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Edad Media, cultura popular y risa

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Transcript of Edad Media, cultura popular y risa

Edad Media
"La cultura popular, el carnaval y la risa"




Conceptos teóricos de Mijail Bajtín
Análisis de la obra de Pieter Brueghel
“Don Carnaval y Doña Cuaresma" Todas se oponían a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal de la época.

Como ejemplos, podemos enumerar:
-las fiestas públicas carnavalescas,
-los ritos y cultos cómicos,
-los bufones y «bobos»,
-gigantes, enanos y monstruos,
-payasos de diversos estilos y categorías,
-la literatura paródica, vasta y multiforme, etc., Formas y manifestaciones de la risa “Gargantúa”
Grabado de Doré 1) Formas y rituales del espectáculo (festejos carnavalescos, obras cómicas representadas en las plazas públicas, etc.);
2) Obras cómicas verbales (incluso las parodias) de diversa naturaleza: orales y escritas, en latín o en lengua vulgar;
3) Diversas formas y tipos del vocabulario familiar y grosero (insultos, juramentos, lemas populares, etc.). Tres grandes categorías de las manifestaciones de la risa Los carnavales iban acompañados de actos y procesiones complicadas que llenaban las plazas y las calles durante días enteros.

Se celebraban también la «fiesta de los bobos» y la «fiesta del asno»; existía también una «risa pascual» (risus paschalis) muy singular y libre. El carnaval como ritual y espectáculo

La risa acompañaba también las ceremonias y los ritos civiles de la vida cotidiana: así, los bufones y los «tontos» asistían siempre a las funciones del ceremonial serio, parodiando sus actos La fiesta se convertía en esta circunstancia en la forma que adoptaba la segunda vida del pueblo, que temporalmente penetraba en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, de la igualdad y de la abundancia.

Las fiestas oficiales de la Edad Media (tanto las de la Iglesia como las del Estado feudal) no sacaban al pueblo del orden existente, ni eran capaces de crear esta segunda vida. Al contrario, contribuían a consagrar, sancionar y fortificar el régimen vigente. La fiesta carnavalesca como UTOPÍA El país de Jauja (Het Luilekkerland) Pieter Brueghel el Viejo, 1567 Óleo sobre madera • 52 cm × 78 cm.Alte Pinakothek, Múnich “En todas las carreteras, en todos los caminos y en todas las calles, hay mesas servidas con manteles blancos. Todo el mundo puede sentarse en ellas y comer, sin que nadie se lo prohíba, pescado o carne, carne de ciervo o de pajaritos asados o estofados, y sin tener que pagar nada por ello. En ese país corre un río de vino en el que los vasos y las copas de oro y plata se llenan solas.” (Le Goff, 2010: 114) “Pasemos al sexo. Las mujeres son tan hermosas, ya sean damas o damiselas, que cada uno toma la que le conviene sin que nadie se enfade. Cada uno satisface su placer como quiere y eligiendo. Y las mujeres no son censuradas por ello sino, por el contrario honradas. Y si por azar una mujer se interesa por un hombre al que ve, lo aborda en plena calle y recibe placer, con lo cual los unos hacen la felicidad de los otros.” (Íb: 115) El carnaval era el triunfo de una especie de liberación transitoria, más allá de la órbita de la concepción dominante, la abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y tabúes.

Se oponía a toda perpetuación, a todo perfeccionamiento y reglamentación, apuntaba a un porvenir aún incompleto. Utopía y liberación transitoria El individuo podía establecer nuevas relaciones, verdaderamente humanas, con sus semejantes. La alienación desaparecía provisionalmente. El hombre volvía a sí mismo y se sentía un ser humano entre sus semejantes.

El auténtico humanismo que caracterizaba estas relaciones no era en absoluto fruto de la imaginación o el pensamiento abstracto, sino que se experimentaba concretamente en ese contacto vivo, material y sensible. El carnaval y la visión del mundo Esta visión, opuesta a todo lo previsto y perfecto, a toda pretensión de inmutabilidad y eternidad, necesitaba manifestarse con unas formas de expresión dinámicas y cambiantes (proteicas) fluctuantes y activas:

Permanente cambio, sucesión y la renovación
gozosa comprensión de la relatividad de las verdades y las autoridades dominantes.

lógica original de las cosas «al revés» y «contradictorias», de las permutaciones constantes de lo alto y lo bajo (la «rueda») del frente y el revés.

diversas formas de parodias, inversiones, degradaciones, profanaciones, coronamientos y derrocamientos bufonescos.

El segundo mundo o “mundo al revés” es una parodia de la vida ordinaria. Visión del “mundo al revés” Una importante cualidad de la risa en la fiesta popular es que escarnece a los mismos burladores.


El pueblo no se excluye a sí mismo del mundo en evolución. También él se siente incompleto; también él renace y se renueva con la muerte. En las grandes ciudades llegaban a durar tres meses por año. La influencia de la cosmovisión carnavalesca sobre la concepción y el pensamiento de los hombres era muy grande.
A las altas jerarquías les obligaba a renegar en cierto modo de su condición oficial (como monje, clérigo o sabio) y a contemplar el mundo desde un punto de vista cómico y carnavalesco. Escolares y clérigos, eclesiásticos y doctos teólogos se permitían alegres distracciones durante las cuales se desprendían de su piadosa gravedad, como en el caso de los «juegos monacales» (Joca monacorum), Otras características del carnaval PIETER BRUEGHEL
(1525, Breda -1569, Bruselas) “Nacido cerca de Breda en algún momento entre 1525 y 1530, sus primeros cuadros le deben mucho a Hieronymous Bosch (el joven artista estaba obsesionado con su antecesor). Pero como Brueghel no quería ser uno más, sino alguien, decidió pulirse en Italia. Cuando visitó Roma en 1550 –la Roma de Giulio Romano y los manieristas–, Vasari lo llamó el “piccolo e nuovo Michelangelo”. A su regreso se instaló en Amberes y empezó a pintar temas religiosos pero transportados a escenas campestres. Sus paisajes eran aún arcaicos, pero su amor por la verdad lo llevó a recopilar una cantidad rabelesiana de datos, anécdotas y mitología popular.” (Gainza, 2012) Pieter Brueghel el Viejo. “El combate entre don carnaval y doña cuaresma”; óleo sobre tabla 121,3 x 171,5 cm. 1559. Museo de Historia del Arte (Kunsthistorisches), Viena. Los seguidores de “Don Carnal” La Cuaresma, de aspecto escuálido, con un panal de abejas sobre la cabeza, está sentada sobre una silla de iglesia. La misma está colocada sobre un carro del que tira un monje y una monja. Ella está empuñando una pala de panadero con dos arenques.
Le contrapone, al pollo y al cerdo prohibidos, los pescados permitidos para la alimentación en esta época del calendario litúrgico. La cuaresma Los seguidores de Cuaresma El carnaval parece estar representado por el hombre que está encima del barril de cerveza, que lleva por sombrero un pastel y en vez de una lanza, blande un espetón, del que prenden un pollo y la cabeza de un cerdo.
En la cuaresma estaban prohibidas las carnes de animales (excepto las de pescado) dentro de las comidas. El carnaval o “Don Carnal” Al salir de la Iglesia, los fieles dan limosnas a los mendigos
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