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Manuel y Antonio Machado

Vidas (no tan) paralelas

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Transcript of Manuel y Antonio Machado

Manuel y Antonio Machado
Vidas (no tan) paralelas

1900-1920
1920-1936
1936-1947
1874-1900
José María González-Serna Sánchez
www.auladeletras.net
Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
—soy de la raza mora, vieja amiga del Sol—,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...;
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos ¡pero no darlos! Gloria.... ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
¡Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir!

¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir! ...

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!
Ambos hermanos (
Manuel
en
1874
y
Antonio
en
1875
) nacen en la casa aneja al Palacio de las Dueñas en que la familia vivía.
Antonio Machado Núñez (1815-1896)
Fue un conocido geólogo y zoólogo.
Se convierte en el sustento principal de la familia.
De él aprenden el amor por la naturaleza.
Antonio Machado Álvarez "Demófilo"
(1848-1893)
Fue antropólogo y folclorista.
Pensamiento regeneracionista.
De él aprenden el amor por lo popular.
Sevilla
Madrid
La infancia de los hermanos está marcada por los problemas económicos, la emigración del padre a América y la enfermedad que terminó por llevarlo a la tumba.
Aunque vivieron poco tiempo en Sevilla, la cultura popular andaluza siempre estará presente en la obra de ambos poetas.
El flamenco
Las fiestas populares
La geografía de la ciudad
«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...»

Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata.
Túnicas de seda... Cirios,
en hormiguero de estrellas,
festoneando el camino...

El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz -¡saeta!-
canta o llora, que es lo mismo:

«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...»
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla

Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!

Canción del pueblo andaluz:
...de cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.
Manuel Machado: "Saeta"
Manuel Machado: "Saeta"
¿ Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta popular

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
Antonio Machado: "Saeta"
En 1883
, la familia Machado se traslada a
Madrid
, en cuya universidad ha conseguido una cátedra el abuelo, Antonio Machado Núñez
En la capital, los hermanos Machado estudian en la
Institución Libre de Enseñanza
, fundada por Francisco Giner de los Ríos para educar según unos planteamientos más actualizados.
En la Institución Libre de Enseñanza Manuel y Antonio aprenderán los valores que
Giner de los Ríos
consideraba que podían
regenerar una España
decaída.
El conocimiento y amor por las costumbres populares.
El contacto directo con la naturaleza
La constancia y el trabajo callado como pauta de comportamiento.
Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Antonio Machado: "A Francisco Giner de los Ríos"
Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
...¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas...

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.
En la última década del siglo XIX, ambos hermanos frecuentan los ambientes artísticos madrileños y entran en contacto con los escritores modernistas que protagonizarán el cambio hacia el siglo XX.
En estos años, Manuel publica sus dos primeros libros,
Tristes y alegres
(1894) y
Etcétera
(1895)
Antonio, por esta época, termina sus estudios de bachillerato, comienza a publicar en algunas revistas y se prepara para realizar su primer viaje a París (1899).
En el París de 1899, Antonio y Manuel Machado conocerán directamente el
Simbolismo
y se maravillarán ante el legado del poeta
Paul Verlaine
, muerto en 1896.
De la poesía de
Verlaine
aprenderán la importancia de comunicar diversos
planos sensoriales
mediante la palabra y tomarán algunos de los
símbolos
que poblarán sus poemas posteriores.
Los parques
Los atardeceres
Las fuentes
El ambiente
otoñal
Madrid
Soria
Baeza
Al regreso de París, los hermanos se establecen en Madrid, donde se convierten en asiduos de las tertulias y acciones de los Modernistas.
En esos años conocieron al escritor nicaragüense
Rubén Darío
, cuya visión de la poesía marcará los primeros libros de los hermanos Machado.
Bajo la influencia de Rubén Darío compone
Manuel Machado
uno de sus libros más reconocidos,
Alma
(1902). Bajo el mismo influjo se encuentran sus siguientes libros,
Caprichos
(1905) y
La fiesta nacional
(1906).
Por su parte,
Antonio Machado
también se da a conocer con el libro
Soledades
(1903), que completará con nuevos poemas en 1907 bajo el título
Soledades. Galerías. Otros poemas
.
La poesía que componen los hermanos Machado en estos primeros años del siglo XX trata un conjunto de
temas
característicos del Modernismo español: la
melancolía
, la
muerte
, el
hastío
, la
monotonía
de la existencia.
Aunque los temas son comunes, se advierten ya algunas diferencias entre los poemas de Manuel y Antonio.
El tono que emplea Manuel es menos pesimista, mientras que los poemas de Antonio resultan más amargos.
El esteticismo formal es más abundantes en Manuel que en Antonio, que parece orientarse hacia una mayor sencillez
En 1907 la vida de Antonio Machado da un giro radical tras ganar la cátedra de francés en el instituto de Soria y trasladar su residencia a la ciudad castellana.
En Soria conoce a
Leonor Izquierdo
, muchacha con la que contrae matrimonio en 1909 y de la que enviudará en 1912.
También en Soria descubre el paisaje castellano, duro y hermoso a la vez, que llenará muchos de sus poemas a partir de este momento.
En Madrid, Manuel continúa con su vida: contrae matrimonio en 1910 con
Eulalia Cáceres
y publica algunos de sus libros imprescindibles,
El mal poema
(1909) y
Cante hondo
(1912).
La poesía de ambos hermanos se decanta a partir de estos años hacia una
mayor sencillez:
Antonio se concentra cada vez más en la
intimidad
, en la
reflexión
y en la influencia del
paisaje
.
Manuel se orienta claramente hacia sus
raíces flamencas y andaluzas
.
1912 es un año fundamental en la vida de Antonio Machado: publica su segundo libro de poemas,
Campos de Castilla
y, poco después, Leonor muere. El poeta decide abandonar Soria y trasladarse a Baeza para huir del dolor.
En Baeza, Antonio Machado se encontrará con el paisaje andaluz de sus recuerdos infantiles e irá asumiendo poco a poco su dolor.
Manuel, mientras su hermano se reconcilia consigo mismo, modera sus costumbres de vividor, compone su último gran poemario -
Ars moriendi
(1921)- y prueba suerte en otros géneros literarios, como la narrativa y el ensayo.
Segovia
Madrid
En 1919 Antonio gana la cátedra en el instituto de Segovia. El traslado a la ciudad castellana le permite reencontrarse con la vida artística madrileña y retomar un contacto más directo con su hermano Manuel.
La cercanía geográfica entre ambos hermanos facilita su
colaboración literaria
. Entre 1926 y 1932, Manuel y Antonio compondrán algunas obras teatrales en común, como
La Lola se va a los puertos
(1929) y
La duquesa de Benamejí (
1932).
Junto a las colaboraciones teatrales con el hermano,
Antonio
redacta en este periodo dos
obras en prosa
esenciales para comprender al autor y su posición artística y ética:
Los complementarios
y
Juan de Mairena
.
En el terreno personal, Antonio conoce en estos tiempos a
Pilar Valderrama
, mujer que se convertirá en su gran amor hasta el final de sus días y que protagonizará algunos de los poemas del último libro lírico del poeta,
Nuevas canciones
(1928).
¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;
asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.
Antonio consigue la cátedra en Madrid en 1932, a donde llega convertido en una de las principales figuras de las letras españolas. Por su parte, Manuel también ocupa un puesto de relevancia en el panorama artístico español.
Sin embargo, las letras españolas caminan a finales de los años treinta hacia destinos alejados de los presupuestos literarios de los hermanos Machado.
Los conflictos sociales orientan a muchos escritores hacia una literatura de contenido político.
Otros artistas, en cambio, se decantan por continuar los experimentos vanguardistas.
Pese a que la joven literatura busca un nuevo camino, el estallido de la
Guerra Civil Española
devuelve a los hermanos Machado al primer plano de la vida cultural española.
Madrid
Burgos
Collioure
La guerra sorprende a Manuel Machado en Burgos, donde permanecerá hasta el final de la contienda colaborando en el aparato de propaganda nacionalista.
Antonio se encuentra en
Madrid
al iniciarse la guerra y, posteriormente, se trasladará a
Valencia
, donde permanecerá hasta que inicie el camino hacia el exilio en 1939.
Durante los años de la guerra, Antonio Machado colabora activamente con diversas revistas republicanas en las que publica poemas y colaboraciones.
Durante la guerra y en los años posteriores, Manuel publicará diversos libros en los que manifiesta su
adhesión al régimen
franquista o
se evade de la realidad histórica
que vive el país.
Tras un penoso viaje desde Barcelona, un Antonio Machado viejo, enfermo y cansado muere en la localidad francesa de Collioure.
Era 22 de febrero
En el bolsillo de su chaqueta se encontró un papel en el que Antonio Machado había escrito sus últimas palabras...
"Estos días azules
y este sol de la infancia"
Al conocer la muerte del hermano, Manuel mueve a todos sus conocidos hasta conseguir un salvoconducto y un coche para viajar hasta Francia.
En Collioure Manuel encontrará una tumba humilde donde yacían Antonio y su madre, fallecida tan sólo tres días después.
Una vez finalizada la guerra, Manuel se establecerá en Madrid hasta su muerte en 1947. Aunque compuso alguna obra más, no volvió a las cotas alcanzadas antes del estallido de la contienda.
Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.
Antonio Machado
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Antonio Machado
Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.
Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.
¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?
Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,
¿tienen ya ruiseñores las riberas?
Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...
A JOSÉ MARÍA PALACIO

Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...
¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?
Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.
¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!
¿Hay zarzas florecidas
entré las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?
Antonio Machado
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...

Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
Antonio Machado
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Manuel Machado
Antonio Machado
He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
Antonio Machado
Esta luz de Sevilla... Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho.—La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.

Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.

Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.

Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.
Antonio Machado
¡Oh, maravilla,
Sevilla sin sevillanos,
la gran Sevilla!

Dadme una Sevilla vieja
donde se dormía el tiempo
con palacios con jardines,
bajo un azul de convento.
Salud, oh sonrisa clara
del sol en el limonero
de mi rincón de Sevilla,
¡oh alegre como un pandero,
luna redonda y beata
sobre el tapial de mi huerto!
Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos,
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!
Antonio Machado
Los primeros poemas de Manuel y Antonio están muy influidos por la poesía de
Bécquer
, aunque ya se adivinan los juegos formales del primer Modernismo.
Amada, el aura dice
tu pura veste blanca...
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

El viento me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña...
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

En las sombrías torres
repican las campanas...
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de la fosa,
los golpes de la azada...
No te verán mis ojos;
¡Mi corazón te aguarda!
Antonio Machado
Desgarrada la nube; el arco iris
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.

Desperté. ¿Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.

...¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris!
¡el agua en tus cabellos!...
Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.
Antonio Machado
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Antonio Machado
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...
Antonio Machado
El paisaje castellano le sirve a Antonio Machado para acercarse a la reflexión sobre España, uno de los temas recurrentes en su poesía desde este momento.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Antonio Machado
¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas.
Antonio Machado
De mar a mar entre los dos la guerra,
más honda que la mar. En mi parterre,
miro a la mar que el horizonte cierra.
Tú asomada, Guiomar, a un finisterre,

miras hacia otra mar, la mar de España
que Camoens cantara, tenebrosa.
Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
A mí me duele tu recuerdo, diosa.

La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Y es la total angustia de la muerte,
con la sombra infecunda de la llama

y la soñada miel de amor tardío,
y la flor imposible de la rama
que ha sentido del hacha el corte frío.
Antonio Machado
Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
Manuel Machado
En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.
Manuel Machado
Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente...,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.

Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía...

Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía... No sabemos nada.
Todo es conforme y según.
Manuel Machado
FIGULINAS

A Jacinto Benavente

¡Qué bonita es la princesa!
¡Qué traviesa!
¡Qué bonita!
¡La princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau!

¡Yo la miro, yo la admiro,
yo la adoro!
Si suspira, yo suspiro;
si ella llora, también lloro;
si ella ríe, río yo.
Cuando alegre la contemplo,
como ahora, me sonríe...
Y otras veces su mirada
en los aires se deslíe,
pensativa...

¡Si parece que está viva
la princesa de Watteau!

Al pasar la vista hiere,
elegante,
y ha de amarla quien la viere.

... Yo adivino en su semblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere...
¡Como yo!
Manuel Machado
EL CAMINO

Es el camino de la muerte,
Es el camino de la vida...

En la frescura de las rosas
ve reparando. Y en las lindas
adolescentes. Y en los suaves
aromas de las tardes tibias.
Abraza los talles esbeltos
y besa las caras bonitas.
De los sabores y colores
gusta. Y de la embriaguez divina.
Escucha las músicas dulces.
Goza de la melancolía
de no saber, de no creer, de
soñar un poco. Ama y olvida,
y atrás no mires. Y no creas
que tiene raíces la dicha.
No habrás llegado hasta que todo
lo hayas perdido. Ve, camina...

Es el camino de la muerte.
Es el camino de la vida.
Manuel Machado
VERANO

Frutales
cargados.
Dorados
trigales...

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales...

Umbría
sequía,
solano...

Paleta
completa:
verano.
Manuel Machado
Unos años antes,
Manuel Machado
ya se había ocupado del
tema castellano
en sus poemas. Sin embargo, la visión del hermano mayor es
más libresca
, menos vivencial que la de Antonio.
CASTILLA

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro— el Cid cabalga.
Manuel Machado
CANTO A ANDALUCÍA

Cádiz, salada claridad. Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga, cantaora.
Almería, dorada.
Plateado, Jaén. Huelva, la orilla
de las tres carabelas.
Y Sevilla.
Manuel Machado
ARS MORIENDI

I
Morir es... Una flor hay, en el sueño
—que, al despertar, no está ya en nuestras manos—,
de aromas y colores imposibles...
Y un día sin aurora la cortamos.

II
Dichoso es el que olvida
el porqué del viaje
y, en la estrella, en la flor, en el celaje,
deja su alma prendida.

V
La Vida se aparece como un sueño
en nuestra infancia... Luego despertamos
a verla, y caminamos
el encanto buscándole risueño
que primero soñamos;
... y, como no lo hallamos,
buscándolo seguimos,
hasta que para siempre nos dormimos.
Sensual, epicúreo, decadente
-amigo de gozar y «divertirse»,
como dice la gente-,
he sabido poner en la alegría
el ajenjo de la melancolía
y sé también sufrir alegremente.

Y... nada más. En mi conciencia inquieta
vigila el bien. Espero,
sin saber qué. Y, en tanto,
me anego en risa, disimulo el llanto...
Y voy viviendo, mientras no me muero.
Manuel Machado
LIRIO

Casi todo alma,
vaga Gerineldos
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes...

Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio,
por el laberinto
de arrayanes... ¡Besos!
Solo, solo, solo,
lejos, lejos, lejos...
Como una humareda,
como un pensamiento...
Como esa persona
extraña que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.
Manuel Machado
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