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EVOLUCIÓN Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA

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Salvador Cortés Díaz

on 30 December 2013

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EVOLUCIÓN Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.

EVOLUCIÓN Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA
POBLACIÓN ESPAÑOLA.

Las fuentes demográficas son aquellos documentos que contienen información sobre el volumen, las dinámicas y características de una población. En España se encarga de su elaboración el Instituto Nacional de Estadística. (INE)
Las fuentes para el conocimiento de las estructuras demográficas son:

a) Recuentos de población. Son los censos anteriores a 1.857, es decir de época
preestadística. Fines: recuentos militares y fiscales (Por hogares o fuegos, por lo que
son erróneos. Ejemplos: Censo de Aranda de 1.768. (9.300.000), Censo de
Floridablanca de 1.787 (10.409.879).

b) Censos de población. De 1.857 a 1.900 tuvieron una periodicidad irregular. Desde
1.900 se realizan cada 10 años; hasta 1.970, en los años terminados en 0; después en
los años terminados en 1. Nos facilita datos fiables sobre población de hecho y de
derecho; estructura por sexo y edad; nivel de alfabetización, etc.

c) Padrón Municipal de habitantes. Realizado por el Ayuntamiento, se renueva cada 5
años, pero se rectifica anualmente con las altas y bajas. Contiene menos información
que los censos y sirve, entre otras cosas, para elaborar el censo electoral.
Las fuentes para el conocimiento del movimiento natural son los Registros Parroquiales (1.563) y el Registro Civil (1.870).

Las fuentes para conocer los flujos migratorios se obtienen a través de la Estadística de variaciones residenciales, de pasajeros por mar y la Encuesta de migraciones interiores.
Otras fuentes demográficas son el Anuario Estadístico y las Encuestas de Población Activa
(EPA), de Fecundidad o Socio demográficas, con objeto de reunir información que no reflejan los censos.

FUENTES DEMOGRÁFICAS PARA EL ESTUDIO DE LA POBLACIÓN.

LOS EFECTIVOS DEMOGRÁFICOS Y SU EVOLUCIÓN.

Diferenciamos dos etapas en la evolución de la población española, la preestadística y la
estadística que difieren en el ritmo y la intensidad de crecimiento, así como en la cantidad .

La etapa preestadística:

Anterior a la segunda mitad del s. XIX. El conocimiento de los efectivos es impreciso
por falta de fuentes seguras. Desde la dominación romana al siglo XIV se alternan
momentos de auge y de crisis demográfica, aunque la población nunca debió superar los siete millones de habitantes.

La etapa estadística: Se inicia en 1857, con el primer censo moderno.

1857 - 1900.
La población crece en tres millones, lo que indica un crecimiento débil.

En la primera mitad del s. XX (1900-1950
) aumenta el ritmo de crecimiento ganando
más de nueve millones debido a mejoras en las condiciones sanitarias e higiénicas y a
mayores recursos alimenticios. Baja significativamente la tasa de mortalidad, aunque
con momentos excepcionales de freno al crecimiento: guerra en norte de África, gripe
de 1918, Guerra Civil, además de la emigración a Iberoamérica, Argelia, Francia., etc.

Entre las décadas de 1959 y 1970
, el crecimiento alcanza altas cotas por la bajada de
la mortalidad y el mantenimiento de la natalidad, y por las buenas condiciones
económicas y sanitarias. La emigración de los 60 supone una contención importante.

A
partir de los años 80
cambia la tendencia y el crecimiento se hace más lento por la
fuerte caída de la natalidad.

A partir del año 2.000
el incremento de la población es importante por la inmigración,
pero a partir de la crisis económica la población se estanca, produciéndose retornos y
emigración de españoles. En el año 2.012 había 47.200.00 habitantes. La evolución de la población se puede estudiar a través de los ciclos o regímenes
demográficos. Cada uno de ellos posee comportamientos específicos de natalidad, mortalidad y crecimiento natural, que permiten su caracterización.

Desde finales del siglo XVIII la dinámica de la población evoluciona hacia unas bajas tasas de mortalidad y natalidad. En este proceso se suceden 4 fases:
Fase 1: Régimen Demográfico Antiguo.
En esta fase las tasas de natalidad y mortalidad son muy altas, por lo que el crecimiento natural es muy lento e incluso inexistente. Este estadio ha caracterizado la historia de la humanidad desde sus orígenes hasta el siglo XVIII. Las elevadas tasas de natalidad y mortalidad se situaban cerca del 40 ó 50%, pero, al mismo tiempo, la mortalidad también era muy importante a causa de las guerras, el bajo nivel de vida de la población, hambrienta y desnutrida, sobre la que caían epidemias como la peste, viruela o gripe, mortales en muchos casos por la falta de higiene y por los escasos
conocimientos médicos de la época. Además de manera cíclica se producían crisis demográficas en las que la mortalidad superaba a la natalidad, a causa de las grandes epidemias y guerras. Tendencia al estancamiento poblacional por mortalidad catastrófica. Círculo vicioso: Malas cosechas =carestía = epidemias = Disminución de la población. A ello hay que sumar las guerras, emigraciones hacia América y epidemias de peste, viruela y tifus. El resultado fue un lento crecimiento demográfico.

Fase 2: Explosión demográfica.
Fase 3: Final de la Transición.
Fase 4: Régimen demográfico moderno.

Se caracteriza por un descenso lento y sostenido de la mortalidad debido a las mejoras en la alimentación, en la higiene y en la medicina. La población está mejor alimentada gracias a la revolución agrícola que aumenta los rendimientos y la producción agraria. Estos cambios contribuyen decisivamente a reducir la mortalidad y alargar la esperanza de vida. Por otro lado las tasas de natalidad se mantienen muy altas, por lo que se produce un fuerte crecimiento de la población. España no entró en esta segunda fase hasta el siglo XX cuando se inició un sostenido aunque lento descenso de la mortalidad, con algunas crisis como la epidemia de gripe de 1.918, la guerra civil de 1.936-39 y la dura postguerra de la década de los años cuarenta. El fuerte
crecimiento demográfico (Baby boom), se produjo desde mediados de los años 50 hasta la llegada de la crisis mundial del petróleo en 1.975. En esas décadas la población española aumentó debido a la diferencia entre una baja mortalidad y una natalidad elevada, aunque ya con tendencia a la baja.

Los índices de natalidad inician un importante descenso motivado por la incorporación de la mujer al mundo laboral, difusión de anticonceptivos, acceso de la población al Estado del bienestar, proceso de urbanización, sustitución de una agricultura de subsistencia por la agricultura de mercado y el desarrollo de la revolución industrial, entre otras causas. Las razones del control de la fertilidad, es decir de la reducción de la fecundidad femenina, se debe a que los hijos dejan de representar una ayuda para la familia y la vejez de los padres, coincide con la escolaridad obligatoria y la prohibición del trabajo infantil. La tasa de mortalidad continúa la tendencia bajista iniciada ya en el segundo estadio y, por esta razón, el crecimiento demográfico en esta tercera fase inicia su descenso paulatino. En España desde 1.966 y sobre todo desde 1.975, se produjo la caída en picado de la mortalidad, síntoma inequívoco del desarrollo económico y social que se estaba produciendo.
Este último estadio es típico de las sociedades desarrolladas, post-industriales. Se caracteriza porque las tasas de mortalidad y de natalidad se igualan en niveles muy bajos, de manera que el crecimiento natural de la población se estanca. Los avances de la medicina y las mejoras del nivel de vida aumentan la esperanza de vida, que se sitúa en torno a los 80 años, y con ello, el envejecimiento de la estructura de la población. Los problemas que se plantean se derivan del envejecimiento y de la escasa natalidad.
RASGOS BÁSICOS DE LA DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LA POBLACIÓN
LA DENSIDAD DE POBLACIÓN.

En el pasado fue muy baja (10-17 hab/km2), con contrastes. En el siglo XV las dos Castillas, León y Extremadura eran las áreas más densamente pobladas. A partir del siglo XVII hay un aumento de densidades en las regiones litorales (Valencia, Cataluña, Andalucía y País Vasco), mientras se va despoblando el centro peninsular (Inversión de densidades). Hoy las diferencias se acentúan. Hay zonas muy densamente pobladas, ecúmenes, de (200-500 hab/km 2 , y áreas que no llegan a 15 hab/km2 , anecúmenes. Las grandes densidades las encontramos en las provincias periféricas, insulares y Madrid, por su diversificación económica (comercio, pesca, industria, turismo, capitalidad), mientras que las zonas de interior tienen baja población relativa por los escasos rendimientos y productividad de los secanos cerealistas y la decadencia de la ganadería extensiva.

Cuando se contempla el mapa de densidades de población de España por términos
municipales elaborado por Casas Torres en la década de los 50, y si lo comparamos con el censo de 1.991, el mapa resultante da un aspecto más homogéneo y compacto, sin grandes vacíos poblacionales. El mapa, en ciertos momentos, parece constituir un negativo del hipsométrico por cuanto hay una correlación inversa muy clara entre altitud y ocupación del territorio por la población. Así las zonas por debajo de 5 hab/km2 se localizan en los Pirineos centrales (Huesca, Lleida y parte de Navarra), el Sistema Ibérico (región de Cameros en La Rioja y Soria), Cordillera Cantábrica, parte de la Penibética, Sistema Central y en cierta forma Sierra Morena. Son las densidades más bajas de España, junto a gran parte de la Submeseta norte y los Monegros. Aparte de su adversidad física, todas estas zonas están alejadas de los grandes centros urbanos, puesto que por ejemplo anecúmenes como la Cordillera Costero-Catalana, guarda mayores dotaciones poblacionales que son consecuencia de las diferentes posibilidades que tiene el territorio en función del alejamiento o proximidad de los centros urbanos dinámicos. Con densidades entre 5 y 10 hab/km2, aparecen los territorios de las dos Castillas, con excepción de las cabeceras comarcales, grandes nudos de comunicación viaria, o la existencia de zonas de regadío.En el otro extremo, las grandes densidades de población española en 1.991 aparecen en las zonas litorales, con alguna excepción allá donde la montaña llega hasta la misma playa, pero, en general puede afirmarse que toda la línea de costa supera la densidad media nacional, mientras que los valores que superan los 500 hab/km2 señalan espacios claramente urbanos, bien sea con una
lógica de continuidad por diferentes municipios, como sucede en las aglomeraciones madrileña, catalana, la mayor parte del País Valenciano, Murcia, Costa del Sol, bahía de Cádiz, entorno sevillano y eje del Guadalquivir, Rías bajas gallegas, el ocho asturiano o el País Vasco.

En resumen, las áreas de concentración de la población española se producen por:
- Proximidad de cursos fluviales, arroyos, etc.
- Existencia de áreas con un dinamismo económico general debido a la localización de
grandes centros comerciales, espacios industrializados, agricultura intensiva, (como la
huerta valenciana), de turismo, sobre todo en el caso de la España insular (Baleares y
Canarias) y de la Costa del Sol, Costa Blanca, etc.
- Cercanía a los grandes centros urbanos y a infraestructuras viarias: ferrocarril,
carreteras, puertos, es decir a buenas redes de comunicaciones. (Lo que podemos
llamar conectividad)
- Razones históricas, como la fundación de determinadas ciudades, que hoy son grandes
urbes, por distintas civilizaciones respondiendo a razones políticas (fueros, exenciones
fiscales, etc.), estratégicas y demográficas (reconquista y repoblación), económicas
(riquezas naturales, comercio, etc.), de comunicaciones (cruce de caminos), etc.
Las áreas de repulsión se localizan en medios físicos difíciles, como áreas de alta montaña y áreas de gran aridez, en las que existe dificultad para obtener agua de zonas cercanas; en zonas lejanas a los grandes centros urbanos y a las redes de comunicación; en asentamientos que por razones históricas y políticas han perdido importancia; finalmente, en zonas que, debido al éxodo rural, han sufrido un envejecimiento demográfico que acelera el proceso de pérdida de la población.
Por Comunidades Autónomas, Madrid, País Vasco y Canarias son las más densas, y en
cuanto a provincias las del litoral tienen mayor población relativa, excepto Madrid y Sevilla. Resumiendo, hay acusados contrastes entre el interior y la periferia y entre el espacio rural y el urbano. Hoy la densidad española alcanza los 92 hab/km2, relativamente baja en comparación con los países europeos, pero con grandes contrastes entre el interior y la periferia y entre el espacio rural y el urbano.
En un futuro, las formas de distribución se podrán explicar por nuevos elementos, como la
revolución de las comunicaciones (informática, telemática, etc.), que no harán necesarias ciertas localizaciones físicas y que es posible que contribuyan a una mejor distribución espacial de la población.

LOS FACTORES EXPLICATIVOS DE LA DENSIDAD Y LA DISTRIBUCIÓN.
¿Cuáles son las causas que explican estas diferencias?
• Factores geográficos. No son determinantes, pero condicionan muchos fenómenos como la agricultura, ganadería, infraestructuras viarias, etc. Los principales son el clima y la altitud. Los climas extremos no favorecen el desarrollo de actividades económicas, al igual que la altitud.
• Factores demográficos. Hacen referencia a la dinámica y estructura de la población. Son determinantes en los contrastes entre el interior (población con menor crecimiento vegetativo y envejecida), y la periferia (población con mayor crecimiento y más joven).
• Factores socioeconómicos. Las migraciones por motivos laborales explican las diferencias de población.

Trabajo realizado por Salvador Cortés Díaz.
( Grupo 2 geografía )
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