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Copy of Alteridad

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Arturo Pastrana

on 21 August 2013

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Alteridad
Partamos del siguiente punto: ¿es posible comparar el comportamiento de Las Casas y el Cortes en relación con los indígenas de América?
Frente a esta pregunta se hace necesario establecer algunas restricciones puesto que la relación con el “otro” no se constituye en una sola dimensión…
Para dar cuenta de las diferencias existentes en la realidad, hay que distinguir por lo menos tres ejes, en los que se puede situar el problema de la alteridad.
Primero, hay un juicio de valor (un plano axiológico): el otro es bueno o malo, lo quiero o no lo quiero, o bien como se prefiere decir en esta época (donde todos somos “políticamente correctos”, es mi igual o no es mi igual (lo que generalmente desemboca en pensar el otro como inferior a mí, ya que por lo general yo soy bueno y me estimo…)
En segundo lugar, está la acción de acercamiento a alejamiento en relación con el otro (un plano praxeológico): adopto los valores del otro, me identifico con él; o asimilo el otro a mí, le impongo mi propia imagen (identificación imaginaria); entre la sumisión al otro y la sumisión del otro hay un tercer punto, que es la neutralidad, o indiferencia.
En tercer lugar, conozco o ignoro la identidad del otro (este sería un plano epistémico); evidentemente no hay aquí ningún absoluto, sino una gradación infinita entre los estados de conocimiento menos o más elevados.
Existen relaciones y afinidades entre estos tres planos, pero no hay ninguna implicación rigurosa; por lo tanto no se puede reducir uno a otro, ni se puede prever uno a partir del otro. Las Casas conoce menos a los indígenas que Cortes, y los quiere más; pero los dos se encuentran en su política común de asimilación. El conocimiento no implica el amor, ni a la inversa; y ninguno de los dos implica la identificación con el otro.
Ahora bien, no se debe confundir esta delimitación de los ejes con la diversidad que se observa en un solo eje. Analicemos por un momento el caso de Las casas…
Las Casas pasó por una serie de crisis o transformaciones que lo llevaron a situarse en una serie de posiciones emparentadas, pero distintas a lo largo de su extensa vida (1484-1566)
I
II
III
Lo que propongo como punto de reflexión sobre el primer eje es lo que podría denominarse como la última transformación de Las Casas, hacia el final de su vida, después de su regreso definitivo de México (podemos tomar como punto de referencia el año de 1550, fecha del debate de Valladolid). La actitud de Las Casas frente a los indígenas, el amor que les tiene, no son iguales antes y después de esa fecha.
El cambio parece operado a partir de la reflexión a la que lo llevan los sacrificios humanos de los aztecas. La existencia de esos sacrificio será el argumento más convincente del partido representando por Sepúlveda, que afirmaba la inferioridad de los indígenas, por otra parte, la existencia de sacrificios era indiscutible.
¿No son esos sacrificios la prueba evidente del salvajismo, y por lo tanto de la inferioridad, de los pueblos que los practican?
Las Casas se ocupa de refutar este argumento en su Apología en latín, presentada a los jueces en Valladolid, y en algunos capítulos de la Apologética historia. Su razonamiento merece la pena ser examinado en detalle.
En una primera etapa, Las Casas afirma que, incluso si el canibalismo y el sacrificio humano son condenables en sí, no se sigue de ello que haya que declarar la guerra a quienes lo practican: el remedio tiene entonces el riesgo de ser peor que la enfermedad. A eso se añade el respeto, que Las Casas supone común a indígenas y españoles, por las leyes del país. Si la ley impone el sacrificio, al practicarlo uno se conduce como buen ciudadano, y no se puede culpar a al individuo por hacerlo…
Pero después da un paso más: la condena misma se vuelve problemática. Para este fin Las Casas emplea dos tipos de argumentos, que desembocan en dos afirmaciones graduadas.
El primer argumento es del orden de los hechos, y será apoyado por acercamientos históricos. Lo que Las Casas quiere hacer es presentar al sacrificio humano y al canibalismo como menos extraño, menos excepcional para el espíritu de su lector…
La segunda afirmación es todavía más ambiciosa: se trata de probar que el sacrificio humano no solo es aceptable por razones de fe, sino también en derecho. Al hacer esto, Las Casas se ve llevado a presuponer una definición nueva de sentimiento religioso, y en este punto su razonamiento es particularmente interesante. Los argumentos están tomados de la “razón natural”, de consideraciones a priori sobre la naturaleza del hombre. Las Casas acumula, uno tras otro, cuatro “previos principios”:
1. Todo ser humano tiene un conocimiento intuitivo de Dios, es decir, de “algo que está por encima y es mejor que todas las cosas”.
2. Los hombres adoran a Dios según sus capacidades y a su manera, tratando siempre de hacerlo lo mejor que pueden.
3. La mejor prueba que uno puede dar de su amor a Dios consiste en ofrecerle lo más preciado que tiene, es decir, la vida humana misma.
4. Así pues, el sacrificio existe por la fuerza de la ley natural, y sus formas serán fijadas por las leyes humanas, especialmente en lo que se refiere a la naturaleza del objeto sacrificado
Gracias a esta serie de encadenamientos, Las Casas termina por adoptar una nueva posición, e introduce lo que podríamos llamar el “perspectivismo” en el seno de la religión.
Evidentemente, Las Casas toma las precauciones (ya que no quiere ser quemado en la hoguera) para recordar que le dios de los indígenas, aunque no es el “verdadero” Dios, sin embargo es considerado por ellos como tal.
Pero… reconocer que su dios es verdadero para ellos, ¿no es dar el primer paso hacia otro reconocimiento, a saber, que nuestro Dios es verdadero para nosotros —solo para nosotros?
Lo que queda entonces de común y universal ya no es el Dios de la religión cristiana, al cual todos deberían llegar, sino la idea misma de divinidad, de lo que está por encima de nosotros; más bien la religiosidad que la religión.
La parte presupuesta de su razonamiento es también su elemento más radical (más que lo que dice del sacrificio mismo): es verdaderamente sorprendente ver que se introduce el “perspectivismo” en un campo que tan poco se presta a él.
El sentimiento religioso no se define por un contenido universal y absoluto sino por su orientación, y se mide por su intensidad; de tal manera que incluso si el Dios cristiano es en sí una idea superior a la que se expresa por medio de Tezcatlipoca, los aztecas pueden ser superiores a los cristianos en materia de religiosidad, y de hecho lo son.
Así pues, al enfrentarse con el argumento más embarazoso Las Casas se ve llevado a modificar su posición y a ilustrar por esta misma razón una variante del amor que uno tiene por el otro; un amor que ya no es asimilacionista, sino distributivo en cierta forma: cada uno tiene sus propios valores; la comparación ya solo puede referirse a relaciones…
Aunque afirma la existencia del dios único, Las Casas no da la preferencia a priori a la vía cristiana para alcanzar a ese dios. La igualdad, aquí, ya no se paga con el precio de la identidad; no se trata de un valor absoluto: cada quien tiene el derecho a acercarse a dios por la vía que le conviene. Ya no hay un Dios verdadero (el nuestro), sino una coexistencia de universos posibles
Le será todavía más fácil aplicar este principio al caso general de la alteridad, y poner entonces en evidencia la relatividad del concepto de “barbarie” (parecería que es el primero en hacerlo en la época moderna): cada quien es bárbaro del otro, para serlo basta con hablar una lengua que ese otro desconoce…
El radicalismo de Las Casas le impide toda solución intermedia: o afirma, como en la etapa anterior, la existencia de una sola religión verdadera, la cual lo lleva inevitablemente a equiparar a los indios con una fase anterior, y por lo tanto inferior, de la evolución de los europeos, o, como lo hace en la vejez, acepta la coexistencia de ideales y de valores, rechaza todo sentido no relativo de la palabra “bárbaro”, y por lo tanto, toda evolución.
De esta manera la posición “perspectivista” de Las Casas lo lleva a modificar otro componente de su posición, renuncia en la práctica al deseo de asimilar a los indígenas, y elige la vía neutral: los indígenas mismos decidirán sobre su destino.
Examinemos ahora algunos comportamientos dentro de la perspectiva del segundo eje que hemos marcado para describir las relaciones con el otro, el de la acción de identificación o asimilación
Vasco de Quiroga
La actitud de Quiroga es asimilacionista, pero el ideal al que quiere asimilar los indígenas no está encarnado por el mismo o por la España contemporánea; los asimila a un tercero.
En suma, Vasco de Quiroga afirma que los españoles pertenecen a una fase decadente de la historia, mientras que los indígenas, por su parte, se asemejan a los primeros apóstoles y a los personajes del poema de Luciano
Se puede decir que Quiroga a pesar de su experiencia “de campo”, no había llevado muy lejos el conocimiento de los indígenas: apoyándose en algunas experiencias superficiales, como Colon a como Las Casas, no ve en ellos lo que son, sino lo que él quisiera que fueran, una variante de los personajes de Luciano
Pero… los indígenas están lejos de la perfección…
Así pues, por medio de una acción deliberada que ejerce sobre ellos, el será quien transforme esta promesa en una sociedad ideal. Por ello a diferencia de Las Casas, no habrá de ejercer su acción con los reyes, sino con los propios indígenas.
Recurre para ello a la enseñanza de un sabio: un pesador social, Tomás Moro, ya ha encontrado en su Utopía, las formas ideales que convienen para la vida de esas personas. Así que solo queda promover ese proyecto en la realidad. Vasco de Quiroga organiza dos aldeas siguiendo las prescripciones utopistas.
Vasco de Quiroga no tiene ninguna duda en cuanto a la superioridad de esta forma de vida, y considera que para alcanzarla son válidos todos los medios: es un defensor de las “justas guerras” contra los indígenas y del reparto de estos en encomiendas feudales. Lo cual no le impedirá, por otra parte, actuar como autentico defensor de los indígenas contra las pretensiones de los colonos españoles, y sus aldeas gozan de una gran popularidad entre los indígenas.
Vasco de Quiroga ilustra el asimilacionismo incondicional, aunque original. Los ejemplos del comportamiento contrario, de identificación con la cultura y la sociedad de los indígenas son mucho más raros (aunque abundan los casos de identificación en el otro sentido: la Malinche era uno de ellos).
Gonzalo Guerrero
Con Guerrero asistimos a una identificación completa: adopto la lengua, la religión, los usos y costumbres. No debe sorprender entonces que se niegue a unirse a las tropas de Cortes cuando este desembarca en Yucatán, y que dé como razón su integración a la cultura de los indios.
Otro ejemplo más interesante es el del Álvar Núñez Cabeza de Vaca que pudimos apreciar en la película. Se trata de una situación de sumisión a los indígenas.
Cabeza de Vaca no solo se distingue de Las Casas en que su acción, como la de Vasco de Quiroga, se dirige más bien a los indígenas que a la corte, sino también por su conocimiento preciso y directo del modo de vida de éstos.
Pero donde el ejemplo de Cabeza de Vaca resulta más interesante es evidentemente en el plano de la identificación (posible). Para sobrevivir, se ve forzado a ejercer dos oficios. El primero es el de buhonero y el segundo es todavía más interesante: se vuelve curandero o, si se prefiere, chamán. Si creemos lo que cuenta Cabeza de Vaca, esas intervenciones siempre tienen éxito: hasta llega a resucitar a un muerto.
Cabeza de Vaca adopta los oficios de los indígenas y se viste como ellos (o anda desnudo como ellos) y come como ellos. Pero la identificación nunca es completa: hay una justificación “europea” que le hace agradable su oficio de buhonero, y oraciones cristianas en sus prácticas de curandero. En ningún momento olvida su propia identidad cultural, y esta firmeza lo sostiene en las pruebas más difíciles. Tampoco olvida nunca su objetivo, que es ir a reunirse con los suyos.
El mismo hecho de escribir un relato de su vida indica claramente su pertenencia a la cultura europea
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