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Libro "Todo tiene un precio" de Eduardo Porter

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Sandra Quezada de Rubio

on 16 October 2013

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Transcript of Libro "Todo tiene un precio" de Eduardo Porter

Cuando los precios fallan


Cuando te precipitas en vender una propiedad , andas insistente pero por esa insistencia la vendes pero notas que al siguiente año sube y sube y después baja pero te mueres de envidia porque pudiste a verle sacado más a tu propiedad.
Libro "Todo tiene un precio" de Eduardo Porter
Indice


* Introducción

* Capitulo 1 El precio de las cosas.

* Capitulo 2 El precio de la vida.

* Capitulo 3 El precio de la felicidad.

* Capitulo 4 El precio de las mujeres.

* Capitulo 5 El precio del trabajo.

* Capitulo 6 El precio de lo gratuito.

* Capitulo 7 El precio de la cultura.

* Capitulo 8 El precio de la fe.

* Capitulo 9 El precio del futuro.
El precio de las mujeres


Para las mujeres el crecimiento económico era debatir si tenían la oportunidad de dejar de ser bestias de carga y pasar a formar parte de la
raza humana.

Las mujeres de mayor escala social eran las que valían más. Pero el desarrollo cambio los términos de transacción y dio a las mujeres
otra función, la de productoras en el mercado, lo que incremento su valor tanto en el hogar como en la sociedad en general.
El precio de lo gratuito
No podemos tener una economía que funcione basada en cosas gratuitas.

En general no puedes conseguir nada sin dar algo a cambio. El precio de cualquier mercancía en una transacción del mercado es el punto en el que el comprador y el vendedor coinciden en que la transacción es provechosa. Las cosas gratuitas provocan alentar a los consumidores a consumir mucho más de lo que necesitarían y hacen que los productores no produzcan lo suficiente para satisfacer la demanda del consumidor.
El precio de lo futuro
Eduardo Porter
Rosaly Rubio 2011-0957
Elsa Medrano 2011-2289
Elsa Payan 2008-1673

Eduardo Porter es un Escritor, ensayista y periodista especializado en Economía y Empresa, Eduardo Porter ha trabajado para numerosos medios de comunicación en más de cinco países. En la actualidad reside en Nueva York y su libro Todo tiene un precio ha logrado acceder al mercado internacional.

Eduardo Porter escribe acerca de negocios, economía y algunos otros temas. Forma parte del consejo editorial de The New York Times y ha trabajado como periodista en la ciudad de México, Tokyo, Londres, Sao Paolo y Los Ángeles. Fue editor de la edición brasileña de América Economía y ha cubrió
temas relacionados con la comunidad hispana en Estados
Unidos para el Wall StreetJourna.
El precio que le damos a las cosas, lo que pagamos por nuestras vidas o por nuestros desperdicios dice mucho acerca de quiénes somos. Las elecciones que hacemos vienen determinadas por los precios que se nos presentan. Saber dónde buscar los precios y comprender la influencia de nuestras acciones sobre los precios no solo nos ayudara a evaluar mejor nuestras decisiones. Los precios con que nos encontramos en cuanto que individuos y sociedades como nos afecta, como cambian a medida que escogemos un camino u otro. Pero los precios están en todas partes y es necesario identificarlos para comprender cabalmente nuestras decisiones. Puede medirse en dinero, efectivo o crédito. Pero los costos y beneficios también pueden medirse en términos del amor, el trabajo y el tiempo.




Introduccion
Es posible que los mercados sean la institución más eficaz que la humanidad a conocido para determinar el valor de los bienes y servicios para la gente que los consume. Sin embargo, el proceso de asignación de
precios no es de ningún modo una interacción transparente y sencilla entre calculadores racionales de costos y beneficios. Ello se debe a que no
proporciona necesariamente a la gente lo que quiere, si no a lo que cree que quiere. Son dos cosas diferentes.
Los consumidores a menudo comprenden muy poco porque pagan lo que pagan por un objeto que desean; a veces ni siquiera saben porque desean ese objeto El precio que les damos a las cosas, lo que pagaremos por nuestras vidas o desperdicios, dice mucho acerca de quiénes somos. Todas las elecciones que hacemos

vienen determinadas por los precios que se nos presentan, en comparación a los beneficios. Los economistas suelen suponer que la gente sabe lo que hace cuando abre la cartera, que es capaz de calcular el beneficio que obtendrá de cualquier cosa que compre y evaluar si merece
El precio de las cosas
Una de las convicciones más arraigadas en la gente es que el precio de la vida es incalculable. Una antigua enseñanza judía sostiene que, si uno pusiera su propia vida en una balanza y el resto del mundo en la otra, ambas quedarían en equilibrio. El novelista francés Antoine de Saint-Exuperio se preguntaba porque “siempre actuamos como si hubiera algo que tuviera un precio mayor que la vida” cuando es evidente que “la vida humana no tiene precio”. Más que un solo precio, la vida tiene todo un menú. De hecho, todos estamos dispuestos a aceptar que la vida tiene un precio siempre y cuando no sea la nuestra. El hecho de que no estemos dispuestos a reconocer que la vida tiene un precio no significa que no lo tenga. A menudo nos encontramos con que gastamos enormes cantidades en una intervención que salvara un puñado de vidas por ese dinero. Cada día le ponemos un precio a toda nuestra vida, en los pequeños cambios hacemos para evitar morir. Una manera de medir el valor de la vida consiste en fijarse en la elección de empleos que hace cada uno. El precio de la felicidad.




La organización del trabajo estima que excluyendo a los trabajadores
sexuales 8.1 millones de personas en todo el mundo llevan a cabo su
trabajo bajo coacción. Según algunos criterios los mercados laborales se adaptarían bien a la coacción, que contribuiría a que los patrones ahorren dinero.

En la actualidad los trabajadores obtienen casi un 65% de la renta nacional de salarios y prestaciones. El precio del trabajo probablemente sea el precio más importante en la vida de la gente. Nuestro salario tendrá una gran influencia a la hora de determinar el tipo de vida que llevaremos. Los salarios dependen de 2 cosas: de la productividad y de la demanda de los trabajadores con una capacidad determinada.
El precio del trabajo


La democracia parece haberse apropiado del mundo. El precio también viene determinado por lo que hay en juego en la elección. La cultura afecta a nuestras elecciones, pues presentan a la gente como criaturas calculadoras y concentradas que olvidan el bien social. La influencia de la cultura es más que un artefacto económico de lo que nos harían creer aquellas que critican la estrechez de los economistas.

La cultura, a medida de establecen sus límites, codifica el sistema de precios que actúa en su interior. El estigma social es más costoso. La cultura no sol impone precios colectivos, si no que les aporta cultura narrativa y ritual. Hay muchas pruebas de que la cultura puede distorsionar los precios. Al establecer los límites de una comunidad y definir los precios dentro de ella, la cultura a fomentado que las actitudes pro sociales emergieran y evolucionaran, lo que mejora la capacidad de los grupos.
El precio de la cultura


La fe impone un costo en los creyentes, influyendo restricciones alimentarias y sexuales, así como muchos otros sacrificios y prohibiciones.

En la medida en que hay una probabilidad finita de que dios exista por pequeña que sea, vale la pena tener fe, porque las recompensas infinitas del cielo en el futuro compensarían cualquier costo finito de nuestra vida.


El beneficio más tangible que proporciona las religiones a los fieles es una mezcla de seguridad y servicios sociales. Las primas se pagan con diezmos, caridad y cosas así. Los costos más significativos de la fe son los sacrificios que imponen sobre los creyentes y las restricciones con las que constriñen sus vidas. Para muchos habitantes de este futuro distócico valdría la pena pagar el precio de la fe y hacer cualquier sacrificio que la religión exigiera a cambio.
El precio de la fe


Durante más de un siglo la economía ha sido conocido como la ciencia funesta, pues ha vendido fatalidad y desesperación y ha ofrecido muy poca esperanza.

No saber poner precio a la naturaleza Jeffrey califica el cambio climático como un accidente de la química. Tiene que ver con el fracaso del sistema del mercado, calentamiento global, la extinción de las especies etc. Todo esto pone a relieve la incapacidad de la economía global para asignar un precio adecuado para los dones de la naturaleza.
Todo tiene un precio parte de una simple premisa: existe un precio detrás de cada decisión, bien sea tener un hijo, adquirir un coche comprar un libro. A menudo no somos conscientes de que la fuerza de estas cantidades ejerce sobre nuestros impulsos diarios, y tampoco reflexionamos sobre el peligro que este supone. Pero este poder se transforma en evidencia cuando la distorsión de los precios hacen que nos equivoquemos.


Conclusion
Todo tiene un precio aborda lo que de verdad se esconde tras los códigos de barra y las etiquetas que marcan con cifras el costo de nuestras vidas, y nos revela lo que en realidad quieren decir esos números.
Una obra necesaria que descubre como el valor de las cosas afecta el modo que nos enamoramos, trabajamos, vivimos y morimos, y de qué manera los precios son los responsables últimos de la historia de la humanidad
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