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El amor y la sexualidad femenina medieval

El Romancero, el Libro del Buen Amor y la Celestina
by

GaBo Monges

on 24 October 2013

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Transcript of El amor y la sexualidad femenina medieval

Los Pecados en la Edad Media
Gula
Soberbia
Codicia
Avaricia
Lujuria
Envidia
Ira et Vanagloria
Pereza
La Dueña
La Monja
Serrana
Trotaconventos y la Alcahueta
La Sexualidad femenina
El amor y la sexualidad
¿Agora que sé de amor
me metéis monja?
¡ay, dios, qué grave cosa!
Agora que sé de amor
de caballero,
agora me metéis monja
en el monasterio:
¡ay, dios, qué grave cosa!
Agora que sé de amor..
El Romancero
Clases de romances

Históricos.
Fronterizos.
Legendarios.
Carolingios.
Novelescos.
Líricos.
El romancero viejo.
El romancero nuevo.
Romance de la gentil dama y
el rustico pastor
Estábase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
desde lejos me llamara,
no le quise responder.
Respondíle con gran saña:
—¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:
—Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es de mediodía,
que ya es hora de comer;
si querrás tomar posada,
todo es a tu placer.
—Que no era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer e hijos,
y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra,
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.
—Vete con Dios, pastorcillo,
no te sabes entender,
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadica en la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de esparver,
las teticas agudicas
que el brial quieren romper,
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.
—Ni aunque más tengáis, señora,
no me puedo detener.
Serrana de la Vera
Sátira a una Alcahueta
Hay una (quien quisiere saber della,
oiga), que Dipsas dicen que se llama
y es vieja que holgaréis de conocella;
de los lazos y telas que ata y trama
le vino el nombre, que tan bien le viene
de alcahueta y hechicera, es fama.

Gran mando el sacro Baco en ella tiene;
jamás vio el sol que no se hallase llena
del falerno licor que la entretiene;
parece que no tiene SANGRE en vena,
vieja, arrugada, sucia, fiera y fea,
que su mismo semblante la condena,
sabe todas las artes de Medea;
las yerbas y las piedras más potentes
sabe mudar en lo que más desea;
volver hace a sus FUENTES LAS CORRIENTES,
y hace el sereno cielo estar nublado
y el nublado con rayos refulgentes.

Yo vi, si me creéis, el estrellado
cielo, GOTAS DE SANGRE DESTILANDO,
Y EL ORBE DE LA LUNA ENSANGRENTADO.
Pienso que esta de noche anda volando
entre nocturnas sombras, bruja hecha,
con pluma el viejo cuerpo cobijando.
Es fama, y antes tuve yo sospecha,
que goza de doblada vista el ojo
de la putana vieja contrahecha;
nadie la puede ver que no haya enojo;
tal es su sucio gesto y su semblante
que parece diabólico despojo;
hiende la fría tierra en un instante
y provoca las almas del infierno
do Furia no hay a ella semejante;
NO SE LE ESCAPA NINA O NIÑO TIERNO
CUYA SANGRE NO CHUPE, MENGÜE O BEBA
trayendo al diablo siempre en su gobierno.

A do quiera que va continuo lleva
el cuello de un rosario rodeado
con que a las simplecillas mozas ceba.

A dicha o a desdicha fui llevado
a parte do su mal consejo daba
a quien de hermosas damas es dechado.

Tales palabras de malvada hablaba
a la presente estrella que tenía
(yo detrás de una puerta la escuchaba):
«Bien sabes, clara luz del alma mía,
que ya te vio y habló aquel mancebo
y dijo que eras toda su alegría.

Mas tal es tu hermosura, tal el cebo
que tu vista derrama, si tuvieras
conforme a tu valor vestido nuevo;
tan dichosa pluguiera a Dios que fueras
como eres más hermosa que ninguna
que yo sé que quizás me socorrieras;
mas fuete muy contraria la fortuna
con la estrella de Marte, pero mira
que coyuntura viene ahora oportuna.

Un nuevo y rico amante que suspira
por agradarte y muere por servirte
y lo que has menester todo lo mira;
de su verdad no quiero yo decirte
mas de que me parece que deberías
pedirle, sin del todo a él rendirte;
si fingieses vergüenza medrarías,
pero si la tuvieses verdadera
mucha ganancia sé que perderías;
cuando con ojos bajos a manera
de quien está confusa, le mirares,
has de mirar en lo que trae cualquiera;
rogada tomaras lo que tomares
con arte y linda astucia y ocultando
nuestras necesidades y pesares.
DIEGO HURTADO DE MENDOZA (1503-75).
Tomado del libro POESIA ESPAÑOLA DEL SIGLO
DE ORO de Luis Rosales
Allá, en Garganta la Olla,—en la Vera de Plasencia,
Salteóme una serrana—blanca, rubia, ojimorena.
Trae el cabello trenzado—debajo de una montera,
Y porque no la estorbara,—muy corta la faldamenta.
Entre los montes andaba—de una en otra ribera,
Con una honda en sus manos,—y en sus hombros una flecha.
Tomárame por la mano—y me llevara a su cueva;
Por el camino que iba,—tantas de las cruces viera.

Atrevíme y preguntéle—qué cruces eran aquéllas,
Y me responde diciendo—que de hombres que muerto hubiera.
Esto me responde, y dice—como entre medio risueña:
«Y asi haré de ti, cuitado,—cuando mi voluntad sea.»
Dióme yesca y pedernal—para que lumbre encendiera,
Y mientras que la encendí,—aliña una grande cena.

De perdices y conejos—su pretina saca llena,
Y después de haber cenado—me dice: «Cierre la puerta.»
Hago como que la cierro,—y la dejé entreabierta;
Desnudóse y desnudéme,—y me hace acostar con ella.
Cansada de sus deleites,—muy bien dormida se queda,
Y en sintiéndola dormida,—sálgome la puerta afuera.
Los zapatos en la mano—llevo porque no me sienta,
Y poco a poco me salgo,—y camino a la ligera.

Más de una legua había andado—sin revolver la cabeza,
Y cuando mal me pensé,—yo la cabeza volviera,
Y en esto la vi venir—bramando como una fiera,
Saltando de canto en canto,—brincando de peña en peña.
«Aguarda, me dice, aguarda;—espera, mancebo, espera;
Me llevarás una carta—escrita para mi tierra;
Toma, llévala a mi padre,—dirásle que quedo buena.»
«Enviadla vos con otro—o sed vos la mensajera.»
Soy Serranica
Soy serranica
y vengo d ' Extremadura.
¿Si me valerá ventura?

Soy lastimada,
en fuego d ' amor me quemo;
soy desamada,
triste de lo que temo;
en frío quemo
y quémome sin mesura.
¿Si me valerá ventura?
Cancionero de Upsala, fol. 24 v.
No quiero ser monja, no.
No quiero ser monja, no,
que niña namoradica só.

Dexadme con mi plazer,
con mi plazer y alegría;
dexadme con mi porfía,
que niña mal penadica só.
Cancionero musical de Palacio, fol. 6r.
Perdí la mi rueca
Perdí la mi rueca,
no hallo el huso.
¿Si vistes allá
el tortero andar?

Perdí la mi rueca
llena de lino:
hallé una bota
llena de vino.
¿Si vistes allá
el tortero andar?

Perdí la mi rueca
llena d ' estopa;
de vino fallara
llena una bota.
¿Si vistes allá
el tortero andar?
Hinqué mis rodillas,
dile un besillo;
bebí un acunbre,
más un cuartillo.
¿Si vistes allá
el tortero andar?

Hallé yo una bota
llena de vino;
dile un tal golpe
y titóme el tino.
¿Si vistes allá
el tortero andar?
Vino mi marido
y diome en la toca.
¡Ay de mí, mezquina,
y cómo estoy loca!
¿Si vistes allá
el tortero andar?

Caíme muerta,
ardióse ell estopa.
Vino mi marido
y diome en la toca.
¿Si vistes allá
el tortero andar?
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