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“¿Qué nación? Dinámicas y dicotomías de la nación en el imag

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Susan Rocha

on 21 May 2014

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Transcript of “¿Qué nación? Dinámicas y dicotomías de la nación en el imag

¿qué nación? ¿quién constituye la nación? ¿cuándo hay nación? ¿desde cuándo hay nación?
Desmembración de los dominios españoles. - Formación de nuevas unidades políticas independientes: ruptura colonial y búsqueda del ideal ilustrado de progreso.
Estado-nación fundado en el pensamiento ilustrado y en las revoluciones precedentes.
Sentimiento republicano y búsqueda de bases jurídicas que garanticen la construcción de un estado unificado,moderno y orientado hacia el progreso sobre bases representativas,cuya fuente de legitimación era la nación soberana.
Guerras de independencia apelan al derecho de restitución de la soberanía a la nación,y trasladando la lealtad colectiva del rey a la nación.
Siglo XIX
Cambio americano de la comprensión del término nación
La integración en una nación expresada, por los diputados americanos en Cádiz, rechazó la condición de colonia. Esa negación era fundamental para la autoidentificación de los americanos; ambos pueblos, el español y el americano, son y deben ser iguales en derechos. Vinculados a ese concepto de nación única e igualitaria, aparecen dos temas de la independencia: la representación y la soberanía.

Luego, la nación, convertiría a España en un "gobierno intruso", marginando a los españoles europeos, afirmando la autonomía americana: ofrecer patria al rey ante el gobierno francés y la voluntad independentista. Simón Bolívar, en 1813 llamó a la "guerra a muerte" para defender la revolución, afirmaría que los españoles que no fueran "contrarios" ni "indiferentes" serían considerados "americanos" .
La singularización de la nación
Los círculos concéntricos de la nación
Luis Monguió procuró adentrarse en el problema de las identidades diferenciales americanas mediante el examen de los conceptos de "patria" y "nación" en el virreinato del Perú.
Término clave: no fue nación sino patria.
Concepto ambiguo y cambiante: "nación".
Patria tiene una connotación precisa casi inmutable en la edad moderna.

 Mónica Quijada
“¿Qué nación? Dinámicas y dicotomías de la nación en el imaginario hispanoamericano
Dotar de contenidos a la nación fue un proceso complejo, variable y polifacético.
Interactuaban potencialidades, condicionamientos, deseos y circunstancias.
Proceso de las élites hispanoamericanas, tanto con la acción como con la pluma: Ensayistas, historiadores y literatos. Ellos "imaginaron" la nación.
La "nación imaginada" en Hispanoamérica en el XIX es, el propósito de este trabajo.
Concepto de "nación", tan ambiguo y resbaladizo que, (Walker Connor), conceptualizar la nación es más difícil que conceptualizar el estado, puesto que la esencia de la primera es intangible, y de ahí la tendencia a identificar ambas nociones
Anthony D. Smith ha señalado que en el mundo actual hay:
La nación cívica (población que habita un territorio demarcado, una economía común con movilidad en un territorio con un sistema único de ocupación y producción, leyes, derechos y deberes legales idénticos para toda la población, un sistema educacional público y masivo, y una única ideología cívica). Francés.
La nación étnica o genealógica (poblaciones humanas que reclaman un ancestro común, solidaridad, costumbres comunes y vernáculas y una memoria histórica común. Alemán.
Ambos se hallan presentes en los procesos de construcción nacional.
Necesidad de crear un "nosotros cívico" nacional como comunidad territorial, política, institucional, legal, económica y educacional, dio génesis a la "etnización" de pautas culturales y lingüísticas, mitos de origen y símbolos de consolidación de la identidad colectiva, y que fueon programas explícitos de los gobernantes en el XIX y principios del XX.
Esos mitos y símbolos estaban enraizados en experiencias previas, buscaron redefinir y "esencializar", redes de la identificación colectiva y una "comunidad imaginada", enraizada en un mismo origen y abocada a un mismo destino.
El cuerpo de la nación fue la esfumación en el imaginario colectivo de su carácter de "invención en el tiempo".
La nación se desarrolló y se desarrolla con dinámicas desiguales, con ideas sujetas a variaciones. Las sociedades hispanoamericanas se inscriben en el pensamiento occidental lo que las hace sensibles a los modelos occidentales y a sus propios procesos históricos, que matizan esos modelos.
Dos perspectivas interrelacionadas:
La conceptualización variable de la nación
Interacción de la evolución conceptual nacional y que excede con creces al imaginario político republicano.

La construcción nacional que están en la base de la especificidad hispanoamericana.
El problema de la singularización y la dialéctica inclusión/exclusión vinculada a la heterogeneidad
Patria aparece como lealtad "filial", local, territorial, e instrumentalizable en la ruptura del orden secular, que permite la polivalencia del concepto de nación. La lealtad a la patria, no es discutible; es inmediata y corporizable en el entorno de lo conocido.
A finales del XVII, patria era sinónimo de libertad; Patriota y patriotismo eran amor a la libertad; y patria tierra de seres libres y felices. Esto se consolidada por la revolución francesa. Este sería el fundamento de la nación "cívica", (Smith): leyes comunes e igualitarias, economía unificada, educación común para formar ciudadanos libres e iguales , y que ya aparecen en los documentos de la emancipación .
Frente al concepto de patria, el término nación abarca tres acepciones: cultural, territorial, institucional. Se utilizó en la colonia para designar a los grupos étnicos que convivían bajo la Corona. Por inversión, nación también era el Otro: extranjero, gentil idólatra, sentido muy utilizado en América, para las tribus "salvajes" alejadas del control de la Corona y de la acción evangelizadora.
En la tradición española el concepto de nación parece estar más vinculado que en la francesa a la idea de territorio, o de población asociada a un territorio.
También era el "nombre colectivo que significa algún Pueblo grande, Reino, estado, etc. sujeto a un mismo Príncipe ó Gobierno".
Patria
Nación
En ambos términos, patria y nación, se detectan dos contenidos, vigentes a comienzos del siglo XIX: uno tradicional y el otro moderno, vinculado a las ideas ilustradas y a la experiencia revolucionaria.
En la emancipación, la nación actuó como un elemento organizador de la voluntad política, instrumentalizado por la aspiración a tomar parte activa en los cambios provocados por la invasión napoleónica. La palabra nación aparece con un sentido institucional específico, voluntarista y modernizador: la sujeción de la península y América a la monarquía española, convierte a los habitantes de ambos territorios en una nación, y sólo los representantes americanos a la Junta Central se legitimará ésta como un verdadero "cuerpo nacional".
Esto implicó un desplazamiento de lealtades de la "nación española" a la "nación americana" que con la palabra "patria", afectaba a españoles y americanos. La "libertad de América" sería el fin de la guerra.
América como unidad, patria, era una construcción tardía que surgió al promediar el XVIII, con ideas reformistas y la uniformización del dominio imperial en América .
El concepto patria en el XVI y XVII señalaba 2 ámbitos restringidos: el pueblo o ciudad natal, y la provincia, país o reino en que se ha nacido.
La interacción entre "patria americana" y "patria local", aparece como el concepto de nación. (patriota chileno Camilo Henríquez, 1811 y 1812 en La Aurora de Chile). La separación de las distintas provincias era una "verdad de la geografía" por designio de la propia naturaleza. Asoma aquí la dimensión territorial de la nación, vinculada al concepto tradicional de patria y soberanía que recae en el pueblo.
La identificación territorial de nación fue favorecida por la dinámica de la invasión napoleónica. Los primeros planes de gobierno de las Juntas americanas restringieron su jurisdicción al "reino", de la audiencia, la provincia, con los primeros conflictos de lealtades sobre la delimitación de los fronteras patrias, asumidas como naciones. Esto se consolida en las Actas de Independencia, que proclaman la decisión de los pueblos de "erigirse en nación". La lealtad se ha desplazado de la "nación española" a la "americana" y a la "nación mexicana", "peruana" o "boliviana".
Es un proceso de "círculos concéntricos" de lealtades. Durante la emancipación, la "nación española" se convivió en la "nación americana" y la patria. Así, para América desaparece la "nación española".

La invocación a la identidad de origen y circunstancia, "vínculos de sangre, lengua y religión", alimentó a la nación americana.
Un argumento contrario a las confederaciones de Bernardo de Monteagudo, es:
"el anhelo en los pueblos por aumentar su vigor y unión. Pero cuando estaban ya unidos por vínculos más estrechos que los que puede proporcionar la confederación misma [...], adoptar una forma de administración que lejos de condensar esos mismos vínculos, los relaja comparativamente, es buscar cabalmente el precipicio que se quiere evitar" .

Las Instrucciones de 1816 del Director Supremo al general San Martín para la reconquista de Chile; dicen que "toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación", acompañado de un análisis comparativo sobre argentinos y chilenos.
La nación americana de la refleja las aspiraciones unionistas, y prácticas políticas y legales. José Carlos Chiaramonte demostró que las Provincias Unidas del Sur, hasta la Constitución de 1853 concedían la ciudadanía a todos los nacidos americanos antiguamente unidos bajo la Corona. En el XX, se hicieron propuestas análogas en algunos países hispanoamericanos.

El proceso de diferenciación
hispanoamericana posee señas
tempranas de identidad local
estudiadas por: Ortega y Gasset, David
Brading, Edmundo O'Gorman,
Anthony Pagden, Jacques Lafaye o
Bernard Lavallé.
Solange Alberro considera la
aculturación de los españoles y la
sociedad criolla a las culturas nativas y
al entorno americano. Así rompe la idea de "aculturación" solo en las sociedades indígenas, y proporciona una nueva dimensión para comprender los procesos de "localización", y por ende de particularización, de las formas de identidad que surgen después de la conquista.
Afirmaba el patriota chileno Juan Egaña: "Rodeado de dos grandes pueblos, el uno vehemente en sus pasiones, por el clima, de una imaginación viva y de una fibra irritable y movible; el otro enérgico, activo, fogoso, amante de la superioridad y de la gloria, [...] necesita Chile: lo primero, un principio de patriotismo y firmeza, que sólo puede hallarse en la república para no ser insultado; segundo, un carácter de moderación y buena fe que siempre inspire confianza y evite recelos respecto de dos pueblos que en los siglos venideros no dejarán de mirarse como rivales...";
Notas ilustrativas de algunos artículos de la Constitución, Id., op. cit., vol.I, p.250.
La identidad temprana no implica
que la nación existiera en el
imaginario antes de la
independencia, o que fuera un
destino inevitable. Esa identificación
colectiva -aunque segmentaria-
determinó la configuración del
imaginario nacional desde la
independencia. En Nueva España,
había una "identidad criolla", edificada sobre la apropiación y adaptación de símbolos de la identidad indígena por la élite "española americana", que se proyectó sobre la construcción de la nación en el XIX y primera mitad del XX.
Las connotaciones del concepto de patria con "reino" proveen en México y Perú, la percepción colectiva de singularidad. Por ello, el Alto Perú, separado en 1776 del virreinato, planteó la segregación en la independencia.
En Río de la Plata, virreinato reciente el concepto patria se asimiló a la ciudad natal. Chiaramonte, mira la atomización de lealtades en las Provincias Unidas del Sud, donde el imaginario de "nación argentina" fue tardío; la "identidad provincial" interactuó con la proyección americana, basada en el aislamiento de Chile o Paraguay.
Las formas de identidad previas y proyecciones de la idea de patria no crean un "imaginario nacional" sin el proceso de invención de la nación en el imaginario de las élites, con rasgos diferenciales que singularizan a la patria más allá del territorio y la institución; rasgos asumidos como únicos e irrepetibles, como una distinción no del tronco español, sino de los vecinos. Esto implicó el difícil intento de integrar en ese imaginario a poblaciones heterogéneas en lo étnico y en los universos simbólicos, con la pervivencia de incomprensiones mutuas y con líneas de jerarquización social, enraizadas en prácticas de dominación.
La singularización se vinculó al concepto de patria como sinónimo de libertad. Se fijación símbolos y fiestas celebratorias (Hans-Joachim König y Georges Lomné).
La imagen, el rito y la pedagogía política
configuraron un sistema de símbolos de reconocimiento colectivo, tomados de la acción revolucionaria francesa como el gorro frigio, que reflejaban la voluntad libertadora, vinculados a imágenes enraizadas en América, tales como cóndores, águilas, nopales, el sol "Inti" incaico y la figura del indio mítico y mitificado.
Las fiestas de victorias patrias, se alimentan de memorias y espacios tradicionales. Forman el "calendario cívico" de la regularidad del rito celebratorio. Allí las élites y el pueblo llano unificaban las lealtades hacia la patria.
El panteón de próceres; de culto a los "muertos gloriosos" de las glorias de la nación.
Personalidad de bronce de los héroes hacedores de la nacionalidad, reflejada en las virtudes éticas y cívicas de las élites, espejo de los héroes.
"Guerra de próceres" por su asociación, postura ideológica, acción política (Hidalgo o Iturbide); orígenes diversos (Cuauhtémoc o Cortés), o por ser compartido por dos o más países, como Simón Bolívar (Luis Castro Leiva) que entrañaba "la negación de la nacionalidad del futuro, del curso y sentido de la propia historia".
En el "panteón nacional" están los mitos de origen y la elaboración de la memoria histórica, porque no hay identidad sin memoria, ni propósito colectivo sin mito.
Las memorias históricas legitimaron los nuevos países, reafirman su presente y su destino común.
La imagen idealizada de los indígenas, sus antiguas culturas o valores refuerzan la identidad colectiva de singularización frente a la "patria americana", fundada en el origen hispánico, la lengua y la religión.
La continuidad entre emancipación e imagen de antiguas naciones indígenas usurpadas por la conquista, legitima a la primera como un acto de justa rebelión; y brinda "espesor temporal" a las nuevas "naciones", retrotrayendo sus orígenes a épocas inmemoriales, creando un puente simbólico entre el grupo criollo y la sociedad indígena, en la reivindicación de un común origen.
La selección de la memoria histórica en Hispanoamérica, poseía una dinámica oscilante que buscaba la continuidad en la ruptura, incluyendo y excluyendo alternativamente segmentos del pasado.
Dos binomios articularon esa memoria histórica: sustrato indígena/sustrato hispánico, y liberalismo/ antiliberalismo. El uno define mitos de origen, el otro actúa como un espejo de los desencuentros del pasado que se proyectan sobre el presente, y viceversa.

Nación cívica, nación civilizada, nación homogénea
En los documentos rebeldes de Tupac Amaru aparece el término "nación" igual a "grupo étnico" como reconocimiento de diferencia, y "patria" como común a los pobladores del virreinato. Cuando Perú proclamó la independencia en nombre de la "nación peruana", englobó a los nacidos en su territorio, borrando las diferencias de origen, y equiparándolo al de patria.
La "nación de ciudadanos" se basa en el mito ilustrado del progreso.
Así sociedades heterogéneas y carentes de cohesión se transforman en sociedades amalgamadas y autorreconocidas como "peruanos", "chilenos" o "bolivianos".
Si el despotismo había generado siervos, la libertad generaría ciudadanos libres, iguales en derechos, artífices del progreso de la comunidad. Esa es (Charles Hale) "la fe en la magia de las constituciones". En el imaginario independentista la patria era la libertad, y la libertad se proyectaba sobre todos, fueran criollos, fueran indígenas, fueran esclavos.
La voluntad de ruptura de la servidumbre, y la confianza en la educación para crear "espíritu público", modernizar las mentalidades y formar las costumbres, interactuaron con intereses inconciliables y abismos culturales. Esta contradicción, plantea un interrogante: ¿por qué eligieron los liberales independentistas una inclusión, en lugar de un sistema basado en la aceptación ética y legal de la segregación?
La respuesta está parcialmente en la ideología liberal y sus modelos de libertad-servidumbre. Tampoco se explica con las condiciones socio-económicas que trabarían a la voluntad inicial. Más probable parece que una práctica de relaciones interétnicas, jerárquicas pero flexibles, en las que los cruces entre grupos eran una práctica cotidiana y la situación social definía la adscripción étnica, contribuyera a asociar el voluntarismo liberal a una percepción incluyente de la nacionalidad
Los indios, es conveniente recordar también que la legitimación de la independencia como un acto de repulsa ante un gobierno tiránico, que perdía sus derechos al no estar orientado hacia "la felicidad de sus súbditos", había llevado a los criollos a señalar una identidad entre su situación de "víctimas de la tiranía" y la de los indígenas escarnecidos y esclavizados durante tres siglos. De tal manera, la afirmación hecha por de Paw de que la abyección indígena se debía a su secular servidumbre, fue retomada por los independentistas.
En el imaginario de la emancipación, y la nación aparecía como una construcción incluyente, donde la heterogeneidad se iría esfumando por sus benéficas instituciones y su educación.
Las desigualdades no se atribuían a condiciones irreversibles; se aspiró a borrar la jerarquización étnica. Ya no debía haber indios, criollos, mulatos o mestizos, sino "pobres y ricos".
La imagen de la "nación cívica" cambió. En 1845, se asocia el voluntarismo liberal a una percepción incluyente de la nacionalidad. Domingo Faustino Sarmiento recogió en una metáfora, una contradicción del imaginario de las élites: civilización o barbarie. La nación, para ser civilizada, debía borrar o destruir lo bárbaro que había en su seno. "De eso se trata: de ser o no salvaje" . Y para no ser salvaje, era necesario "civilizar".
La "nación de ciudadanos" se veía obstaculizada por "la abyección de muchos siglos", y por el carácter diferencial de elementos que era necesario "ciudadanizar". La nación cívica, imaginada como una construcción incluyente, da paso a la "nación civilizada", cuya imagen es la exclusión "necesaria" de los elementos que no se adapten a ella.
En el imaginario liberal se impuso como instrumento para la construcción de naciones orientadas al progreso, la conveniencia de traer inmigración europea; española-México, norte de Europa, Argentina. El objetivo era: fusionar a los indios con elementos capaces de aportar rasgos de la nación civilizada, como condición previa de la civilización:
"Educando nuestras masas tendremos orden; teniendo orden, vendrá la población de fuera. Os diré que invertís el verdadero método de progreso." La idea de "civilizar las mentalidades" con la colonización europea, en México realizaría la fusión de los indios y la extinción de las castas: "Después de algunos años, no será posible señalar, ni aun por el color, que está materialmente a la vista, el origen de las personas". Ya no se trataba únicamente de naciones de ciudadanos, sino de ciudadanos "blanqueados" en el color, y "europeizados" en la mentalidad y costumbres.
La exclusión
La "exclusión por fusión", convivió con la proyección del poder central sobre las áreas periféricas vinculando el concepto de "civilización" con el de "exterminio". En 1840 como una alternativa extrema a la acción "civilizadora" se iría imponiendo paulatinamente en algunos sectores de las élites, como única solución a la pervivencia de la "barbarie" en el territorio nacional. Por las mismas fechas, aparecen en los periódicos hispanoamericanos opiniones favorables a la política indígena aplicada por los Estados Unidos. Había el convencimiento de que lo "bárbaro" no era "civilizable", porque las condiciones de la barbarie eran biológicamente innatas.
El Mercurio de Chile en la campaña de ocupación de la Araucanía:
"El indio es enteramente incivilizable; todo lo ha gastado la naturaleza en desarrollar su cuerpo, mientras que su inteligencia ha quedado a la par de los animales de rapiña, cuyas cualidades posee en alto grado, no habiendo tenido jamás una emoción moral". Por ello, agregaba, "No se trata sólo de la adquisición de algún retazo insignificante de terreno, pues no le faltan terrenos a Chile; no se trata de la soberanía nominal sobre una horda de bárbaros, pues esta siempre se ha pretendido tener; se trata de formar de las dos partes separadas de nuestra República un complejo ligado [...], en fin, se trata del triunfo de la civilización sobre la barbarie, de la humanidad sobre la bestialidad". El indio heroico de la independencia, mito de la nacionalidad, se había convertido en una fiera carente de toda capacidad de civilización.
El concepto biologicista contradecía las creencias sobre la acción benéfica de las instituciones y la educación, no había surgido de los intereses económicos y/o políticos. Sus raíces se hallaban en el pensamiento europeo y norteamericano con la escala jerárquica "biológica" de las razas; que desplazó del imaginario occidental la percepción ilustrada de la diferencia debido al clima, ambiente o educación . Este "pensamiento científico" actúa sobre los prejuicios de las relaciones interétnicas. La escala biológicamente determinista de las razas humanas sirvió para justificar la pervivencia de brutales prácticas de dominio, genocidio.
El prestigio y significación de las corrientes intelectuales provenientes de occidente, da la medida del imaginario de las élites. Esas ideas no eliminan los argumentos contrarios; que rechazaban el carácter innato de las diferencias entre las razas, defendían la capacidad de la población "no blanca" de "civilización" y denunciaban sus condiciones de vida como la causa de las diferencias. Desde mediados del XIX se impuso la imagen de nación "civilizada", vinculada a la cohesión cultural fundada en la exclusión.
El fundamento de la "nación de ciudadanos", era la educación cívica para el progreso. La imagen inicial de una nación integrada por individuos cohesionados en su lealtad al Estado civil, se desplazaba a una comunidad donde lo individual se subsumía en lo colectivo.
Esta última imagen se haría más insistente al fin del XIX e inicio del XX. Se diferenció entre Estado y nación, se afianzó en el imaginario de la élite el retorno al ideal de nación incluyente.
Entre la "nación cívica" y la "nación homogénea" existían diferencias conceptuales sobre los instrumentos de realización de la comunidad imaginada. La extensión efectiva de los derechos cívicos era una aspiración incumplida. Reivindicación de la tradición; revalorización de lo propio y de lo específico frente a lo universal. La "nación homogénea" posee tres dimensiones: cultural, institucional, territorial en un "espíritu nacional", sujeto a un mismo gobierno en un mismo territorio.
Pero una cosa eran los programas y otra las realizaciones.
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