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LA REBELION DE LOS COLGADOS

Rebelión de los colgados
by

Fidel Diaz

on 7 December 2015

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Transcript of LA REBELION DE LOS COLGADOS

Por no contar con los doscientos pesos que requería para la operación de su esposa, Cándido Castro, indio tsotsil, empeña su vida y la de su familia, con el poder de su firma, para dedicarse a las monterías. Sin embargo, el tiempo que transcurre desde que observa que es necesaria la atención de su esposa y el pacto que consigue con los “monteros” (Don Gabriel) para obtener el dinero y pagarle al doctor es demasiado, resultando ya tarde la atención médica, pues su esposa había ya fallecido. Cándido, junto con sus dos hijos, iniciará una aventura que lo cambiará por siempre, dejando la tierra que lo vio nacer: Cuishin.
LA REBELIÓN DE LOS COLGADOS
CAPITULO 2
CAPITULO 4
CAPITULO 1
CAPITULO 3
CAPITULO 5
CAPITULO 6
CAPITULO 7
CAPITULO 8
CAPITULO 9
CAPITULO 10
CAPITULO 11
CAPITULO 12
CAPITULO 13

CAPITULO 14
CAPITULO 15
CAPITULO 16
CAPITULO 17
CAPITULO 18
CAPITULO 19
CAPITULO 20
En un ranchito que formaba parte de la colonia agrícola libre de Cuishin, en los alrededores de Chalchihuistán.
Vivía Cándido Castro, indio tsotsil , en compañía de su mujer Marcelina de las casas , y de sus hijitos, Angelino y Pedrito
Su propiedad alcanzaba mas o menos dos hectáreas de un suelo pedregoso, seco, calcinado, que exigía un trabajo durísimo a fin de obtener de él , el alimento necesario para los suyos
Los finqueros se hallaban constantemente a caza de familias indigenas, empleaban los medios mas carentes de escrúpulos para conseguir arrancarlas de sus pueblos.
Los finqueros en varias ocasiones habían tratado de convencer a Candido para que abandonara su miserable ranchito.
Marcelina, la esposa de Candido se enferma, tenia un dolor horrible del lado derecho del vientre y ni sus remedios logran curarla. Candido decide llevarla al doctor . Candido solo contaba con 18 pesos; la operación le costaría $200 pesos. Marcelina muere por no poder realizarse la operación a tiempo.
Al morir Marcelina , Candido compra un hermosos ataúd y cinco litros de aguardiente.
Candido había comenzado a gastar , sin pararse en cuentas a partir del momento en que el médico le había exigido el pago de los diez pesos, bajo amenzaba de retener el cadáver de Marcelina si no le eran entregados.
El dolor de Candido era tan grande que le impedía discernir lo malo de lo bueno, lo justo de los injusto.
Bruscamente se dio cuenta de las circunstancias que rodeaban sus riquezas, de los gastos que habia hecho y de que no solo habia perdido a su mujer si no que habia empeñado su libertad para siempre.

Candido se había convertido en el esclavo de don Gabriel , que lo mandaría a las monterías arrancándolo de la tierra en que reposaba Marcelina.
Le saltaba la idea de huir lejos con sus dos hijos pero si huía tendría también que separarse de esa tierra que era la carne de su carne
Los indios se pusieron en marcha. Eran 35 contando a los 2 hijos de Candido. Cuatro mujeres formaban parte de la caravana.

A cada kilometro la caravana aumentaba.
Se les iban uniendo pequeños grupos de aislados de trabajadores pertenecientes a los pueblos o ranchos por donde pasaban y que don Gabriel habia enganchado anteriormente.
A la entrada de Hucutsin, los hombres avanzaban encorvados bajo el peso de sus cargas, fatigados. Sentaba al borde del camino esperaba una india joven , Modesta, era hermana de Candido.
Modesta era la mas joven de sus hermanas. Candido era el mayor y tenia una marcada preferencia por la muchacha.
Su madre habia muerto de viruela dejandolo al cuidado de Modesta ya que las dos hermanas mayores se habian casado y habian seguido a sus maridos a sus respectivos pueblos.
Don Severo era el mayor de los tres hermanos Montellano, propietarios de aquella gran montería y de dos mas pequeñas situadas al otro lado del rio.

La mas importante se llamaba la Armonía y las otras la Estancia y la Piedra Alta.
La Armonía cubría una extensión que debió ser dividida en cuatro regiones: Norte, Este, Sur y Oeste.
El campo Norte estaba bajo la dirección personal de don Severo.
El segundo hermano don Feliz, llevaba las cuentas de la explotación en la oficina central que se encontraba al otro lado del río.
El hermano menor , don Acacio, administraba las monterías del otro lado del rió.
Era en el campo Sur en donde don Severo hacia su inspección y dirigía al Picaro y al Gusano.

La nueva cuadrilla llego al campo Sur en plena noche.Los hombres se hallaban muertos de cansancio por su marcha; apenas tenian fuerzas para pedir de comer.
Los indios que se hallaban acostados alrededor del fuego escuchan gemidos y quejas que llegan en oleadas de la maleza .
Todos pensaban que estaban atormentando a los animales.
Se trataba de 20 leñadores que aullaban. Los han colgado por 3 o 4 horas por no haber producido las toneladas de caoba que les correspondían.
Al que no cumplía lo colgaban de un árbol atado de los 4 miembros durante la mitad de la noche.
Don cacho había escogido un arbol especialmente para Candido para sacar las toneladas,el numero de Candido estaba escrito en la corteza, de ese árbol se sacaban tres toneladas.
El arbol era de una especie excepcionalmente dura.
Las excepciones eran muy frecuentes y don Acacio y sus capataces las hallaban fácilmente para designarlas a los leñadores a quienes querían hacer la vida demasiado dura y Celso era uno de ellos.
El mes de agosto llegaba a su fin y don Severo habia decidido echar las trozas al agua al comenzar la siguiente semana
Urbano y Pascasio, indios del mismo pueblo y amigos desde la infancia, eran de los que habían podido levantarse, se curaron mutuamente sus heridas y se cubrieron las llagas con la grasa que el cochinero distribuyo entre todos los colgados.
Los indios alcanzaron el campamento agarraron apresuradamente toda la carne seca, tortillas y el polvo de frijol que tenían en su jacal, atravesaron rápidamente la explanada y se perdieron en la espesura.
Con suerte no se darian cuenta que los indios habian escapado si no hasta el dia siguiente.
Al dia siguiente cuando a media mañana atravesaban el arroyo, oyeron que los llamaban por sus nombres. Era dos capataces, lanzados a caballo en su persecución.
Don Severo y don Félix llegaron para asistir al entierro de su hermano Acacio.
Lo sepultaron en el cementerio destinado a los muchachos que morían en el campo.
Todas las tumbas eran iguales, pero tratándose de don Acacio había sido necesario levantar una cruz mas grande.
Durante toda una semana, Celso había sacrificado dos horas diarias para ayudar a Candido a producir sus cuatro toneladas al igual que los otros.
Aquella noche después de la cena, Celso enrolla algunos cigarrillos y se dirige hacia el río.
Celso no era el único que se refrescaba de esa forma, en ambas orillas del rio se miraban muchachos reposando.
Un hombre vino a colocarse cerca de Celso, era Martin Trinidad.

Don Félix se presento en el cobertizo que servía de comedor los trabajadores.
Seis troncos sostenían un techo de paja y eso era todo.
Candido mando a sus dos hijos en busca de los chinitos, que vivían libremente en el campamento alimentándose con lo que podían encontrar.
Modesta ayuda a su hermano Candido a hacer sus paquetes.
Don Félix se dirige hacia el jacal donde se hallan Candido y Modesta y ofrece a Modesta trabajar para don Félix pero ella se rehusa.
Candido pierde a Angel a uno de sus dos hijos en el río.

Candido estaba muy triste , necesitaba regresar a su pueblo , no podía seguir ahí después de que su hijo se había ahogado y el con la esperanza de encontrarlo aun que no fue así.
Le dice a don Félix ¡Perdónenos, jefecito!
Pedrito con su brazo en cabestrillo, atado con un pedacito de las enaguas de Modesta, se soltó llorando al escuchar las suplicas de su padre.
Cuando los muchachos llegaron al arroyo encontraron que Juan Mendez había prevenido ya a los boyeros; los ayudantes de estos parecían muy atemorizados y se afanaban en rededor de las bestias tratando de dar la impresión
Cada cuarto de hora llegaba una nueva cuadrilla al arroyo, con su jefe, a quien se participaba inmediatamente lo que ocurría.
Los leñadores llevaban sus hachas, otros tenían además sus machetes y todos procuraron hacerse de cuanto gancho, cadena o útil de fierro podrían para emplearlos como armas.
Todos los muchachos sintieron las piernas pesadas en cuanto tuvieron conciencia de que el momento del asalto había llegado, pero todos estaban conscientes de que ya no era posible retroceder.
Modesta alzo la voz y le grito a don Félix "Que tu me hayas querido violar, tomarme por la fuerza contra mi voluntad; que me hayas obligado a huir desnuda bajo la mirada de los hombres, te lo perdono.
Modesta recorrió el circulo que formaban los muchachos a su alrededor, gritándoles sus ultimas palabras, como si pretendiera incitarlos a la acción..
La actitud de los muchachos no sorprendió a don Félix, al contrario, había contado con ella.
Celso tenia a su adversario por el cuello .de la camisa y con el férreo puño le golpeaba la cara, que parecía apunto de reventarle.
Don Félix logro soltarse y pegarse al muro nuevamente.
Mientras que Celso y algunos de los jóvenes leñadores que dirigían hacia las casas de los obreros y de los cayuqueros, los otros hicieron caminar a don Félix a empellones hasta un árbol de fuertes ramas.
Se decidió que Juan Mendez y Lucio Ortiz partieran con veinte muchachos a caballo y armados a fin de recorrer todas las monterías que se hallaran a veinte kilómetros a la redonda
La gran horda fue dividida en ocho grupos, a los que Juan Mendez dio el nombre de compañías.
Juan Mendez ascendió al grado de general de la tropa-
Mendez tomo el mando de la primera compañía: el cabo Ortiz se encargo de la octava y ultima.
A Matias, Fidel y Cirilo se les encargo de la vigilancia del cargamento y de las armas.

Por su propia cuenta los muchachos habían dado un nuevo sentido a su rebelión. El deseo de regresar al hogar habia dejado su sitio al mas ardiente de llegar a la victoria total.
Todos los días llegaban grupos de las monterías mas lejanas
Habían huido de sus monterías desde largo tiempo y no habían podido regresar a sus hogares por temor a ser sorprendidos en el camino por alguna caravana o por algún enganchador que los hubiera denunciado.
La Tropa que había ido aumentando cotaba ya quinientos hombres y mas de ciento cincuenta animales de tiro, entre mulas, caballos y burros.
Cada día se reducían en numero, ya que los muchachos sacrificaban dos o tres diarios para preparar víveres de reserva.
La tropa debía repartirse en grupos de cincuenta a sesenta hombres cuando mas.
Solo la primera compañía estaría formada de ochenta hombres.
Hacia treinta años era nada mas una montería.
El sitio era estratégico, ya que cortaba el camino y nadie podría ir o llegar de las fincas sin atravesar por allí.
La Maleza se hallaba aun muy próxima y su espesura formaba murallas naturales contra las que los mejores fusiles del mundo y hasta las ametralladoras nada podrían.
El dia comenzaba frio, gris y humedo. Iluminada con tacañeria las copas de los arboles milenarios, y abajo en la tierra cubierta por el tupido follaje del bosque, la oscuridad era completa.

Candido decide emprender la marcha con sus dos hijos sin esperar siquiera a que saliera el sol.
Antes de llegar a la region desetica, se contaban ciento veinte hombres, catorce mujeres y nueve niños menores de doce años.
Los ataban por no cumplir con las cuatro toneladas que don Acacio pedia.
Acompañado de 4 capataces don Acacio recorría a caballo la montería para inspeccionar los campos y ver si todas las trozas se hallaban reunidas y listas para ser arrastradas.
Corrió a refugiarse en la espesura que rodeaba un macizo de rocas poco elevadas. Pero el sabia lo que le esperaba al regresar al campo.
Un lazo alcanzo a Urbano a mitad del arroyo . Pascasio, mas rápido, pudo ganar la orilla opuesta y escapar.
Don Acacio muere.
Fue hallado con un balazo en la cabeza.
Empezó a correr el rumor de que n Acacio había tenido un fuerte altercado con su mujer , que esta había cogido la pistola y que cuando el trataba de quitársela el arma se había disparado.
Todos los capataces, o por lo menos todos los capataces en jefe, los mayordomos, habían sido llamados al campo para ser enterados de la forma en que se haría la nueva repartición de distritos, necesaria debido a la muerte de don Acacio, para conocer las zonas que les correspondían
Martin Trinidad le revela su secreto a Celso , le cuenta todo sobre el de donde viene, el es de Pachuca. El fue maestro de escuela y ahora era un leñador de montería
Candido llevaba su rutina: trabajaba, comía, se acostaba, se levantaba, apenas hablaba, iba viviendo como un automata.Todas las mañana y tardes se aproximaba a la orilla del río y miraba correr las aguas agitadas que le habían arrebatado a su Angelito.
Don Feliz había ordenado que le llevaran al indio, a Modesta, al niño y a todo cuanto Candido poseyera, porque deseaba aplicar un castigo ejemplar, a fin de poner a manifiesto la forma en que el trataba a aquellos que se atrevían a romper su contrato.
Don Felix le ordena a Gusano cortarle las orejas a Candido.
El gusano salta sobre Candido y le corta las orejas.
Candido, de rodillas, ni siquiera intenta defenderse.
Don Severo avanzó algunos pasos y gritó a los muchachos:
-¿Que les pasa?¿Por que vienen todos juntos? Podrían haber trabajado una hora mas. Todavía hay suficiente luz.
Las injurias comenzaron a llover , todos gritaban.
Cuando los muchachos asaltaron la oficina, don Félix había sido el único que había sacado el revolver.
Los capataces habían optado por la prudencia.
Entre modesta y el rincón en el que don Félix estaba incrustado, no se veia mas que al joven leñador presto a matarlo.
Uno se disponía a castiga a don Félix.
Modesta lo impedía , no dejaba que nadie matara a don Félix, ella lo quería vivo , solo ella asi podría seguir viviendo.
Era todavía muy temprano; el sol se veía ya en el horizonte, pero sus rayos no llegaban aun a aquel lugar.
En su camino hacia Hucutsin destruirían todos los dominios que encontraran; matarían a todos los finqueros, patrones, ladinos y aristócratas.
Algunos de ellos compuestos de cinco y hasta tres hombres solamente. Estos hombres presentaban el aspecto mas salvaje.
Habían huido del trato inhumado que sufrían en las monterías y se mantenían alejados de los senderos y de los caminos, viviendo al margen de toda ley.
El primer pueblecito que encontraron al salir de la selva se llamaba El Requemado.
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