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Tema 3: Qué debemos buscar en la vida

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Fco. Javier Ovejero Molero

on 17 November 2014

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Transcript of Tema 3: Qué debemos buscar en la vida

4.2 Lo necesario y lo importante en la vida
La fórmula de la felicidad podría consistir en encontrar un equilibrio, que cada uno debe definir a su manera, entre lo necesario (los fines más básicos) y lo importante (los fines más elevados y personales).
Tema 3: Qué debemos buscar en la vida
2. Los criterios morales y la noción de valor
Los principios morales que discute y define la ética o filosofía moral no pueden proceder de una autoridad distinta de la razón humana.
3. La ética, ante los fines de la vida
4. Cómo integrar los distintos fines de la vida
¿Existe un mismo concepto de felicidad que integre los concepto que hemos visto en las diferentes corrientes éticas?
4.1 Los distintos componentes de la felicidad
La felicidad humana es un compuesto de varios elementos. Algunos son más primarios y están relacionados con nuestro bienestar físico: se trata de los placeres corporales que nos proporcionan la salud o los alimentos. Otros, sin embargo, tienen un carácter más elevado y personal: son las satisfacciones espirituales que nos brindan la amistad o el placer de descubrir y de crear.
Para ser felices hemos de disfrutar, aunque sea mínimamente y con moderación, de los placeres corporales y también de las satisfacciones espirituales, que a diferencia de las puramente corporales no se agotan en el instante y suelen ser la base permanente de nuestra autoestima personal.
1. Cómo podemos justificar nuestra moral
Todos los seres humanos tenemos unas normas morales, aunque rara vez reflexionemos acerca de su validez. Aquí, vamos a reflexionar sobre esa validez, es decir, vamos a movernos en el terreno de la ética.
No sólo debemos tener una moral. También necesitamos, como seres racionales que somos, estar seguros de que esa moral que asumimos es correcta, justa y, en definitiva, válida. Pero esto quiere decir que debemos respaldar nuestra moral con una reflexión ética que la justifique.
1.1 La moral como sentimiento
Solemos aceptar las normas morales porque nos parece que son evidentemente correctas, y no necesitan, por tanto, justificarse.
En la mayoría de las ocasiones, en efecto, al enjuiciar moralmente una conducta solemos apoyarnos nada más que en nuestra intuición moral; o lo que es lo mismo, en nuestro sentimiento de que esa conducta es buena o mala.
1.2 Del sentimiento moral a la razón moral
Pero en ocasiones ocurre que no lo vemos claro: no sabemos cómo enjuiciar una acción o cómo enfrentarnos a un dilema. En esos casos, nuestra intuición moral, basada en el sentimiento, no basta. Entonces tenemos que utilizar nuestra capacidad de reflexión racional.
Utilizar esa capacidad de reflexión racional significa pasar del puro sentimiento moral al razonamiento moral, un razonamiento que puede llegar a cuestionar la validez de las propias normas morales que hasta el momento hacíamos irreflexivamente nuestras.
Usted viaja en un barco que se accidenta. Junto a 30 supervivientes, usted se dirige a tierra en un bote salvavidas, pero el bote no soporta tanta gente y se decide mantener a solo 7 personas en él. ¿Crees que sería moralmente permisible que para salvar a algunas personas lanzar a los demás por la borda, sobre todo viendo que, de lo contrario, todo el mundo se ahogará?
Dilema moral
Dilema moral II
Este dilema es un hecho real. Usted y sus hijos son prisioneros en la Segunda Guerra Mundial. Se hallan en un campo de concentración. El encargado le dice que debe elegir uno de sus dos hijos para enviarlo a la cámara de gas. Si usted no elige, se los llevará a los dos. ¿Que haría en esa situación?
1.3 La necesidad de criterios éticos
Para saber si las normas morales son válidas o no, debemos compararlas con algún modelo o patrón de validez exterior y, a la vez, superior a ellas. A lo largo de la historia, los pensadores que se han ocupado de este problema han adoptado, básicamente, dos posturas distintas al respecto:
El patrón que debe servirnos para determinar la validez de las normas morales es el ser humano mismo: un sistema de normas morales será válido si resulta apropiado para nuestra naturaleza.
El patrón que permite establecer la validez de las normas morales no es el ser humano, sino una realidad externa a él y superior a él. Esa realidad es Dios: un sistema de valores será válido si se corresponde con la voluntad divina, con las normas que Dios mismo ha establecido.
3.1 La perspectiva de la felicidad
Para determinar cuál es la naturaleza del ser humano, los filósofos morales se han preguntado sobre los fines a los que tiende nuestra naturaleza y sobre cuál de esos fines es el más importante. Casi todos responderíamos que la naturaleza humana tiende, por encima de todo, a la felicidad.
Pero, ¿en qué consiste la felicidad?
3.2 La felicidad como placer
Según el hedonismo, la felicidad consiste en lograr el máximo de placer y en evitar todo lo posible el dolor, por lo que el criterio fundamental que debe guiar el comportamiento de cada individuo es la búsqueda del placer y la evitación del dolor.
No obstante, si se acepta el principio hedonista del placer, queda por decidir cuáles son los placeres importantes y cuáles los secundarios. Los epicúreos opinaban que las satisfacciones espirituales de la amistad o el dominio de nuestras pasiones son superiores al placer corporal. El epicureísmo no recomienda la satisfacción inmediata y desenfrenada de nuestros impulsos. Aconseja regir nuestro comportamiento por un cálculo racional que dé prioridad a los placeres más duraderos y profundos, entre los que destacan los d carácter espiritual.
3.4 La felicidad como autorrealización
Para ser realmente felices, necesitamos algo más que el placer o la mera utilidad: necesitamos realizarnos como personas, desarrollar al máximo nuestras potencialidades como seres humanos.
Para ser felices, tenemos que autorrealizarnos como personas. Y esto se logra a través del ejercicio de una actividad que nos resulte satisfactoria, que dé sentido a nuestra vida y que los demás consideren valiosa.
Crítica al hedonismo:
El hedonismo solo tiene en cuenta la felicidad del individuo, que identifica con el placer, sin preocuparse por la felicidad colectiva. Si todos aplicáramos este principio acabaríamos enfrentándonos y sería imposible organizar pacíficamente la vida social.
3.3 El punto de vista de la utilidad
El principio fundamental del utilitarismo afirma que las normas que han de regir una sociedad deben ser aquellas que procuren el mayor bien para el mayor número de personas en esa sociedad.
Los utilitaristas piensan que todo lo que nos proporciona placer es bueno y, por tanto, útil para nosotros. Mas el utilitarismo no tiene solo en cuenta la felicidad del individuo, sino también la de la colectividad: una acción será buena si beneficia a más personas de las que perjudica.
2.1 Los criterios morales
Razón y experiencia deben ser las dos fuentes de nuestra moralidad. Esas dos fuentes han de actuar de forma cooperativa: un criterio moral muy racional y coherente, pero inaplicable en la práctica, no sería útil.
Por otra parte, los hechos de experiencia, por sí solos y si no los sometemos a una reflexión crítica racional, no nos suministran guías fiables para nuestra conducta. Pero, ¿qué es un criterio moral?
Un criterio moral es un principio que nos permite aplicar atinadamente una norma (una regla) o un conjunto de normas (de reglas) morales.
2.2 La noción de valor
Los valores morales son preferencias positivas (algo que nos gusta) o negativas (algo que nos disgusta) referidas al comportamiento moral y que justifican y dan sentido a ese comportamiento.
Valores positivos: igualdad, libertad, solidaridad...
Valores Negativos: esclavitud, discriminación...
2.3 El bien y la justicia como valores fundamentales
Los valores fundamentales que deben regir la acción humana son el bien y la justicia.
El bien es el conjunto de objetivos y comportamientos que deben guiar nuestra conducta individual y social.
La justicia es la actitud que consiste en procurar que cada uno reciba lo que le corresponde, porque es suyo o porque lo merece.
La práctica de la justicia requiere de un criterio para determinar qué le corresponde recibir a cada uno: ese criterio es la equidad: es justo lo que resulta equitativo; lo que refleja de manera equilibrada de acuerdo al principio de reciprocidad (debemos corresponder a quien nos hace un bien devolviéndole de alguna manera ese bien).
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