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Psicología Comunitaria PS UAC 2012-2

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Denise Oyarzún Gómez

on 23 January 2015

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Transcript of Psicología Comunitaria PS UAC 2012-2

PSICOLOGÍA
Somos seres de relaciones,
en un mundo de relaciones (Freire, 1986)
El contexto en el que los científicos y profesionales se movilizan para dar cuerpo a la Psicología Comunitaria responde en parte a la transformación de los sistemas de salud norteamericanos en respuesta a las prácticas de recuperación de salud en instituciones de orden asilar centradas en aspectos biomédicos en contraposición a los psicosociales.
En Swampscott se define el concepto de Psicología Comunitaria en torno a la acción de psicólogos que serían “agentes de cambio, analistas del sistema social, consultores para los asuntos de la comunidad y estudiosos en general del hombre completo en su relación con todo su ambiente.
Corriente Norteamericana
La Psicología Social Comunitaria Latinoamericana se ha desarrollado en diversos contextos geográficos y políticos regionales. Está vinculada a la Educación Popular y tiene una pertenencia paradigmática al Socio-construccionismo. Sus principales referentes teóricos deben situarse en la “pedagogía del oprimido” de Paulo Freire, los escritos de Orlando Fals Borda sobre investigación-acción, y los trabajos de Martín-Baró. El concepto de Desarrollo Comunitario y de Investigación Acción Participativa ocupa un papel primordial en su estrategia de trabajo. Su centro de acción es la participación comunitaria, resaltando, a nivel de principios y premisas básicas, la presencia activa de la comunidad en todo el proceso de la intervención.
La Psicología Social Comunitaria se define como una vía para lograr la autogestión a efectos de que los individuos produzcan y controlen los cambios en su ambiente inmediato. En donde se entiende el interventor como un agente de cambio, que actúa a través de la inducción de la toma de conciencia, la identificación de problemas y necesidades, la elección de vías de acción y el cambio en las relaciones individuo-ambiente, con la consiguiente transformación de este último.
la Psicología Comunitaria en Chile, no obstante el reconocimiento de experiencias pioneras y sin duda señeras de los sesenta y los ochenta, es necesario precisar que la Psicología Comunitaria nace efectivamente, se constituye y comienza a conformarse en el país, como una especialidad profesional propiamente tal, hacia los años noventa, a propósito de las transformaciones de la política social ocurrida en ese período.
Corriente Latinoamericana
La inserción de los profesionales psicólogos, desde 1990 en adelante, en programas abocados a trabajar temáticas tales como drogas, salud mental, discapacidad psíquica, embarazo adolescente, tercera edad, violencia intra familiar, etc. Esto ocurre a raíz del surgimiento de un nuevo tipo de políticas sociales, que ponen el acento en temas como la integración social, la inversión en capital humano, resaltando en el análisis de la pobreza dimensiones no solo socioeconómicas, sino dimensiones relativas a género, generación, pertenencias territoriales y comunitarias, mucho más próxima a una mirada psicosocial de los problemas sociales.
Corriente Nacional
Las Políticas Sociales que dieron condición y posibilidad al desarrollo proliferación y extensión de la Psicología Comunitaria, durante los noventa, orientaron estrategias de trabajo centradas en lo individual de corte asistencial, distanciándose de los énfasis clásicos, característicos y emblemáticos de la Psicología Comunitaria, referida habitualmente a modelos de tipo Amplificación Sociocultural, que utiliza referencias derivadas de la Educación Popular, y que siempre privilegia estrategias participativas.
La importancia de discutir/revisar la vinculación entre Políticas Sociales y Psicología Comunitaria tiene que ver con dos constataciones básicas:
1) Esta relación tiene implicancias tanto académica, como profesionales para la psicología comunitaria. Ello en relación a que los programas de políticas sociales son crecientemente espacios de ejercicio profesional para los psicólogos comunitarios y que los programas de políticas sociales permiten el desarrollo e innovación de nuevas prácticas de intervención, relativas a nuevos ámbitos de problemáticas y relativas a sujetos diversos, entre otras.
2) Da también relevancia a esta relación el hecho que la literatura muestra importantes grados de tensión entre las orientaciones de las políticas y las directrices de la psicología comunitaria. A nivel Valórico / Ético; de Estrategia y de Modelos de Referencia. Además, se reporta que los procesos de institucionalización de los psicólogos en programas estatales generaría tensión entre lógica de trabajo “desde abajo” –propia de los enfoques comunitarios-, respecto de una lógica “desde arriba hacia abajo”- propia de la racionalidad técnica de las políticas sociales, entre otras.
La Psicología Comunitaria tiene un potencial espacio de contribución en las estrategias y también en el diseño de políticas sociales, en particular frente a las carencias en la integración de componentes participativos y de valoración de las dinámicas socio comunitarias de la que han dado muestra las intervenciones desarrolladas en Chile basadas en el Enfoque de Manejo Social de Riesgos.
En cuanto a la tensión entre las intervenciones realizadas desde las ONG y las realizadas desde organizaciones gubernamentales, se trata de una tensión del pasado la que, a raíz de los desarrollos actuales, ha ido disminuyendo.
De hecho, se ha minimizado a tal punto que -como muestran los resultados de investigación en los mismos centros y programas coexisten fuentes de financiamiento gubernamentales con no gubernamentales.
Y este acercamiento no se aprecia sólo en la dimensión administrativa y financiera, sino también en las modalidades de intervención, las cuales en los años ochenta eran dos polos extremos en el quehacer comunitario (Winkler & Prado, 1986) y actualmente se entremezclan.
El concepto de comunidad estaría basado en la inclusión de tres elementos imprescindibles: pertenencia, interrelación y cultura común. Con ello Krause (2007) enfatiza la dimensión subjetiva (incluyendo parte de la acepción del «sentido de
comunidad» de Sarason, (1974)), minimizar el componente valorativo y eliminar la necesariedad de la incorporación del territorio. Asimismo, propone entender la pertenencia en su dimensión subjetiva y no centrarla en el tiempo. La siguiente tabla sintetiza estos tres elementos del concepto de comunidad.
Pertenencia: Sentirse parte de, perteneciente a o identificado con.

Interrelación: La existencia de contacto o comunicación (aunque sea virtual) entre sus miembros, y mutua influencia.

Cultura común: La existencia de significados compartidos.
Según Krause (2007) cuando enfrentamos la dimensión ética, debemos equilibrar igualdad con diversidad, pertenencia con apertura hacia el medio externo, identidad con tolerancia, y conexión y apoyo con libertad, lo cual sin duda constituye un importante reto para quienes trabajamos en el fortalecimiento de comunidades.
Tradicionalmente, la Psicología Comunitaria se ha inspirado en un concepto de comunidad fuertemente ligado a la noción de territorio (en el sentido de localidad geográfica). Sin embargo, en la era histórica que se encuentra actualmente en inicio, se va desvaneciendo la noción de territorio físico de las comunidades, estableciéndose redes y agrupaciones de personas que no comparten una ubicación geográfica común; es más, algunas de las cuales ni siquiera tienen contacto cara a cara. Ante esta realidad cabe plantearse la necesidad de redefinición del concepto de comunidad. Sin embargo, un nuevo concepto, si bien podrá prescindir de la noción de territorio, deberá incluir algunos elementos que permitan distinguir una comunidad de otro tipo de asociaciones humanas.
La comunidad es el «objeto» más propio, la esencia misma de la Psicología Comunitaria. Es su objeto de estudio, de teorización y de intervención. Es su razón de existencia. Sin comunidades, carece de sentido la Psicología Comunitaria.
Comunidad
De acuerdo a Montero (2004) la mayoría de los autores define a la Psicología Comunitaria como aquella que trata de la comunidad y que es realizada con la comunidad. Esta definición permite delimitar lo comunitario y lo asistencial con bastante claridad, pues, si se excluye el rol activo de la comunidad, podrá tratarse de aplicaciones psicológicas concernientes a la salud, la educación, el asesoramiento, aspectos específicamente clínicos que, aunque tengan lugar en el territorio propio de la comunidad (si lo hay), no implicarán un trabajo comunitario al no contar con la participación de quienes integran la comunidad a la cual se dirijan esas acciones ni con su perspectiva del asunto.
¿Qué es la Psicología Comunitaria?
Tradiciones en
Psicología Comunitaria

Desarrollo de Competencias
Intervención en Red
Amplificación Sociocultural
Estrés Psicosocial
Apoyo Social
Competencia Individual
Ecología Social
Práctica de Red
Red de Redes
Educación Popular
Psicología Social Comunitaria
Amplificación Sociocultural
Perfil
Profesional
Académico

Políticas
Sociales

El Psicólogo Comunitario se define por sus roles de: analista de sistemas sociales; diseñador; planificador; organizador y difusor de programas de intervención; consultor; asesor; educador; mediador y experto en relaciones humanas; abogado social; dinamizador; catalizador de cambio comunitario; facilitador del desarrollo de recursos humanos; y evaluador de programas, recursos y necesidades y problemas.

Desde esta postura, y en términos generales, el psicólogo de la comunidad sería un técnico especializado que actúa en procesos sociales desde un método y en conjunto con equipos interprofesionales (Sánchez y González; 1988).
Un "proyecto social" se refiere a toda acción social, individual o grupal, destinada a producir cambios en una determinada realidad que involucra y afecta a un grupo social determinado (Martinic, 1996).

Cambios, entendidos como un avance positivo en la “realidad” a intervenir – actuar, específicamente, una mejoría- transformación en las condiciones y la calidad de vida de los sujetos - actores involucrados en dicha “realidad”.

De esta manera el proyecto se transforma en una "apuesta", una hipótesis de acción en determinados ámbitos y aspectos de la realidad social, para producir el cambio deseado.
Para que la intervención sea coherente, pertinente y relevante, se necesita de un ajustado diagnóstico sobre la realidad que se aprecia como negativa y sobre la cual se actuará, para producir el cambio esperado en dicha situación, hacia una situación mejor para el grupo o población de que se trate.
Diseño,
ejecución y
evaluación
Las prácticas de intervención comunitaria y psicosocial de los psicólogos en programas y políticas sociales, son constituidas desde el interjuego de un conjunto de dispositivos de acción que integran y articulan, por una parte, el nivel de las competencias profesionales entregadas por los programas de formación de psicólogos; los requerimientos técnicos de los marcos situacionales de las instituciones y programas en los cuales se despliegan las intervenciones, por otra parte; y el espacio simbólico y material de elaboración que constituye el propio interventor, en tanto agente/actor socialmente situado, en el cual sedimentan estos diversos planos en la propia práctica de intervención.
La lógica selectiva, creada durante los noventa, se tradujo en el establecimiento de los grupos vulnerables, prioritarios para la política social (etnias, género, discapacitados, jóvenes, adultos mayores, infancia) y en la creación de distintas instituciones dedicadas a generar políticas para estos grupos: Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI, Servicio Nacional de la Mujer SERNAM, Fondo Nacional de la Discapacidad FONADIS, Instituto Nacional de la Juventud INJUV y Servicio Nacional del Adulto Mayor, SENAMA (Raczynski y Serrano, 2005).
El desarrollo de la Psicología Comunitaria se caracteriza por un desarrollo mayoritariamente vinculado a las estrategias impulsadas por el Estado-Gobierno, las que se focalizan en “grupos vulnerables” y que responden a políticas y programas selectivos que abordan una serie de problemas derivados de la exclusión social (Alfaro, 2000).
Hasta hace pocas décadas, la relación de la comunidad con la salud ha sido objeto de atención más de la sociología y de las ciencias sociales en general que de la psicología o de la misma medicina. La Psicología comunitaria de la salud ofrece una respuesta disciplinaria de la psicología a necesidades y demandas sociales, y también a cuestiones y retos que tenía que afrontar como disciplina aplicada.
La Psicología Comunitaria de la Salud (de patente americana) es el punto de confluencia de una serie de orientaciones críticas respecto al modelo biomédico clínico tradicional y, al mismo tiempo, el punto de arranque de un movimiento que, en su versión radical, se presenta como alternativo y, en la moderada, como complementario del mismo.
Expresiones de Lewin como "Ninguna acción sin investigación, ni investigación sin acción" o "No hay nada tan práctico como una buena teoría" resumen sus planteamientos básicos. Para Lewin "En otras palabras, la investigación debe ser destino de la acción social (investigando su desarrollo y efectos) y fuente de ella (generando acción). Y viceversa. Se trata de una investigación sobre (o de) la acción complementada con una acción (social) producida desde la investigación" (Sánchez, 1988, pág. 197).
El método es la Investigación Acción Participativa (IAP) que permite adoptar diferentes enfoques y estrategias metodológicas en la psicología comunitaria. Lo cual es evidente en la evolución misma de Fals Borda, que ha escrito sobre la IAP usando diferentes enfoques teóricos en diferentes momentos durante los últimos 40 años. Por lo general se reconoce su influencia y es considerado como el principal autor en la redefinición crítica de la investigación acción, pero en el medio de la psicología las citas sobre Fals Borda giran alrededor de muy pocas de sus obras y parece desconocerse que él mismo se ha reciclado conceptualmente y hecho balances críticos significativos a lo largo de su vida.
La investigación-acción participativa como proceso de construcción de conocimientos (dimensión metodológica). Lo cual refiere más específicamente al asunto del conocimiento como poder, al necesario aprendizaje autogestivo de habilidades de negociación política a partir de una movilización efectiva de las organizaciones y comunidades de base para lograr cambios e influencia en las decisiones, que permitan contrarrestar los mecanismos de cooptación. El marco más adecuado para lograr este conocimiento es el de la investigación–acción participativa (IAP) desarrollada en América Latina y otras regiones del Sur.
La Educación Popular, en términos generales utiliza una lógica de trabajo que corresponde con la noción de Acción Cultural presentada por Walker (1987), según la cual ella se define como un proceso de acción– reflexión orientado a la transformación de las significaciones, el cuestionamiento crítico de las existentes y el proceso permanente de construcción y cambio cultural.
Para Freire (1987.1974) la concienciación es un proceso de descubrimiento y reconocimiento de la propia situación existencial y una toma de posición frente a ella. Desde la Educación Popular, la intervención (concienciación dirían los educadores populares) apunta a un doble movimiento: la creación de una nueva cultura a través del diálogo entre los hombres, imbricadamente con una inserción praxis-crítica (Freire; 1987; 1974).
Para Freire es a través del dialogo horizontal que se procura transformar la alienación y el aislamiento del individuo. Para generar así la condición de la de actor. Es el diálogo concebido como la principal acción transformadora, en tanto es en él donde radica tanto la acción intersubjetiva como el proceso reflexivo de la conciencia. El diálogo sería la vía desde donde surge la reflexividad que permite que el sistema de significación se vuelva sobre sí mismo y genere sentidos y prácticas diferentes, transformando así lo humano.
La noción de fortalecimiento ha sido señalada como una de las vías fundamentales para alcanzar el desarrollo y la transformación de las comunidades que tiene la psicología comunitaria. En efecto, si se revisa el origen de esta subdisciplina en América, tanto en América latina como en los Estados Unidos y el Canadá, se verá que a pesar de que hay tendencias orientadas primordialmente hacia el asistencialismo, siempre está presente una línea que centra la atención en la comunidad, en la organización de sus miembros y en su desarrollo, insistiendo en la necesidad de la participación de las personas, en el apoyo a sus cualidades positivas y en el fomento de sus capacidades, es decir, en el fortalecimiento de esos individuos y grupos para que logren por sí mismos transformaciones positivas que mejoren su calidad de vida y su acceso a bienes y servicios de la sociedad a la cual pertenecen.
A pesar de que en América latina, desde fines de los años setenta, se viene hablando de fortalecimiento o de potenciación, la aparición en la lengua inglesa del neologismo empowerment ha producido una reacción de copia automática de la denominación, incluso en ámbitos donde ya se hablaba de fortalecimiento. Esa importación puede deberse por una parte a la influencia estadounidense y, por otra, al hecho de que aunque se usaba el término castellano, no se le dio en nuestro medio un carácter central ni se elaboró una teoría a partir de el. Simplemente se incorporaban elementos fortalecedores en las estrategias de acción comunitaria y se lo advertía. Quizá por alguna de esas razones, hay quienes han adoptado la palabra en su versión inglesa, directa y sin traducción.
El proceso de fortalecimiento puede ser largo y arduo, y quienes hacemos psicología comunitaria debemos estar muy conscientes de que, precisamente porque es un proceso cuyos actores fundamentales son las personas miembros de una comunidad, no depende de nuestros planes, buenos deseos o intereses, que sólo funcionan como factores concurrentes del proceso.

Más aún, el tiempo del proceso no necesariamente coincide con el tiempo esperado o programado en los proyectos de trabajo comunitarios de los agentes externos. Se trata del tiempo de la comunidad y es necesario que sepamos observar, esperar e incluso ser sorprendidos (Montero, 2003).
Amplificación Sociocultural
Intervención Comunitaria
Psicología Comunitaria de la Salud
Grupos vulnerables
Investigación Acción Participativa
Fortalecimiento Comunitario
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