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LA “CIENTIFICACIÓN” RELATIVA DEL OFICIO.

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Miguel Lizarraga Moreno

on 30 September 2013

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LA “CIENTIFICACIÓN” RELATIVA DEL OFICIO.
Junto con cualidades morales, conductuales y físicas, el discurso pedagógico moderno introdujo la necesidad de que el maestro, además tuviera la “instrucción”, “preparación pedagógica”, esto es, tuviera conocimientos científicos.
Las descripciones de los maestros ideales de alguna manera siempre incluían algún componente racional, de 30 cualidades deseadas de estudiantes normales, la primera de ellas es la “puntualidad”, la “asistencia asidua” y la “preparación pedagógica”.
Además de tener vocación, el maestro debe dominar el conjunto de conocimientos, éstos no hacen referencia al saber acumulado por las creencias del método de enseñanza.
El maestro no debe de ser un “sabio”, sino en asuntos de teorías y métodos pedagógicos. La actitud del maestro frente al conocimiento científico, debe ser permeada de positivismo.
El maestro era el encargado, no tanto de difundir el conocimiento en sí mismo, sino la creencia en sus potencialidades, el respeto por todo lo que significa.
El maestro también podría cumplir eficazmente su labor sin ser un sabio.
Hay que tomar en cuenta que en esta etapa constitutiva del sistema de educación básica los conocimientos a inculcar se dirigían al desarrollo de habilidades mínimas en el campo de cálculo y la lecto-escritura, junto con nociones mínimas de ciencias naturales.
Ésta contradicción entre el sabio y el maestro era claramente percibida por pedagogos del periodo que analizamos. El maestro puede aceptar para sus trabajos algunos cuadros o modelos ya delineados, en realidad debe tomar posición, no puede ni debe ser prescindente. Sus propias creencias deben ser explícitas, no debe creer en lo que va a inculcar.
El amor sin límites a la ciencia y una sabiduría mínima le bastan al educador. El carácter de la función impone una adecuada dosificación entre ciencia y cualidades morales.
El desarrollo incipiente de un nuevo saber, la pedagogía y el consecuente interés de los pedagogos, influyen para que en la definición clásica del maestro ideal se incorpore esta nueva exigencia: el conocimiento del método pedagógico. “El maestro necesita dos órdenes de conocimientos, los del sabio y los del pedagogo.
“La diferencia entre ser maestro veracruzano y los demás maestros no estaba en la cultura positiva si no en la preparación pedagógica.
Los pedagogos se encontraban entonces ante la necesidad de legitimar este nuevo tipo de saber formal objetivado, y no pocas veces tuvieron que luchar contra la incomprensión de otros intelectuales tradicionales que criticaban a las instituciones normales porque “se enseñaba mucha pedagogía y poca ciencia”.
El maestro pedagogo, a diferencia del maestro empírico, posee la “ciencia de enseñar”. Mientras que antes de la constitución del campo de la pedagogía, “se suponía erróneamente que la preparación científica es la suficiente”, ahora se trata de darle “la preferencia a la metodología de la enseñanza y la educación”.
Ésta diferencia supone una distinción o división: no es lo mismo la metodología de la ciencia, que metodología de la educación y la enseñanza.
Desde entonces el buen maestro debe conocer el método. Ya no basta conocer el contenido y el saber pedagógico práctico.
El buen maestro es una combinación históricamente variable de vocación, cualidades morales, conocimientos pedagógicos y conocimientos del contenido.
El método era considerado no tanto como un conjunto detallado de prescripciones que deberían determinar la práctica del maestro.
La creencia en la ciencia, en el caso de la pedagogía, tenía sus límites tanto en el hecho ya enseñado del subdesarrollo relativo de la ciencia de la educación, como en la persistencia irreductible de elementos tradicionales no racionales ya apuntados.
El maestro “moderno” ya no es el engranaje mecánico de un ordenamiento que, al igual que en la escuela lancasteriana, indica detallada y anticipadamente cada uno de los movimientos del oficio. El oficio de enseñar, tal como lo describe el discurso pedagógico moderno, se va pareciendo más a un juego, donde a existencia de reglas no impide que cada movimiento práctico del maestro obedezca a una estrategia elegida entre un conjunto de estrategias posibles.
No basta seguir escrupulosamente las indica-ciones de un procedimiento para obtener el resultado deseado.
Los nuevos procedimientos de ingreso al oficio redefinen al magisterio como estamento social y replantean el problema de las recompensas materiales y simbólicas
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