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Demografía y sociedad en el siglo XVIII

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on 26 November 2013

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Cambios Demográficos y revolución Agrícola en Europa del Siglo XVIII.
Los especialistas han establecido como causas del cambio demográfico, desde 1750, las siguientes:
Aumento de las tasas de fecundidad y natalidad: La edad de la mujer para contraer matrimonio disminuyó, así como el porcentaje de celibato definitivo femenino.
Disminución leve de la mortalidad: Las crisis fueron menos frecuentes y sobre todo menos trágicas. La importación de productos desde América aumentó la producción agraria; la introducción de la papa, el maíz y el cacao favoreció el abastecimiento y la reserva de alimentos; igualmente la mejora de las vías de comunicación facilitaron el transporte y distribución de granos a lugares donde escaseaban.
Movimientos migratorios: Durante los siglos XVII y XVIII, cerca del 80% de la población de Europa Occidental estaba en el campo.

Demografía y sociedad en el siglo XVIII

En el siglo XVIII se dieron cambios importantes en la estructura social europea, relacionadas con las transformaciones en las tendencias demográficas y de la configuración de la familia en Europa.

En este período, especialmente desde 1750, hubo un gran incremento de la población en Europa, excluyendo Rusia, pasó de 95 millones habitantes en 1700 a 146 millones en 1800; existiendo variaciones entre los distintos países e incluso entre regiones de un mismo país.
Se pueden identificar tres (3) tipos de crecimiento demográfico en Europa:
Crecimiento demográfico acelerado: en Prusia oriental, Pomerania, Silesia, Hungría y el Imperio Ruso.
Crecimiento demográfico moderado: Irlanda, Inglaterra-Gales, y países bajos austríacos.
Crecimiento demográfico moderado bajo: Francia, España, y los Estados italianos.

En contraste, ciudades como Londres eran atractivas para personas que querían mejorar, así que las migraciones internas y externas contribuyeron a reducir la tasa de natalidad en los sitios abandonados, a retrasar el matrimonio y a aumentar el índice de celibato definitivo de los inmigrantes a las ciudades.

Lo anterior indica que las migraciones ejercieron un papel moderador del crecimiento demográfico.Los cuatro (4) centros urbanos más importantes de Europa, fueron: Londres, París, Nápoles y Viena; en Rusia, San Petersburgo y Moscú.
Las ciudades de mayor crecimiento fueron las capitales administrativas y políticas, los puertos y las ciudades industriales.

El fenómeno de urbanización se dio con mayor fuerza en Inglaterra, debido a su desarrollo económico.

La Familia: Parentesco y solidaridad
En esta época se identificaron en Europa diversos modelos familiares, de acuerdo a las tradiciones y formas de explotación económica, así:

Familia comunitaria: Convivían diversos grupos matrimoniales, de padres e hijos u otras combinaciones de parentesco. En las prácticas hereditarias se privilegiaba a un solo heredero; siendo ésta la característica de los grandes señoriales de Europa del este, Rusia y Polonia, y determinadas zonas de aparcería: Poitou, Auvernia o las Mezzadria de Italia Central.

Familia troncal: Los progenitores convivían con el matrimonio de uno de sus hijos, el heredero de todos sus bienes; los demás hermanos permanecían solteros en la misma casa, una vez casados se integraban a la misma familia o y norte de Portugal, Francia meridional, zona alpina y países bálticos.

Familia nuclear, conyugal o simple: Compuesta por la pareja y sus hijos solteros, quienes al casarse constituían su propio hogar. Presente en toda Europa, con predominio en el noreste del continente.
Los cambios socioeconómicos de los siglos XVIII y XIX perfeccionaron el modelo de familia conyugal que resultó más flexible, funcional y adaptativo a las nuevas condiciones modernas.
De todas maneras, antes del siglo XVIII, la familia vivía así:
Era ante todo una unidad productiva, donde cada miembro debía aportar mano de obra para el trabajo y el matrimonio tenía un carácter económico y social.
Una madre tenía más de cinco (5) hijos, pero la posibilidad de que llegaran a la edad adulta, eran reducidas.
Los niños a muy temprana edad eran vinculados a las labores del campo y su bienestar no era la prioridad.
La crianza y la educación de los menores era tarea de la comunidad.
El infanticidio, el descuido y el abandono eran muy frecuentes.
Hacia la mitad del siglo XVIII, en Europa, especialmente, en Inglaterra y Francia se presentaron cambios en la familia; el aspecto sentimental adquirió importancia, aumentaron las relaciones sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales. Las parejas se empezaron a casar a edades más tempranas y las labores domésticas y el cuidado de los niños se volvió la profesión de las mujeres de clase media. Además los niños no eran considerados como individuos productivos, sino seres débiles a los que se debían cuidar; aquí empieza a perfilarse la familia moderna que se consolida durante la expansión industrial del siglo XIX.
La familia desempeñó un papel importante en las relaciones sociales de las comunidades. La solidaridad y la asistencia en las familias eran muy amplias, en cualquier grado de parentesco; sin faltar los conflictos.
Población Activa
En el siglo XVIII, la población activa, generalmente, trabajaba en actividades agrícolas y ganaderas, alternadas con la industria casera.Debido a las cargas económicas, se amplío el período de los individuos, la mujer tenía una elevada participación laboral asociada a la vida doméstica, agrícola y de pastoreo; también participaba en la industria casera, como artesana independiente o como asalariada en actividades textiles y en el servicio doméstico.

En Gran Bretaña, la industria doméstica estacionales fueron el paso intermedio entre el taller artesanal y la fábrica. Durante el invierno, el mercader capitalista les suministraba a los campesinos materia prima: lana, lino y telares manuales o ruecas para elaborar productos textiles. Toda la familia trabajaba y luego el mercader pasaba a pagar y a recoger el producto para venderlo en mercados distante.
En la segunda mitad del siglo XVIII, el artesano británico era cada vez más dependiente del mercader o comerciante.El artesano perdió contacto con el cliente y las relaciones comerciales empezaron a ser más impersonales.

El artesano fue endeudándose y terminó por vender sus parcelas, convirtiéndose en un asalariado, desapareciendo poco a poco la industria casera, sus dueños se desplazaron a la ciudad para trabajar en fábricas industriales. Esta dinámica británica se replicó en el resto de Europa, durante el siglo XIX.
La Revolución Agrícola
En el siglo XVII la agricultura y ganadería era muy semejante a la Edad Media, franjas de tierra en diferentes campos. Los cultivos de trigo y cebada eran sembrados en rotación anual y la tierra se dejaba en barbecho cada tres (3) años para su recuperación. Se separaban zonas denominadas ejidos, que eran zonas abiertas comunales en las que los campesinos pastaban sus animales, extraían la turba y madera y recolectaban forraje para los animales. En invierno, la ganadería era pobre por falta de forraje y por las epidemias.
Pero este sistema se alteró por cambios e innovaciones técnicas en la producción agrícola, dados desde el siglo XVII en los Países Bajos, y que se extendieron desde el siglo XVIII a Inglaterra y otras áreas de Europa. Mientras tanto, zonas aledañas a la ciudad, donde dominaban las pequeñas y medianas explotaciones eran aprovechadas para desarrollar una agricultura intensiva variada y de alto rendimiento. Se trabajaba con aperos más eficientes y se alternaban complejamente los cultivos: a los cereales sucedían plantas industriales, leguminosas y forrajeras. Esta alternancia permitió mayores niveles de fijación de nitrógeno favoreciendo la fertilidad del suelo.
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