidad para comprender el marco de referencia del grupo y para saber qué cosas son aceptables y cuáles se hallan fuera de lugar.
Hay dos grandes errores que suelen despertar el rechazo de los demás, estos son: el intento de asumir el mando demasiado pronto y no sintonizar con el marco de referencia. Los niños impopulares, tratan de cambiar de tema demasiado pronto, dan sus opiniones y están en desacuerdo inmediatamente con los demás, lo cual son intentos de llamar la atención y que, paradójicamente, los llevan a ser ignorados o rechazados. Los niños populares, antes de aproximarse a un grupo suelen dedicarse a observarlo para comprender lo que está ocurriendo y luego hacen algo para ratificar su aceptación, esperando confirmar su estatus en el grupo.
Un ejemplo de esta habilidad en el arte de la influencia emocional es la siguiente: Terry Dobson, de los primeros norteamericanos en viajar a Japón a estudiar aikido.
"el aikido es el arte de la reconciliación. En el mismo momento en que tratas de dominar a los demás estás derrotado. Nosotros estudiamos la forma de resolver conflictos, no iniciarlos". Terry utilizaría el arte marcial sólo como defensa, y la situación era la oportunidad para poner el aikido en práctica en la vida real. Entonces, se levantó lentamente, y el borracho al verlo, reconoció que era extranjero, y le dijo que le daría una lección sobre modales japoneses. Pero cuando se disponía a lanzarse sobre Terry, un anciano le gritó de una forma jovial, como cuando se reconoce a un amigo, le sonrió, y saludó con la mano, para que se acercara. El borracho con tono agresivo le respondió: ¿y por qué diablos debo hablar contigo?
A medida que escuchaba al anciano, el rostro del borracho de dulcificaba y se relajaba. Hasta que el anciano le preguntó sobre su esposa. Y el borracho se puso a llorar y comenzó a contar que su esposa murió, como perdió su familia y trabajo, y se mostró avergonzado de sí mismo.

Cuando el metro llegó a su parada, Terry saliendo del tren, alcanzó a escuchar cómo el anciano invitaba al borracho a su casa para seguir hablando, y pudo ver cómo se arrellenaba en el asiento y apoyaba su cabeza en el regazo del anciano.
ESTO ES RESPLANDOR EMOCIONAL.
Thomas Hatch de Howard Gardner en Spectrum, escuela basada en la inteligencia múltiple, cita a Roger como un modelo de inteligencia interpersonal, ya que él tiene la habilidad de reconocer los sentimientos de los demás y establecer un contacto rápido y amable con ellos. Él fue el único que se dio cuenta del estado y sufrimiento de Reggie, y el único que trató de consolarle, un gesto que denota una habilidad para la conservación de las relaciones próximas.

El talento de Roger representa una de las cuatro habilidades identificadas por Hatch y Garder como los elementos que componen la inteligencia emocional:
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