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On liberty - John Stuart Mill

Introducción a las Ciencias Sociales
by

Enrique Huerta Cuevas

on 14 September 2015

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Transcript of On liberty - John Stuart Mill

ON LIBERTY

JOHN STUART MILL

1859

¿Cuál es la naturaleza y los límites del poder que la sociedad puede ejercer sobre el individuo?

Una de las preocupaciones centrales de los padres fundadores era fijar los límites del poder que el gobernante le estaba consentido ejercer sobre la comunidad --derechos políticos y frenos constitucionales--, y esta limitación era lo que se entendía por libertad. Se trata de una medida que, desde luego, parte del supuesto de que los intereses de los gobernantes son distintos --opuestos-- a los del pueblo (Mill, 2007: 57-59).

De esta manera --mediante la representación controlada-- los gobernantes podían estar "identificados con el pueblo, haciendo que su interés y su voluntad fueran el interés y la voluntad de la nación. El hecho arroja un prejuicio peligroso: "la nación no tendría necesidad de ser protegida contra su propia voluntad. No habría temor de que se tiranizase a sí misma" (Mill, 2007: 59).

"El pueblo que ejerce el poder no es siempre el mismo pueblo sobre el cual es ejercido (...) el pueblo, por consiguiente, puede desear oprimir a una parte de sí mismo, y las precauciones contra esto son tan inútiles como contra cualquier otro abuso del Poder" (Mill, 2007: 61).

¿Qué es "la tiranía de la mayoría"?

Uno de los grandes males frente a los cuales debe ponerse en guardia la sociedad. La sociedad puede ejecutar, y ejecuta su propios decretos, si dicta malos decretos "ejerce una tiranía social más formidable que muchas de las opresiones políticas" hasta ahora existentes pues, sin tener penas tan graves, penetra mucho más en los detalles de la vida y llega a encadenar el alma (Mill, 2007: 61-62).
¿Acaso sólo es posible la tiranía del magistrado?

Desde luego que no, se necesita también protección contra la tiranía de la opinión y "sentimiento prevalecientes; contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos de las penas civiles, sus propias ideas y prácticas como reglas de conducta a aquellos que disientan de ellas (...) y si fuera posible a impedir la formación de individualidades originales y a obligar a todos los caracteres a moldearse sobre el suyo propio" (Mill, 2007: 62).

"La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por conseguirlo" (Mill, 2007: 72).

"Nunca podemos estar seguros de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa, y si lo estuviéramos, el ahogarla también sería un mal" (Mill: 2007: 77).

"Negarse a oír una opinión, porque se está seguro de que es falsa, equivale a afirmar que la verdad que se posee es la verdad absoluta. Toda negativa a una discusión implica una presunción de infalibilidad" (Mill, 2007: 77).

¿Son las épocas más infalibles que los individios?

No lo son, "toda época ha sostenido opiniones que las épocas posteriores han demostrado que eran no sólo falsas, sino absurdas; y es tan cierto que muchas opiniones ahora generalizadas serán rechazadas por las épocas futuras, como que muchas que lo estuvieron en otro tiempo están rechazadas por el presente" (Mill, 2007: 79).
"Las creencias en las que mayor confianza depositamos no tienen más salvaguardia para mantenerse que una permanente invitación a todo el mundo para que pruebe su carencia de fundamento (...) tener por cierta una proposición mientras haya alguien que negaría su certidumbre si se le permitiera, pero que no se le permite, es afirmar que nosotros mismos y que aquellos que piensan como nosotros somos los jueces de la certidumbre, y jueces sin oír a la parte contraria" (Mill, 2007: 82-83).

¿La verdad de una opinión es parte de su utilidad?

Cuando pretendemos saber si es o no deseable que una proposición sea creída, ¿cómo es posible excuír la consideración de si es o no verdadera? (Mill, 2007: 84).

"Cuando la ley o el sentir público no permiten que se discuta la verdad de una opinión, son tan intolerantes como cuando niegan su utilidad. Lo más que consienten es una atenuación de su absoluta necesidad y del delito de rechazarla" (Mill, 2007: 85).

Cuando una opinión es verdadera puede ser extinguida una, dos o muchas veces; en el curso de las edades se encontraran personas que la vuelvan a "descubrir", alguna de esas "reapariciones" tendrá lugar en un tiempo que por circunsatancias favorables escape a la persecución, "hasta que consiga la fuerza necesaria para resistir todos los intentos ulteriores para suprimirla" (Mill, 2007: 92).

Nuestra intolerancia social no mata a nadie, "no desarraiga ninguna opinión", pero induce a los hombres a desfigurarlas o a abstenerse de todo esfuerzo activo para su difusión (Mill, 2007: 96-97).

"En todo asunto sobre el que es posible la diferencia de opiniones, la verdad depende de la conservación de un equilibrio entre dos sistemas de razones contradictorias" (Mill, 2007: 101).
¿Por qué es necesaria la libertad de opinión?

Una opinión, aunque reducida al silencio, puede ser verdadera. Negar esto equivale a aceptar nuestra propia infalibilidad (Mill, 2007: 121).

Aunque aquella opinión reducida al silencio sea un error, puede contener, y de hecho contiene, una porción de verdad; dado que la opinión general sobre cualquier asunto nunca es toda la verdad, "sólo por la colisión de opiniones adversas tiene alguna probabilidad de ser reconocida la verdad entera" (Mill, 2007: 122).

¿Cuál es el justo límite de la soberanía del individuo sobre sí mismo?

"A la individualidad debe corresponder la parte de la vida en la que el individuo es el principal interesado; a la sociedad aquella en la que ella misma esté principalmente interesada" (Mill, 2007: 152).

"Tan pronto como una parte de la conducta de una persona afecta perjudicialmente los intereses de otras, la sociedad tiene jurisdicción sobre ella y puede discutirse si su intervención es o no favorable al bienestar general" (Mill, 2007: 153).

Siempre que existe un perjuicio definido, o un riesgo definido de perjuicio, sea para un individuo o para el público, el caso se sustrae al campo de la libertad y entra en el de la moralidad o la ley" (Mill, 2007: 161-162).

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