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La doctrina de Monroe y la Tesis del destino manifiesto.

Evaristo Rodriguez
by

maRriia THee DiiwiiSsha

on 14 November 2012

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Transcript of La doctrina de Monroe y la Tesis del destino manifiesto.

La Doctrina de Monroe Fue anunciada por el presidente de los EE.UU., James Monroe (Presidente de 1817 a 1825), una politica norteamericana introducida el 2 de diciembre 1823. Establecía que cualquier intento de los gobiernos europeos de colonizar tierras o interferir con Estados americanos sería visto por los Estados Unidos como medidas agresivas, requiriendo la intervención de los EE.UU. Gracias por su atención FIN El pensamiento de la doctrina monroe, en tres puntos: 1. No crear nuevas colonias en las america, ya que todos los países americanos, por ser libres e independientes, no podía ser sujetos denominación de potencia europea.
2. La no intervención en los asuntos internos de los países americanos.
3. EE.UU. No intervendría en los conflictos relacionados con los países europeos, como las guerras entre estos países y sus colonias. Fuentes Miramon Brandom Carlos
Mejia Garcia Jose Eduardo
Morales Ramirez Dulce Magaly
Muñoz Miranda Maria Fernanda
Roa Garcia Guadalupe Alicia Centro de Estudios Tecnológicos industriales y de servicios No35
"Miguel Hidalgo y Costilla" La Doctrina de monroe y la tesis del destino manifiesto. la Doctrina Monrroe declaró que el hemisferio occidental ya no sería colonizado por países europeos, pero que los EE.UU. no interferiría con las colonias europeas existentes ni con los asuntos internacionales de los países europeos. La doctrina Monroe, tal como se resumen en la frase " America para los americanos", tiende a considerarse como el embrión de pan-americanismo, lo que mejora aún más el aislamiento de los EE.UU., que favoreció el crecimiento de su hegemonía en América Latina. Destino Manifiesto La doctrina del Destino manifiesto (en inglés, Manifest Destiny) es una frase e idea que expresa la creencia en que Estados Unidos de América es una nación destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico. Esta idea es también usada por los partidarios, para justificar, otras adquisiciones territoriales. Los partidarios de esta ideología creen que la expansión no sólo es buena sino también obvia (manifiesta) y certera (destino). Se le puede comparar con la teoría del Lebensraum que impulsaban los nazis para justificar su expansión hacia el este de Europa y Asia Central. El origen del concepto del Destino Manifiesto se podría remontar desde la época en que comenzaron a habitar los primeros colonos y granjeros llegados desde Inglaterra y Escocia el territorio de lo que más tarde serían los Estados Unidos. En su mayoría profesaban los cultos puritano y protestante.
Un ministro puritano de nombre John Cotton, escribía en 1630:
Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos. Para remitirse a orígenes de debates de apropiación territorial, como las que postula el Planisferio de Cantino, es posible extenderse a los orígenes del término Destino manifiesto. Aparece por primera vez en el artículo Anexión del periodista John L. O'Sullivan, publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, en el número de julio-agosto de 1845. En él se decía:
El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino. La segunda interpretación de O'Sullivan de la frase, se dio en una columna aparecida en el New York Morning News, el 27 de diciembre de 1845, donde O'Sullivan refiriéndose a la disputa con Gran Bretaña por Oregón, sostuvo que:
Y esta demanda esta basada en el derecho de nuestro destino manifiesto a poseer todo el continente que nos ha dado la providencia para desarrollar nuestro gran cometido de libertad, y autogobierno. James Monroe Nació el 28 de abril de 1758, en una zona boscosa del condado de Westmoreland, Virginia. El sitio está marcado y está a una milla de lo que hoy se conoce como Salón de Monroe, Virginia. Fue hijo de Spence Monroe (1719-1774) y de Vannesa Jones Monroe, proveniente de una familia de clase baja, quienes se casaron en 1752. Su bisabuelo paterno emigró a Estados Unidos desde Escocia en el siglo XVII. Monroe nació en este seno el 28 de abril de 1758 y se educó en la Academia Campbelltown, escuela regida por el Reverendo Archibald Campbell, de Washington Parish, entre los 11 y los 16 años. En 1774 continuó sus estudios en el College of William and Mary, también en Virginia, si bien los abandonó para unirse al Ejército Continental. Entre 1780 y 1783, prosigió sus estudios de Derecho con Thomas Jefferson Un periódico de Boston denominó su etapa de gobierno como la era de los buenos sentimientos, donde todo el mundo estaba en paz y los esfuerzos se centraban en el progreso económico. No duraría demasiado ya que la expansión hacia el oeste reabrió el debate entre estados esclavistas y abolicionistas. También la revolución industrial provocaría, sobre todo en las ciudades de la Costa Este, nuevas tensiones sociales de clases, producidas por el rápido crecimiento de los barrios de clase obrera. En toda su etapa de gobierno, Monroe, rompiendo con la tendencia federalista, trató de defender un país donde el estado era lo menos intervencionista posible. Desde que se opuso a la aprobación de la Constitución de 1787, Monroe fue un cualificado defensor de la autonomía de los Estados frente al poder del gobierno federal, siguiendo la línea del Partido Republicano que fundaran Jefferson y Madison (antecedente del actual Partido Demócrata). Pero, una vez elegido presidente (1816), se consideró más hombre de Estado que de partido y trató de representar a toda la nación. En consecuencia, durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. A partir de este supuesto los Estados Unidos, anexan los territorio de Texas (1840), California (1845) e invaden México (1846), en lo que sería la guerra México-Estados Unidos. Como consecuencia, los Estados Unidos se apropian de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma, en total 2 millones 100 mil kilómetros cuadrados –el 55% del territorio mexicano de entonces– lo que se dio en llamar «la Cesión Mexicana». A cambio, los Estados Unidos se comprometieron a pagar 15 millones de dólares El Destino Manifiesto no fue una tesis abrazada por toda la sociedad estadounidense. Las diferencias dentro del propio país acerca del objetivo y consecuencias de la política de expansión determinaron su aceptación o resistencia.
Los estados del noreste creían mayoritariamente que Estados Unidos debía llevar su concepto de “civilización” por todo el continente mediante expansión territorial. Además, para los intereses comerciales estadounidenses, la expansión ofrecía grandes y lucrativos accesos a los mercados extranjeros y permitía así competir en mejores condiciones con los británicos. El poseer puertos en el Pacífico facilitaría el comercio con Asia. punto de discusión fue el empleo de la fuerza. Algunos líderes políticos (cuyo máximo exponente fue James K. Polk ) no dudaban en intentar anexionarse el mayor territorio posible aún a riesgo de desencadenar guerras (como de hecho pasó) con otras naciones. Otros se opusieron (aunque tímidamente) al uso de la fuerza, basándose en que los beneficios de su sistema bastarían por si solos para que los territorios se les unieran voluntariamente.
Se puede decir que los propios partidarios del Destino Manifiesto formaban un grupo heterogéneo y con diferentes intereses. Aplicación de la doctrina

Interpretar el principio de la no intervención de los Estados europeos en los asuntos americanos de una manera absoluta conduciría a que un Estado americano pudiera conculcar los principios de la justicia en sus relaciones con los individuos extranjeros, violar la ley moral, negarse a tomar en consideración las justas reclamaciones de los extranjeros perjudicados, crear de este modo un estado de cosas anormal e ilícito según los principios de Derecho común y de la Moral internacional, y rechazar después cualquier forma de injerencia para hacer cesar tales manifiestas violaciones de los principios de la justicia, atrincherándose en el principio de su independencia y en la doctrina de Monroe escribe Fiore.
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