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Texto - Ergon y Areté en Aristóteles

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by

Isidora Rodríguez

on 3 October 2014

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Transcript of Texto - Ergon y Areté en Aristóteles

Aristóteles se pregunta si es lícito y plausible suponer que exista una función específica del hombre en cuanto hombre, así como la hay del hombre en cuanto desempeña diferentes actividades


Tesis de la existencia de un érgon específico del hombre
El argumento aristotélico del érgon o función específica del hombre
1) Introducción de la tesis según la cual es razonable suponer que hay un érgon (función) propio o específico del hombre en cuanto hombre

2) determinación del érgon específicamente humano

3) vinculación del bien humano (felicidad) con la noción de virtud y, más concretamente, con la actividad virtuosa según el érgon específico

Estructura del argumento
Una vez que Aristóteles ha identificado la función específica del hombre con el despliegue de las capacidades racionales, introduce un tercer elemento, un tercer paso en el argumento: vincular la capacidad específica del hombre con la noción de virtud, por un lado, y con la de felicidad, por otro.
Vinculación de la felicidad con la actividad virtuosa según el érgon específico
El hombre tiene ciertas capacidades racionales y en ellas hay que buscar su función específica.

Pero toda función puede cumplirse mejor o peor.

Puede haber un uso correcto o incorrecto de las facultades naturales que hacen que un hombre sea un hombre y no otra cosa.
Vinculación de la capacidad específica del hombre con la
virtud
¿Cómo se conecta la noción de felicidad con esto?
Vinculación de la capacidad específica del hombre con la
felicidad
Érgon y Areté en Aristóteles
Dentro del modelo clásico de fundamentación de la ética, hay muchas variantes.

Un ejemplo concreto de la línea argumental característica de este modelo se encuentra en un famoso texto de la
Ética a Nicómaco
de Aristóteles

Ejemplo:
zapatero,
médico o profesor
En el contexto de Aristóteles, con un alumnado proveniente de la Academia de Platón, esta suposición es muy plausible.

Sin embargo,
Aristóteles no da un argumento específico para mostrar que hay efectivamente una función propia del hombre en cuanto hombre,
sino que simplemente traslada la carga de la prueba al que lo
niegue.
Y, en realidad, es muy difícil negarlo, porque equivaldría a afirmar que no hay una respuesta a la hora de preguntar para qué el hombre hace todo lo que hace o qué sentido puede tener cada una de las actividades particulares que el hombre desempeña.
Texto Extraido de Ética general, Alejandro G. Vigo, DUOC UC
Determinación del Érgon específicamente humano
Aristóteles intenta identificar cuál es la función específica del hombre por vía de eliminación, es decir, buscando lo específico del hombre en aquello que lo distingue de otros seres, en particular de otros seres vivos.
Aristóteles trabaja con
tres
niveles de la vida:

1)
Nivel Vegetativo:
corresponde a las funciones metabólicas en general (crecimiento, nutrición y reproducción)

2)
Nivel Sensitivo:
corresponde a las percepciones, a las sensaciones de placer y dolor y a la emocionalidad conectada con la sensibilidad

3)
Nivel de las funciones propiamente racionales
Con un argumento cuya plausibilidad es difícil de rechazar,
no identifica

lo específico del hombre
ni con las funciones vegetativas (las que el hombre comparte con los demás animales y con los vegetales), ni con las funciones correspondientes al nivel sensitivo,
sino básicamente con las funciones propias del nivel racional.
¿Qué significa “racional”?
Interesante digresión sobre el significado de "racional" y sobre en qué medida lo racional es lo propiamente humano.

Tanto la noción de racional como la noción de humano se puede usar en muchos sentidos. Así, en un sentido todo lo que hace el hombre y no pueden hacer otros seres es
específicamente humano.

¿Qué significa “racional”?
Pero en otro sentido, que no apunta a lo que el hombre de hecho hace, sino a aquello en lo que se encuentra el despliegue pleno de sus facultades en cuanto hombre, hay ciertas cosas que podemos llamar
propiamente humanas
y otras que son más bien
inhumanas
, aunque sean específicas del hombre en el primer sentido.
Ejemplo: Homicidio
Cometer homicidio
es una acción específicamente humana en sentido amplio, pues es algo que sólo puede realizar un hombre.

Un caballo puede matar a alguien, pero no cometer homicidio, porque para que se configure el delito de homicidio el acto tiene que ser puesto en correlación con
ciertas intenciones y por lo tanto con ciertas capacidades racionales.
Ejemplo: Homicidio
Un ser incapaz de deliberar es un ser que tampoco puede cometer delitos.
Pero, paradójicamente, aunque el delito es específicamente humano, no es un acto en el que el hombre encuentre la realización de sus capacidades específicas, de sus capacidades racionales como tales.
Dentro del uso de la razón, tenemos que
distinguir
entre los actos que por ser de determinada manera sólo el hombre los puede hacer, pero que
no llevan al desarrollo pleno de las facultades que constituyen al hombre como hombre
, y aquellos otros que,
además de ser actos que sólo el hombre puede hacer, por ellos el hombre desarrolla plenamente sus capacidades racionales.
Como se ve, las nociones son ambiguas, como suele ocurrir con las nociones interesantes en filosofía, que son todas muy equívocas.

En un sentido, el homicidio es un acto racional, en el sentido de que sólo pueden cometer homicidio aquellos entes que están en posesión de ciertas facultades racionales que les permiten darse a sí mismos ciertos fines y deliberar acerca de cómo obtenerlos.
Sin embargo, en otro sentido, el homicidio es un acto que podemos calificar con buenas razones de irracional, pues no hay justificación racional para un acto como el homicidio.

En este segundo sentido de "racional", la noción de racionalidad es de carácter normativo: "racional" no es solamente aquello que produce un ser dotado de facultades racionales, sino aquello que,
producido por un ser dotado de facultades racionales, es susceptible de justificación racional.
Usando el ejemplo anterior, para planear un homicidio se requiere la puesta en obra de ciertas capacidades racionales, para deliberar sobre la mejor manera de llevarlo a cabo.

Sin embargo, aunque en este caso se esté poniendo en discurso el intelecto,
esos actos no constituyen un pleno desarrollo de las capacidades intelectuales, en la medida en que ahí se pone el uso de la razón en fines que en sí mismos no son racionalmente aceptables.
Cuando alguien, por ejemplo, planea muy bien el robo a un banco, puede hacer incluso un derroche de ingenio y, en ese sentido, ha puesto sus capacidades racionales en funcionamiento, pero
no se puede calificar ese acto, incluso si es exitoso, de racional en sentido estricto.
Y no se puede, porque en este caso no se cumple la exigencia de que
el fin al cual se apunta a través de todos esos mecanismos soporte crítica racional.

Es decir no se cumple la exigencia de que, para que la racionalidad se despliegue plenamente,
no sólo hay que usarla, sino hacer uso de ella en un horizonte de fines que ellos mismos puedan ser racionalmente defendibles.
De acuerdo a este criterio, Aristóteles distingue entre buenos y malos usos de las facultades racionales.

Ejemplo:
el médico puede utilizar la medicina para curar o para matar, pues la capacidad que permite curar es la misma que permite matar con gran eficiencia. Según estén dosificados los medicamentos, unas dosis son remedios y otras, veneno, y con las mismas medicinas se puede eliminar gente o intentar salvarla o aliviarle el dolor.

Por eso, que se dé o no un uso pleno o correcto de las facultades racionales no depende simplemente de la presencia de elementos de racionalidad estratégica, de ponerse ciertos fines y encontrar ingeniosamente los mecanismos para obtenerlos; ésta es un condición necesaria, pero no suficiente, de la racionalidad plena.

Hay un pleno y adecuado uso de la racionalidad allí donde, además, los fines resisten crítica racional, es decir, son
racionalmente aceptables.

Tenemos entonces, por un lado, la función racional propia del hombre y, por otro, la alternativa entre el buen y el mal uso de esa función.

¿Cómo se conecta con esto la noción de virtud?
"Virtudes":
Aquellos hábitos que llevan a aplicar las capacidades racionales en la dirección adecuada, y disponen a perseguir con medios racionales
no cualquier tipo de fines, sino aquellos que son racionalmente justificables.


La conexión entre facultades racionales y virtudes consiste en que las virtudes son hábitos que se constituyen sobre las facultades racionales y las encaminan en una dirección determinada.

Las virtudes orientan las facultades en la dirección
adecuada
, esto es, a la obtención de fines que ante la crítica racional se revelan como racionalmente aceptables.
Hay que tener en cuenta que Aristóteles
no define la felicidad en función del mero éxito.

La noción de "éxito" es moralmente neutral, pues consiste simplemente en obtener cualquier deseo que se pueda tener.

Ejemplo:
Si se tiene el deseo de hacerse rápidamente de dinero y se piensa que la mejor manera de conseguirlo es robando un banco,
se puede realizar exitosamente (o no), según se logre o no el objetivo.

Si se puede robar sin inconvenientes, se dice que se tuvo éxito.

Empleada de esta manera, la noción de éxito es
moralmente neutral
, pues se puede aplicar tanto a situaciones que se consideran moralmente aceptables, como a otras que no.

Aristóteles define la felicidad por referencia a aquellos fines que tienen que ver con
el pleno despliegue de las potencialidades naturales.
Y como el hombre está caracterizado específicamente por la racionalidad, el fin propio del hombre consiste en el despliegue pleno de las facultades racionales (en un sentido amplio que también incluye la emocionalidad) y
el hombre será feliz
cuando logre el pleno despliegue de lo que por naturaleza es:
un ser racional.

La felicidad está definida por
aquellos fines que están anclados en la naturaleza propia del sujeto en cuestión
, entendiendo por "naturaleza" lo que comparte con todos los sujetos de la misma especie.
Por supuesto, la manera concreta en que cada sujeto humano llegue a realizar ese despliegue pleno de las facultades racionales es muy variable, pues
depende decisiva, aunque no completamente
, de las
situaciones
en las que ese sujeto se encuentra.
No hay en Aristóteles un recetario para llegar a la felicidad, como si dijera: "si usted es racional, haga lo siguiente para ser feliz"...

Existen
indicaciones mucho más genéricas
, que se relacionan con un
catálogo de virtudes
que hay que aprender a desarrollar en cada situación

En el desarrollo de estas virtudes están de alguna manera especificados los
"componentes del florecimiento humano"
:
generosidad, valentía, justicia, etc.
En el desarrollo y cultivo de esas virtudes está para Aristóteles el fin último del hombre y en lograr ese fin está el desarrollo pleno del hombre: a esto Aristóteles le llama felicidad.

Ahora bien, qué significa
ser

valiente

hoy
, en este país,
o
qué significaba
ser valiente en las guerras napoleónicas
, son preguntas que no se pueden responder con la misma receta.
Para Aristóteles, qué significa ser valiente en cada contexto exige
una respuesta altamente variable
, que la
prudencia
debe determinar en cada caso.

Pero,

el imperativo general de que hay que ser valiente no tiene la misma variabilidad
que la determinación de en qué consiste ser valiente aquí y ahora.
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