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ESTRATEGIAS MÉTRICAS Y RETÓRICAS PARA EL PROCESO DIDÁCTICO DE LA POESÍA MEXICANA DE INICIO DEL SIGLO XX; EL CASO VILLAOURRUTIA Y SUS NOCTURNOS

El propósito general de este Taller implica evaluar el alcance didáctico de la poesía mexicana, centrándose en el "Nocturno de la estatua" de Xavier Villaurrutia. Los elementos poético propuestos por Villaurrutia permitirán evaluar el alcance de la s
by

marx arriaga

on 30 October 2018

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METAMÉTRICA, PROGRAMA INFORMÁTICO PARA EL ANÁLISIS DE TEXTOS VERSIFICADOS
Dr. Marx Arriaga Navarro
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

ESTRATEGIAS MÉTRICAS Y RETÓRICAS PARA EL PROCESO DIDÁCTICO DE LA POESÍA MEXICANA DE INICIO DEL SIGLO XX; EL CASO VILLAURRUTIA Y SUS NOCTURNOS
"y contar a su oreja cien veces cien cien veces" (v. 12)
1,000,000
“estatua”
“grito”
“eco”
“muro”

espejo

“estatua asesinada”
1,000,000
"yo lírico"
Nocturno de la estatua
a
Agustín Lazo

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las fichas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: "estoy muerta de sueño".
Nocturno amor
a Manuel Rodríguez Lozano

El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiende el sueño
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el silencio
y antes que compartirlo matarías el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados
sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
que la sombra corroe con su lepra incurable
Ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura página de nieve

No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo
sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.
NOCTURNO MIEDO

Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podemos contra la secreta ansiedad.

Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar,
y la angustia de verse fuera de sí, viviendo,
y la duda de ser o no ser realidad.
NOCTURNO GRITO

Tengo miedo de mi voz
y busco mi sombra en vano.

¿Será mía aquella sombra
sin cuerpo que va pasando?
¿Y mía la voz perdida
que va la calle incendiando?

¿Qué voz, qué sombra, qué sueño
despierto que no he soñado
serán la voz y la sombra
y el sueño que me han robado?

Para oír brotar la sangre
de mi corazón cerrado,
¿pondré la oreja en mi pecho
como en el pulso la mano?

Mi pecho estará vacío
y yo descorazonado y serán mis manos duros
pulsos de mármol helado.
NOCTURNO EN QUE NADA SE OYE

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta siento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.
NOCTURNO SUEÑO
Abría las salas
profundas el sueño
y voces delgadas
corrientes de aire
entraban

Del barco del cielo
del papel pautado
caía la escala
por donde mi cuerpo
bajaba

El cielo en el suelo
como en un espejo
la calle azogada
dobló mis palabras

Me robó mi sombra
la sombra cerrada
Quieto de silencio
oí que mis pasos
pasaban
El frío de acero
a mi mano ciega
armó con su daga
Para darme muerte
la muerte esperaba

Y al doblar la esquina
un segundo largo
mi mano acerada
encontró mi espalda

Sin gota de sangre
sin ruido ni peso
a mis pies clavados
vino a dar mi cuerpo

Lo tomé en los brazos
lo llevé a mi lecho

Cerraba las alas
profundas el sueño
NOCTURNO SOLO

Soledad, aburrimiento,
vano silencio profundo,
líquida sombra en que me hundo,
vacío del pensamiento.
Y ni siquiera el acento
de una voz indefinible
que llegue hasta el imposible
rincón de un mar infinito
a iluminar con su grito
este naufragio invisible.

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan
o cuando dejan caer sus nombres
hasta que la sombra se asombra

cuando un polvo más fino aún que el humo
se adhiere a los cristales de la voz
y a la piel de los rostros y las cosas

cuando los ojos cierran sus ventanas
al rayo del sol pródigo y prefieren
la ceguera al perdón y el silencio al sollozo

cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente
y que no llega sino con un nombre innombrable
se desnuda para saltar al lecho
y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve

cuando la vi cuando la vid cuando la vida
quiere entregarse cobardemente y a oscuras
sin decirnos siquiera el precio de su nombre

cuando en la soledad de un cielo muerto
brillan unas estrellas olvidadas
y es tan grande el silencio del silencio
que de pronto quisiéramos que hablara

o cuando de una boca que no existe
sale un grito inaudito
que nos echa a la cara su luz viva
y se apaga y nos deja una ciega sordera

o cuando todo ha muerto
tan dura y lentamente que da miedo
alzar la voz y preguntar “quién vive”

dudo si responder
a la muda pregunta con un grito
por temor de saber que ya no existo

porque acaso la voz tampoco vive
sino como un recuerdo en la garganta
y no es la noche sino la ceguera
lo que llena de sombra nuestros ojos

y porque acaso el grito es la presencia
de una palabra antigua
opaca y muda que de pronto grita

porque vida silencio piel y boca
y soledad recuerdo cielo y humo
nada son sino sombras de palabras
que nos salen al paso de la noche.
NOCTURNO ETERNO
NOCTURNO MUERTO

Primero un aire tibio y lento que me ciña
como la venda al brazo enfermo de un enfermo
y que me invada luego como el silencio frío
al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.

Después un ruido sordo, azul y numeroso,
preso en el caracol de mi oreja dormida
y mi voz que se ahogue en ese mar de miedo
cada vez más delgada y más enardecida.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento
en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma
el corazón inmóvil como la llama fría?

La tierra hecha impalpable silencioso silencio,
la soledad opaca y la sombra ceniza
caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.
Nocturno de la estatua

a Agustín Lazo

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las fichas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: "estoy muerta de sueño".
Xavier Villaurrutia,
Nostalgia de la muerte
, 1938.
Análisis impresionista
Se busca exponer las apreciaciones de lectura
Análisis estructural
Métrica
Morfología
Sintaxis rítmica
Análisis hermenéutico
Semiótica
Historiografía
Filología
Agustín Lazo, "La pistola", 1943 (Oleo / tela, 73 x 57.5 cm)
Aquí, la Derringer es discreta, incluso afeminada, a diferencia de los pistolones blandidos por Rivera y Siqueiros durante sus virulentos debates de los treintas o la que puso Tamayo sobre un alféizar en su lúgubre pintura nocturna de 1932, La ventana (San Francisco Museum of Modern Art). Quizá se relaciona con la obsesión de la muerte que permeó la literatura de su gran compañero, Xavier Villaurrutia, como los poemas publicados en Nostalgia de la muerte (1938) y Décima muerte (1941), así como su obra de teatro de 1941, Invitación a la muerte. ¿Y es sólo una coincidencia que el poeta guatemalteco Otto-Raúl González le dedicara un libro de poesía al geranio (Voz y voto del geranio) en el mismo año en que se pintó este cuadro? Tal vez, aunque no debe subestimarse el rico contexto intelectual que dio forma a la obra y los sueños de Lazo.
James Oles, Arte moderno de México. Colección Andrés Blaisten. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.
DR. EN FILOLOGÍA HISPÁNICA MARX ARRIAGA NAVARRO
Correo electrónico: marxarriaga@hotmail.com / Twitter: @marxarriaga

GRADOS ACADÉMICOS Y DISTINCIONES

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1) desde el año 2011
Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación (Chihuahua, 2015)
Doctor en Filología Hispánica (dentro del programa en Historia y teoría del Teatro) por la Universidad Complutense de Madrid (Becario CONACYT en el extranjero)
D.E.A. (Diploma de estudios avanzados, equivalente a grado maestría) en Historia y teoría del Teatro por la Universidad Complutense de Madrid (Becario CONACYT en el extranjero)
Maestro en Teoría Literaria por la Universidad Autónoma Metropolitana (Cédula: 5298404) (Becario CONACYT nacional)
Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (Cédula: 4455915)

Propósitos Generales

El siglo XX y los poetas contemporáneos llevaron a las letras mexicanas a un sitio de reconocimiento en el panorama literario internacional. José Gorostiza (1901-1973), Xavier Villaurrutia (1903-1951), Jaime Sabines (1926-1999), Tomas Segovia (1927) y José Emilio Pacheco (1939) son algunos de los principales exponentes de la poesía mexicana.
La poesía mexicana se definía al terminar la década de los años sesenta como una "poesía en movimiento", pero su movimiento fue muy distinto de lo que se podía imaginar entonces y hoy se caracteriza sobre todo por un estado de indefinición (casi) consciente, una riqueza propositiva matizada por un posmoderno pesimismo siempre saludable: ni reinvenición de un pasado ni apuesta por un futuro, tal vez; un afirmativo presente.
El propósito general de este Taller implica evaluar el alcance didáctico de la poesía mexicana, centrándose en el "Nocturno de la estatua" de Xavier Villaurrutia. Los elementos poético propuestos por Villaurrutia permitirán evaluar el alcance de la sintaxis poéticas en contraste con la sintaxis gramatical. Además, se evaluará el papel de la imagen poética como motor básico para el análisis lírico.

Nostalgia de la muerte
En 1938, la editorial Sur publica un libro de poemas con el título
Nostalgia de la muerte
de Xavier Villaurrutia, de la cual Marco Antonio Campos sacará a la luz una edición facsímil en 1988. Aquí ya vemos conformado, de una manera casi definitiva, este universo poético. Ahora bien, si hablamos con estricto apego a los lineamientos filológicos, debemos aceptar como
editio princeps
el caso de
Nocturnos
(1933), editado por Manuel N. Lira a la cabeza de la editorial Fábula. Sólo existe una ausencia en esta primera versión de la primera parte de
Nostalgia de la muerte
en la edición de Fábula y es “Nocturno miedo”. Además de la edición de
Nocturnos
(1933) – aún sin el poema “Nocturno miedo” – conforman el libro, como parte intermedia la sección denominada “Otros Nocturnos” y como parte final la sección “Nostalgias”. En el caso del poema faltante se debe, como ya se advirtió, a que Villaurrutia lo publica hasta 1940 en la revista
Tierra Nueva
, aunque con otro título.
En cuanto a la genética evolutiva de “Nocturno de la estatua”, no contamos con un manuscrito de él. Observamos algunos cambios según las revistas donde fue publicado. En la revista
Contemporáneos
de 1928 y en B
andera de provincias
de 1929 se lee, en el verso 7, “tras del espejo” y en las demás versiones: “en el espejo”. En la revista
Hoy
de 1939, en el verso 12, se escribe: “cien veces cien veces” y no: “cien veces cien cien veces” como en la versión primera y última de este poema.
Nocturno de la estatua

a Agustín Lazo

Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera
y el grito de la estatua desdoblando la esquina.
Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito,
querer tocar el grito y sólo hallar el eco,
querer asir el eco y encontrar sólo el muro
y correr hacia el muro y tocar un espejo.
Hallar en el espejo la estatua asesinada,
sacarla de la sangre de su sombra,
vestirla en un cerrar de ojos,
acariciarla como a una hermana imprevista
y jugar con las fichas de sus dedos
y contar a su oreja cien veces cien cien veces
hasta oírla decir: "estoy muerta de sueño".
Nació en la ciudad de México en 1896, y en sus inicios estuvo ligado con la Escuela al Aire Libre de Pintura de Santa Anita fundada por Alfredo Ramos Martínez en 1913. Más adelante, junto con Rufino Tamayo, Julio Castellanos y Fernández Ledesma, fue alumno de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Vivió en Europa por largo tiempo, donde estuvo en contacto con los movimientos avant-garde. Algunos autores lo consideran como el iniciador del surrealismo en México, y como el máximo representante del aspecto europeo en la pintura mexicana entre 1930 y 1949. Debido a la calidad irreal de sus pinturas y grabados éstos han sido comparados recuentemente con el trabajo de Giorgio De Chirico. Diseñó escenografía para obras dirigidas por Celestino Gorostiza y escribió algunos dramas. Perteneció al "grupo sin grupo" de los Contemporáneos. Murió en la ciudad de México en 1971.
Invité a Xavier, a Delfino y a Montenegro a mi nueva residencia, Xavier había dejado de ser amante de la Virgen y aprendió a procurarse por si los golfitos pasivos que gustaban. Empezaba a ser amigo de Agustín Lazo, sobrino de Antonio Adalid. Antonio me había dicho: -‘tengo una sobrina muy hipócrita, ojalá se soltara el pelo. Te lo voy a presentar’-. Y una noche invitó a merendar a un joven narigón, introverso de pelo planchado, que chorreaba cultura e inhibición por todo su traje abotonado. Pintaba y estaba al día en la literatura y en música. Insistían en hablar de arte y ruborizaba a cada broma de su ruidoso tío que lo observaba y me picaba a lograr la reticente confianza de la sobrina (Novo,
La Estatua de Sal
, 2008:110)
En 1929, Antonieta conoció a José Vasconcelos, quien regresaba de los Estados Unidos para postularse como candidato a la presidencia de la república. No solo puso su fortuna a disposición del mujeriego candidato, sino también su corazón. La joven, millonaria, culta y liberal, lo acompañó en la campaña. Entre mítines, comidas y entrevistas la relación se consolidó. Vasconcelos fue discreto y Serafina, su esposa, se encontraba en Estados Unidos. Después de la persecución que emprendió Abelardo Rodríguez a los vasconcelistas Antonieta se fue a Nueva York. Ahí le llegó la noticia del enorme fraude electoral que había ocurrido. Después de una breve estancia en México, Antonieta decidió viajar a París. Ahí se encontró con Vasconcelos. En la noche anterior a su suicidio, Antonieta le había preguntado en el cuarto del hotel: "Dime si en verdad me necesitas...". Él, sin saber el sentido profundo que tenía la pregunta, se limitó a responderle: "Ningún alma necesita de otra. Nadie, ni hombre ni mujer necesita más que a Dios; cada uno tiene su destino comprometido con el creador". En ese momento, el corazón de Antonieta se dispuso a recorrer el camino que no tiene regreso. Si no era indispensable, ¿Qué sentido tenía la vida? A la mañana siguiente, Antonieta se dirigió a la catedral de Notre Dame, que en esos momentos se encontraba casi sola. Se sentó en el extremo izquierdo de una banca frente a la imagen de la virgen de Guadalupe. Abrió su bolso de mano y sacó la pistola de Vasconcelos, que había tomado sin que éste se diera cuenta... La detonación se escuchó en todo el santuario. El cuerpo sin vida de Antonieta se desplomó sobre la banca. La noticia del suicidio apareció en los encabezados de todos los periódicos de París. La Iglesia católica tuvo que realizar una ceremonia especial para limpiar el recinto sagrado del sacrilegio. El cuerpo de Antonieta fue enterrado en el cementerio de Thiai. En 1936, cuando caducó la concesión de su tumba, sus restos fueron llevados a la fosa común.

Antonieta Rivas Mercado (Ciudad de México, 1900 - París, Francia 1931) nació con el siglo XX, en una posición verdaderamente privilegiada. Hija amadísima del prestigiado arquitecto Antonio Rivas Mercado, recibió la mejor educación que una mujer podía recibir en los últimos años del México de don Porfirio. Su padre, el artífice de obras espléndidas como la columna de la Independencia, había cuidado al máximo la formación de su hija preferida. La separación de sus padres la hizo, muy pronto, una adolescente-adulta que se movía con libertad, segura de sus decisiones.

A los dieciocho años quiso casarse con Albert Blair, un joven ingeniero inglés formado en los Estados Unidos. La vida lo había llevado a la rebelión contra Porfirio Díaz, y en ese torbellino vivió momentos tremendos al lado de sus amigos, los hermanos Madero. Impulsiva, Antonieta le arrancó a su padre la anuencia. Pero el matrimonio, del que nació un niño, Donald Antonio, no fue feliz. Antonieta trató de divorciarse en varias ocasiones, pero nunca lo logró. Aunque desde 1914 Venustiano Carranza había promulgado una ley que normaba el divorcio —cosa que ni los mismísimos liberales del siglo XIX se habían atrevido a plantear—, la oposición rotunda de Albert y la presión social cancelaron la posibilidad de que la muchacha pudiera rehacer su vida formalmente.

Decidida a trascender, Antonieta se convirtió en una de las primeras promotoras culturales del siglo XX mexicano. Heredera de una enorme fortuna a la muerte de su padre, la empleó en impulsar proyectos como el teatro Ulises y la Orquesta Sinfónica de México. Grandes talentos plásticos y literarios de los años veinte y treinta de la centuria pasada recibieron de ella apoyo económico y moral. Trabó amistad con personajes como Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, creadores como Roberto Montenegro y Julio Castellanos. Jóvenes valores como Andrés Henestrosa, Gilberto Owen y Julio Jiménez Rueda hallaron en ella algo muy difícil de conseguir: solidaridad y aliento.
Agustín Lazo,
La pistola
, 1943
Xavier Villaurrutia González (Ciudad de México, 27 de marzo de 1903, 25 de diciembre de 1950)
Agustín Lazo Adalid (Ciudad de México, 1896 – 1971)
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