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LAS VIRTUDES MORALES

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Naty Rmz

on 20 April 2016

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Transcript of LAS VIRTUDES MORALES

Una persona virtuosa es una persona buena, habitualmente buena, tiene costumbres buenas,
se porta bien.
Virtudes teologales y virtudes humanas
Las cuatro virtudes morales
Si las virtudes teologales tienen que ver con Dios directamente- son la fe, la esperanza, la caridad; las virtudes morales son formas de ser y vivir habitualmente bien, que forman la fisonomía de una persona buena, pero no tienen que ver directamente con Dios
Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena.
Para no perdernos en este trabajo puede ser útil centrar la atención en las cuatro virtudes morales cardinales. En torno a la prudencia, justicia, fortaleza y templanza, pueden de algún modo ser reagrupadas todas las demás.
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Martes, Marzo 01, 2016
Vol XCIII, No. 311
¿Qué son las virtudes morales?
Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser humano para armonizarse con el amor divino.
Es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo: “El hombre cauto medita sus pasos”. La prudencia es la regla recta de la acción, escribe Santo Tomás, siguiendo a Aristóteles.

La prudencia nos ayuda a "vivir la verdad en nuestra vida". Es esa disposición de nuestro espíritu, conscientemente formada, que nos inclina a escoger siempre el bien y, además, a atinar en la elección del mismo, en las circunstancias en las cuales no aparece tan claro cuál es el bien.
LAS VIRTUDES MORALES
¿Qué es una persona virtuosa?
LA PRUDENCIA
LA JUSTICIA
Es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada la virtud de la religión. Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común.

La justicia busca dar a cada uno lo que le corresponde, en todos los órdenes de la vida y del bien. El justo busca lo que es correcto, sin parcialidades, sin egoísmos. Esta virtud implica un gran desprendimiento de sí, una gran objetividad y una actitud a salir de uno mismo, para buscar y realmente otorgar lo que es correcto a los demás.
LA FORTALEZA
Es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi cántico es el Señor”.

La fortaleza es una virtud humana directamente relacionada con la voluntad, y por lo tanto se refiere a ese gran principio que explicábamos antes: "vivir todo por amor".
LA TEMPLANZA
Es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar “para seguir la pasión de su corazón”.

La templanza es la virtud cardinal que se refiere al dominio de las potencias pasionales, es decir todo lo que se refiere a la fuerza de actuación que reside en nuestra psicología y nuestra alma: fuerza pasional tanto corporal, como psíquica y espiritual.
LA FUERZA PASIONAL
La fuerza pasional, como los múltiples aspectos de la personalidad, está sometida al desorden causado por el pecado original, y con frecuencia la persona puede experimentar impulsos, propensiones hacia lo que no es bueno y desviaciones a pesar de ver el camino correcto. Se requiere lograr un dominio y un equilibrio voluntario, conquistado por el querer consciente del individuo.
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