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La Evaluación como relato...

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Mariana Belluscio

on 3 September 2016

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Transcript of La Evaluación como relato...

La Evaluación como relato...
La evaluación como Marca
(en el recuerdo, en el cuerpo, en las prácticas)
El Autoretrato
Un eje estructurante de esta propuesta será lo que llamamos retroalimentación (…), que significa básicamente la participación del otro en la revisión personal de los aprendizajes. Este otro serán el tutor, los compañeros y uno mismo al poder revisar con distancia las propias producciones. En este sentido, forman parte explícita de los contenidos de este seminario la modalidad de devolución que realizará cada tutor de las actividades evaluativas. (Roldán, P. 2015. Clase 1: Evaluación como relato)
La retroalimentación como oportunidad de “volver a mirar”
“Mediante la narrativa construimos, reconstruimos, en cierto sentido hasta reinventamos nuestro ayer y nuestro mañana. La memoria y la imaginación se funden en este proceso” (Bruner citado en Roldan 2015, clase 1)
La evaluación como relato
Retroalimentación grupal de la clase 1
«Me pinto a mí misma, porque soy a quien mejor conozco». Frida Kahlo
Queridxs Profes
¡Felicitaciones por el trabajo realizado en este primer encuentro! Aprovecho esta oportunidad, en la que nos leemos con más atención, para agradecerles la elaboración de sus audios, algunos de ellos bellamente construidos. Fue un placer para mí escucharlxs, y espero que para ustedes también haya sido gratificante escucharse y reconocerse en las voces, tonadas y modos de decir que resuenan del otro lado de la pantalla. Lxs invito ahora a seguir profundizando el análisis y es por eso que les dejo aquí algunas pistas para seguir pensándonos, preguntándonos, reflexionando.
Hemos finalizado la clase 1, nos hemos presentado a través de los relatos que cada unx compartió. Y permitimos que mediante la palabra, lxs otrxs me reconozcan como sujeto social, histórico, cultural; atravesadxs por múltiples sentidos, representaciones e imágenes sobre nosotrxs mismxs, sobre la enseñanza y el aprendizaje y particularmente sobre la evaluación.
Construimos así una “comunidad de interpretación” en la que subyacen sentidos y representaciones que como veremos, impactan en nuestros modos de hacer y pensar hoy la evaluación y nuestra práctica docente.
¿Desde donde pensar esta retroalimentación?

Habrán notado la presencia de Frida en nuestra clase, y no es casual ni meramente ornamental, si no que nos dice mucho de lo que queremos poner en tensión al pensar la evaluación. Es por eso que, además de pinturas y fotografías de Frida Kahlo, he seleccionado algunas imágenes de objetos que le pertenecieron para acompañar estas reflexiones.
Quiero contarles de dónde provienen, ya que guardan un origen profundo y muy ligado a esta experiencia de contarnos: Cuando Frida murió en 1954, su marido -el también pintor Diego Rivera- dispuso guardar todas sus pertenencias en el baño de la Casa Azul y conservar allí sus objetos, ropa, zapatos, corsés, faldones, prótesis, y pinturas; como en una especie de santuario que permaneció cerrado y en el ámbito privado, hasta muchos años después. Sólo en 2007, cuando se celebró el centenario del nacimiento de Kahlo y tal como dejó establecido testamentariamente Diego, salió a relucir todo lo que aquella mujer amante de la memoria atesoraba: 22.000 documentos, 6.500 fotografías, 3.874 publicaciones, decenas de dibujos, objetos personales, 300 prendas de vestir, calzado, corsés ortopédicos, medicinas, correspondencia, y juguetes.
En esta oportunidad se convocó a la fotógrafa japonesa Ishiuchi Miyako, quien se especializa en la recuperación de las memorias personales a través de sus fotografías, a que retratara esos tesoros. La fotógrafa, que había dedicado uno de sus proyectos más conocidos a recobrar la memoria de su madre, logró captar las huellas que Kahlo dejó en sus pertenencias y retrató manchas de pintura en prendas de ropa, zurcidos a mano en determinadas piezas del guardarropa de Frida..., "huellas frágiles" pero reconocibles que inspiraron la composición de una especie de "epifanía basada en el poder que emana de la ausencia del sujeto". Creí que traerlas aquí, en este ejercicio de contarnos y reconocernos, podría hacer mucho más claro el porqué de su compañía para esta clase.
Este espacio quiere ser el que permita una retrospección de lo que venimos desarrollando como comunidad de aprendizaje, pero no significa por eso un cierre o una síntesis acabada, por el contrario son ideas reunidas para abrir el diálogo y pensar juntxs.
Sólo para que podamos seguir reflexionando, es que elijo algunas categorías que nos estructuren y que generen interrogantes; pero como toda decisión, implica elegir algunos caminos y dejar de recorrer otros, de modo que estas categorías son tan sólo algunas posibles.


Ahora sí, volvamos a los ejes de nuestra primera clase, cabe recordar que ésta tiene como objetivo explicitar las decisiones didácticas y los criterios de evaluación, en un esfuerzo por hacer pública la evaluación. Es importante entonces que esta instancia de retroalimentación nos permita revisar nuestras intervenciones (anécdotas y comentarios), como una oportunidad para “volver a mirarnos” y no simplemente como cierre de actividad.
Muchos de los relatos compartidos hicieron referencia a la importancia que tiene brindar pautas claras, saber qué se espera de nostrxs, con qué criterios van a evaluarnos, que exista transparencia y coherencia a lo largo de todo el proceso de enseñanza, incluida la evaluación, y no que ésta aparezca como una instancia punitoria y disociada de todo el proceso. Es por ello que desde el Seminario buscamos crear las condiciones necesarias que permitan que no ocurra lo que no queremos que sea la evaluación.
En ese sentido ¿Pudieron tomarse el tiempo de recorrer y reconocer la estructura y los criterios elegidos en esta propuesta evaluativa? ¿Qué les pareció a ustedes esa explicitación? ¿Les resulta claro y orientador conocer de antemano lo que se ofrecerá y lo que se demandará en la propuesta? ¿nos tomamos el tiempo y espacio necesarios para hacer lo propio con nuestrxs alumnxs?
Somos lo que recordamos y recordamos lo que podemos contar, relatar, reinventar y metaforizar sobre nosotrxs. Cada recuerdo que atesoramos, repudiamos, sufrimos o superamos, forma parte de lo que somos y se despliega y manifiesta en nuestras prácticas. Como comentan en sus aportes hay una gran diversidad, pluralidad y mixtura de experiencias que aparecen cuando nos metemos en nuestras propias practicas; pero al mismo tiempo, nos vemos reflejadxs en el/la otrx, nos sentimos igualadxs en muchas vivencias y nos reconocemos en esas voces. Y esto es así, porque construimos un relato que remite a un fragmento de nuestra historia y al contarlo de algún modo le atribuimos un sentido. Cada experiencia de evaluación nos “significa” y posibilita nuevos aprendizajes. Nuestras experiencias y recuerdos sobre la evaluación nos atraviesan como docentes.
La asimetría y las relaciones de poder

Volviendo a los recuerdos que seleccionaron para contarnos, en todos los casos se evidenció un alto compromiso emocional, que lxs tiene como protagonistas de esta situación de evaluación. Asumieron un rol desde donde narrar (alumnxs, maestrxs, compañerxs, colegas, sujetos que enseñan o aprenden) y desde esa posición contaron algo, construyendo una identidad, y con ella dejando aflorar lo que subyace en nuestro imaginario sobre la evaluación.

“Como mis temas han sido siempre mis sensaciones, mis estados de ánimo y las reacciones profundas que la vida ha producido en mí, yo lo he llevado objetivamente y plasmado en las figuras que hago de mi misma, que es lo más sincero y real que he podido hacer para expresar lo que yo he sentido dentro y fuera de mí misma". Frida Kahlo
Las obras de Frida se constituyen como su autobiografía, y de algún modo nuestros relatos son también reflejo y pintura de experiencias, formas de sentir y vivir los momentos de evaluación. Dichos recuerdos nos constituyen, y así como la artista lo refleja en sus cuadros, nosotrxs lo hacemos a través de nuestras prácticas como docentes.
Y en ese contarnos, y ponernos en contexto al recordar, apareció muy fuerte la recurrencia sobre LAS MARCAS EMOCIONALES Y CORPORALES QUE NOS HAN IMPRESO LAS INSTANCIAS DE EVALUACIÓN Y QUE SE SOSTIENEN O SE RESISTEN HOY EN NUESTRAS PRÁCTICAS. Lo que nos pasó por el cuerpo, nos quedó impregnado: nervios, taquicardias, miedo, incertidumbre, vergüenza, pánico, transpiración, descomposturas, ataques de risa, de nervios, llanto. Muchas de las narraciones están atravesadas de una manera u otra por estas sensaciones, antes, durante y luego de una instancia de evaluación. Recordar olores, colores y sensaciones de ese momento atravesado… el miedo a ser tan solo nombradx, la sensación de que todo va a salir mal, de que no se logrará el objetivo, la angustia por sentirse humilladx, la bronca de haber estudiado o practicado y que no salga en ese momento, el cansancio de noches sin dormir… ¿cómo es posible que solo una lección nos haga sentir tan mal? ¿Podemos hacer conciente que esta relación -que nos estructura frente a la evaluación- es histórica y culturalmente construida?

La evaluación ¿obtura o posibilita?
“La evaluación necesariamente estimula las pasiones, dado que estigmatiza la ignorancia de algunos para exaltar la excelencia de otros. Cuando se reviven los recuerdos escolares, ciertos adultos asocian la evaluación a una experiencia gratificante, constructiva, mientras que para otros evoca una serie de humillaciones. Las apuestas de la evaluación escolar en el registro narcisista, en el de las relaciones sociales y en los que toca sus consecuencias (orientación, selección, certificación) son demasiado grandes.” (Perrenoud, 2008, p. 7)
Otra recurrencia importante en las anécdotas fue relatar situaciones evaluativas tradicionales, con un alto grado de injusticia, donde sobresale el carácter punitivo y de control, que sólo obtura el aprendizaje y la formación que deberían propiciar estas instancias.
Aquí no sólo se hacen presentes las huellas no gratas, sino lo que se juega en relación a la objetivación y construcción colectiva sobre lo que es y lo que no es una evaluación. A medida que escuchaba sus relatos (tal como les pasó a ustedes) pensaba en las nociones de control, acreditación, distribución desigual de poder, arbitrariedad docente, selección, jerarquías de excelencia, creación del fracaso.

Algunos de los relatos denuncian una situación de “abuso de poder”, donde vieron reducidas sus posibilidades para desempeñarse; otras, el carácter azaroso de los exámenes, que poco reflejan la realidad del proceso de aprendizaje. El modelo educativo hegemónico en el que nos hemos formado, aún guarda múltiples dispositivos antipedagógicos que operan a favor de la selección de los mejores, por sobre la igualdad educativa; o la reproducción memorística que valida “lo aprendido”, tan arraigada en nuestra identidad educativa como única vía de garantizar “la enseñanza” y que tanto daño nos hace en el genuino “aprender”.
Sobre nuevas miradas, superadoras, y sus límites

Las preguntas que aquí surgen son ¿cómo generar propuestas que den lugar al otro, a expresarse, a equivocarse, a aprender, pero sobre todo a incluir?, ¿qué lugar tiene el conocimiento en las prácticas de evaluación? ¿Qué conocimiento nos resulta valido, significativo? ¿Qué enseñar, qué aprender… y cómo evaluarlo?
Por suerte también se compartieron muchas historias que intentan dar respuestas a estas preguntas, que hablan explícitamente de cuánto empeño ponemos en nuestro trabajo para no repetir esas marcas negativas y generar instrumentos y perspectivas superadores a la hora de evaluar; donde aparece la importancia del proceso, el camino autónomo, la devolución, del trabajo colaborativo como posibilidad de construir conocimiento y también del trabajo sobre el error como posibilitador del aprendizaje, tal como narraron aquellos audios en los que una experiencia difícil, sirvió para reformular, estimuló para investigar, o simplemente significó un desafío para ser superado; o aquellxs que como docentes o alumnxs pudieron experimentar nuevas perspectivas.
Por suerte compartimos muchas historias que intentan dar respuestas a estas preguntas, que hablan explícitamente de cuánto empeño ponemos en nuestro trabajo para no repetir esas marcas negativas y generar instrumentos y perspectivas superadores a la hora de evaluar; como nos cuentan Carmen, Renata, Susana S., Mariano (A.633), Johana, Marta, Rocío, Camila y Claudia (A.634) donde aparece la importancia de la devolución, del trabajo sobre el error como posibilitador del aprendizaje, del trabajo colaborativo como posibilidad de construir conocimiento… y aquí rescato el llamado de atención que nos hace Mariano, con respecto a la incoherencia que se presenta entre lo que decimos que debe ser, y lo que hacemos al interior de nuestras prácticas…

Por último, una devolución busca también marcar aquello en lo que debemos seguir trabajando, en este sentido reitero que algunas anécdotas carecieron de producción previa, no se escuchan bien (primordial chequear eso en una actividad como esta), o se realizaron más como un comentario que como una narración en sí misma, y eso dificultaba en parte entenderlas. Lo mismo sucedió con algunos comentarios. Me permito decirles que a varias intervenciones les faltó profundidad y carecen de las justificaciones que solicitaba explícitamente la actividad. Justificar requiere un proceso de selección de las ideas, es una postura pública que asumimos. En ese sentido me pregunto, ¿dónde se refleja la articulación de la actividad con la lectura del material obligatorio? Hubo quienes se animaron al cruce y lo hicieron muy bien, lxs invito que lo intenten!
Son los desafíos que seguiremos intentando para lo que queda de camino, a pleno con la clase 2, nos proponemos reflexionar sobre la evaluación como alternativa para pensar la inclusión digital. Esta vez de la mano del incisivo Berni que nos trae la mirada de Juanito Laguna.
Nos encontramos por allí, un fuerte abrazo!
Mariana


Para seguir pensando
En un segundo momento, con las escuchas y comentarios, tuvieron la posibilidad de mirarse en un espejo, de encontrarse -ya sea por identificación o por diferenciación- en esas anécdotas compartidas. Se abre aquí la posibilidad de comprender el carácter cultural e histórico del recuerdo. Si bien el relato es individual, “la comunidad interpretante” es cultural y situada históricamente. La mayoría de ustedes logró vincular el relato de lxs compañerxs con sus propias experiencias, recuperando la palabra del otrx y, en algunas oportunidades, problematizando las concepciones sobre evaluación que estaban en juego. Sin embargo hubo quienes no lograron salirse del comentario “social”, desde sentido común o simplemente desde el megusta/nomegusta. Cabe aquí la reflexión del uso que damos a herramientas como los foros: no son espacios en donde cuantificamos quien posteó y quién no, son espacios donde tomamos la palabra (en este caso escrita) e intervenimos en una clase (en este caso virtual) para aportar en el desarrollo de discusiones que enriquezcan el planteo teórico.
¿Por qué relatarnos?
Como dice García Márquez “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.
Y sucede que enseñar es un poco eso: contar historias. Irene Klein (2010) nos recuerda que todo relato es necesariamente una construcción “digna de narrar”, que ordena de alguna manera comprensible los hechos del pasado para una comunidad de oyentes e intérpretes. En este sentido hubo quienes lograron elaborar un relato interesante de ser escuchado, con un componente de humor o el acompañamiento de música, que nos hizo más motivantes los momentos de escucha. Fue una apuesta del seminario incluir actividades que nos animen a explorar nuevas herramientas TIC. Hubo quienes ya manejaban muy bien esos recursos, otrxs se vieron invitadxs a intentarlo. Pero también hubo miradas poco curiosas, que se contentaron con cumplir mínimamente la consigna, sin más.
Un relato se constituye como tal, en la medida en que logra construir una historia que valga la pena ser contada y que pueda ser comprendida por quien la recibe. Si traspolamos este pequeño momento relatado, a nuestras clases cotidianas en nuestras aulas y cursos frente a nuestrxs alumnxs, ¿estaremos construyendo relatos atrapantes, posibles de ser interpretados y reinterpretados dentro de nuestra comunidad de aprendizaje? Como plantearon en el foro “algunas evaluaciones son prácticas autocentradas en el profesor, que no logran comprender cómo construyen los aprendizajes los alumnos partiendo de un mismo escenario de instrucción”. Un tanto de esto sucede durante nuestras clases… ¿las centramos en nosotrxs también? ¿afrontamos la responsabilidad que implica “contar par un/a otrx”?

Aquí surge un primer elemento característico, pero no excluyente, de este dispositivo escolar: la asimetría, roles bien diferenciados, un docente que evalúa, que controla y muchas veces sanciona; y el estudiante, que es evaluado, que expresa sus miedos, se siente vulnerable. Esto puede verse reflejado en varias anécdotas, y en algunas con un dramatismo y angustia muy marcados. ¿Qué media esa relación, el poder, el saber, o ambas? ¿Qué ponemos en juego como docentes o como estudiantes en estas situaciones de evaluación? ¿Qué significado tiene para nosotrxs ser evaluadxs y evaluar? La conciencia sobre esa situación y lo que genera ¿es la misma según el rol que representemos? Pareciera que no. Incluso en muchxs de ustedes surgió este interrogante, ya sea como cuestionamiento a las propias prácticas o como certeza de que no reproducirán estos mecanismos.
Así como Frida pinta su dolor, su esperanza, su ira; nuestros relatos nos vuelven a llevar a ese lugar donde fuimos evaluados. De alguna manera esta marca en los cuerpos, que nos subjetiva, también está dada por lo que la mirada del otro produce en nosotrxs. La mirada de lxs otrxs nos construye y nos condiciona. Y la evaluación es el momento por excelencia en donde se pone en juego esa mirada, tal como lo expresan en muchos recuerdos compartidos: Es un “otro” quién nos califica, quién nos juzga aptos o nos condena, quien nos valida o nos descarta. En varios de los audios compartidos se hace clara esta presencia del otro, y lo fuerte y definitorio que puede ser para nuestras vidas esa mirada: “me marcó para siempre”, “fue muy importante porque me sentí escuchadx”, “no voy a olvidarme jamás de esa mirada”, “tenía temor de defraudar”, “me dio la confianza para seguir”…
Pero nosotrxs también somos ese otro que evalúa y valora… como docentes, ¿reflexionamos sobre estas experiencias? ¿Intentamos modificarlas o inconscientemente las replicamos? Resulta muy interesante escuchar en sus palabras que el ejercicio de traer estos recuerdos nos interpela en lo que estamos haciendo hoy en las aulas, y nos pone en la encrucijada de elegir desde qué modelo queremos evaluar, tal como se plantea en muchos de los relatos compartidos.
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