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PSC2.Racionalidad y acción comunicativa

En esta parte de la sesión revisaremos los argumentos habermasianos en torno a la racionalidad y la acción comunicativa...

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Transcript of PSC2.Racionalidad y acción comunicativa

Racionalidad y acción comunicativa
Jürgen Habermas (1929-)
Sin duda, Habermas es uno de los filósofos más importantes del siglo XX.
Fue asistente de Theodore Adorno, en la Escuela de Fráncfort
La Razón es más una práctica social comunicativa que una capacidad mental. Por ende, las instituciones democráticas y la ciencia constituyen (y pueden ser justificadas) como una serie de condiciones necesarias para el proceso comunicativo.
En principio, Habermas sugiere que nuestra época se caracteriza por una fragmentación de la cultura moderna en distintas esferas, cada una de las cuales se rige por su propia lógica.
Esta especie de racionalización de la cultura es la responsable de que existe un sentimiento generalizado, pesimista, en torno a la modernidad: ésta se ha vuelto confusa y opresiva.
Frente a ello, Habermas sugiere que la fragmentación de la cultura no implica la destrucción de la razón, sino su diferenciación en distintas "voces".
Tal diferenciación/fragmentación tiene un carácter desorientador, pero también abre un conjunto de posibilidades que de otra manera hubieran permanecido ocultas, colonizadas por una perspectiva más tradicional y ortodoxa. En otras palabras, las distintas esferas de la vida social no necesariamente están en conflicto entre sí. La racionalidad permitiría establecer una comunicación fluida entra dichas esferas.
En este contexto, la sociedad contemporánea se ha "racionalizado" de manera selectiva. Ello es precisamente el problema que ha originado la pérdida de sentido frente al mundo, de libertad; no la racionalidad en sí misma. El problema de nuestras sociedades es, en última instancia, que no han sabido ser lo suficientemente racionales.
En otras palabras, Habermas postula la modernidad como un proyecto inconcluso
Para comprender lo anterior, es necesario interrogarse acerca de lo que significa una acción racional.
Para explicar lo que significa la racionalidad, se requiere clarificar y analizar críticamente los criterios que regulan el uso cotidiano de dicho término. Es preciso hacer visible el conjunto (pre-teórico) de reglas puestas juego por los sujetos involucrados en una acción (estos sujetos son competentes en términos del habla, de su hacer y de su saber).
Pero la racionalidad no es una y la misma, de una vez y para siempre. En primera instancia, se considera que una acción es racional si se eligen los medios más efectivos para cumplir un objetivo. (Racionalidad instrumental)
No obstante, Habermas considera que el actor que supone dicho tipo de racionalidad, es decir, un actor solitario que interviene en el mundo en busca lograr hacer coincidir medios y fines de la manera más eficiente posible, limita por completo la noción de racionalidad. El otras palabras, el éxito de la acción puesta en marcha no es suficiente para dejar establecida la racionalidad.
Otro problema de esta perspectiva insturmental/actor solitario radica en el énfasis que pone sobre la determinación de los medios y no de los fines (como si éstos fuesen algo externo al actor).
Es preciso en consecuencia "juzgar" la racionalidad de una acción cuando menos en tres niveles: 1. Medios/fines; 2. Los objetivos perseguidos al llevar a cabo la acción (deben estar acorde con los valores que uno privilegia); y 3. Los valores pueden ser generalizados en "principios". Esta especie de "racionalidad con arreglo a valores" es la que permite darle cierta consistencia al tejido de la vida social.
En otras palabras, aún un actor actuando en solitario, interviniendo en el mundo, nos puede ilustrar cómo su acción pone de relieve una visión específica acerca del mundo. En la medida en que evalúa sus acciones en este contexto, también puede, por lo menos, poner en duda la validez de los supuestos que indican "cómo es el mundo".
Desde esta perspectiva, la racionalidad de una acción debería ser evaluada en función de la plausibilidad de los supuestos acerca del modo en que es el mundo, en un contexto específico (en una comunidad comunicativa).
Para que una acción pueda ser considerada como racional, se requiere que el actor sea capaz (sea competente) para defender argumentativamente tanto su acción como las creencias/valores implicados en ésta.
Un aspecto clave para identificar si una acción es racional o no, radica en qué tan suscetible es dicha acción de ser criticada y defendida con razones.
En contraste con la imagen del actor solitario, la racionalidad sugerida por Habermas es, de inmediato, intersubjetiva (puesto que en el centro de la racionalidad se encuentra la necesidad de justificar las propias acciones frente a los Otros). De manera específica, la racionalidad se ancla en el proceso intersubjetivo a través del cual se alcanzan acuerdos (a partir del intercambio de argumentos en una discusión razonada).
Se requiere, pues, ser competente en términos de de dar cuenta de los propios actos (así como de los valores que hay detrás de tales actos).
El argumento no se agota ahí. Es precisamente a través del entendimiento (de los razonamientos) del Otro que podemos constituir/habitar una esfera común.
Es justo este aspecto (i. e. la creación de las condiciones bajo las cuales es posible construir un espacio común) el que le permite a Habermas definir la racionalidad comunicativa.
Racionalidad comunicativa
Cuando surge un conflicto, sugiere Habermas, es preciso dirimirlo llegando a un entendimiento mutuo: los sujetos buscan entender/interpretar colaborativamente cuál es la situación, para resolverla.
Se llega al entendimiento en la medida en que se es capaz de evaluar las razones ofrecidas para una práctica específica (sujetos, culturas)
La racionalidad comunicativa entonces alude a un conjunto de "mundos" dentro de los cuales tienen lugar un sinfín de disputas. Es precisamente este carácter conflictivo lo que constituye a tales "mundos".
El primero de estos mundos es el mundo objetivo. Éste es observable a través de los hechos (y lo que se pone en disputa la verdad de estos hechos)
Otro de estos mundos es el social. Éste se constituye por el conjunto de relaciones interpersonales legítimamente reguladas. Éste es observable a través de las normas.
Mientras que el mundo objetivo es el de la racionalidad instrumental, (el actor solitario que busca la manera más eficiente de vincular medios y fines), el mundo social es el ámbito de la interacción normativamente guiada (individuos vinculados por el reconocimiento de sus obligaciones mutuas).
El último de estos mundos es el subjetivo. Éste se pone de relieve en los deseos, necesidad y evaluaciones que efectúan los actores.
Para Habermas, aquello que aseveramos cuando nos comunicamos, es decir, los actos del habla que llevamos a cabo, constituyen una especie de pragmática universal.
Hay tres tipos de validación de los argumentos emitidos:
1. La verdad en torno a los hechos;
2. El arreglo de las afirmaciones con respecto a la normatividad vigente.
3. La sinceridad de las aseveraciones
Lo anterior es importante puesto que pone de relieve una correspondencia entre tres diferentes pretensiones de validez, tres actos del habla, y la constitución de tres "mundos".
Un mundo objetivo, es decir, habitado por aquello que es fácticamente el caso
Un mundo social, habitado por principios morales justificables
Un mundo subjetivo, habitado por expresiones sinceras acerca de lo que uno desea o valora.
En otras palabras, se ponen de relieve tres tipos de acción racional:
1. racionalidad cognitivo-instrumental (i. e. en el análisis de las cosas y los hechos)
2. racionalidad moral-práctica (i. e. en la justificación de las reglas de convivencia)
3. racionalidad estético-expresiva (i. e. en la exploración de la experiencia subjetiva)
La Razón, según Habermas, no se ha desintegrado. Se ha diferenciado en tres formas que se corresponden con las distintas esferas de la actividad humana.
Críticas:
La relatividad de la racionalidad: el acceso a la realidad está mediado por el lenguaje. Si aceptamos que existen lenguajes diferentes, a veces incomprensibles, en las distintas comunidades comunicativas en las que se expresa la actividad humana, entonces, las posibilidades de entendimiento no son tan amplias como parece aseverarlo Habermas. O dicho de otro modo: es inconmensurable la cantidad de modos de ver el mundo. Hablamos el mismo lenguaje pero ¿nos entendemos?
¿De qué manera podría justificarse una pretensión de validez por encima de la otra (en términos de las comunidades comunicativas/culturas), sin caer en neo-imperialismos?
Habermas responde: no podemos saber de antemano si un intento de entendimiento intercultural resultará exitoso. Ello dependerá de nuestra capacidad para "fusionar los horizontes".
Se requiere un distanciamiento de las interpretaciones propias. En otras palabras, hay que evitar confundir lo que es válido con lo que es socialmente aceptado de manera coyuntural. Las sociedades menos tradicionales (europeas) tiene más experiencia en esto. Es preciso que las sociedades "maduren", de modo que les sea posible lograr un mejor entendimiento (de ahí que la democracia sea una condición necesaria para los argumentos habermasianos).
Acción comunicativa y vida social
En la vida social, para cumplir con los objetivos que uno se traza, es preciso buscar la coordinación de las propias acciones con las acciones de los otros (cuando menos para que éstas no lo obstruyan a uno). Para Habermas hay dos vías que permiten la coordinación de las acciones al interior de una sociedad: la influencia y el consenso.
De estas ideas, Habermas deriva uno de sus principales aportes a las CS: la teoría de la acción comunicativa
La acción coordinada a través de la influencia ocurre cuando uno o más actores "inducen" las acciones de los Otros (i. e. a través de la coerción, la retórica manipulativa, las amenazas, etc.). La influencia es un tipo de acción estratégica. Lo que importa es el objetivo y no los medios que se utilizan para cumplirlo.
La acción coordinada por el consenso se pone de relieve a través de la generación de un entendimiento mutuo en torno a los hechos, las normas, y/o las experiencias subjetivas. Podemos actuar juntos cuando estamos de acuerdo en lo que refiere a aquello que es, o no, legítimo en una situación.
Se establece, pues, una distinción entre la acción estratégica y la acción comunicativa. Ello a través del análisis de los actos del habla.
En este sentido, hay que reconocer que ambos modos de coordinar las acciones (ambos tipos de actos del habla, consenso e influencia) están orientados a la consecución de objetivos. En lo que difieren es en términos del proceso mediante los que tales objetivos son concebidos.
A partir de este proceso emerge la posibilidad de lograr el entendimiento mutuo. Éste implica adoptar una postura en torno a la fuerza de los argumentos esgrimidos para defender las pretensiones de validez de una afirmación. Ello implica mucho más que un simple listado de las razones expuestas en un acto del habla. Alude a un proceso evaluativo que implica también reconocer que los propios estándares de lo que uno considera como "buenas razones" no pueden ser defendidos siempre, frente a todas y cada una de las audiencias.
Esta "búsqueda del entendimiento mutuo" ha producido dos tipos de críticas.
1. Toda búsqueda de entendimiento tiene asociado con conjunto de intereses, por lo que la existencia de un ámbito libre de consideraciones estratégicas por parte de los actores involucrados es, cuando menos, una utopía.
2. Aún cuando los actores involucrados fuesen transparentes y sinceros, y estuvieran libres de intereses e ideologías, el hecho de que su racionalidad esté atávicamente vinculada a un espacio y un tiempo específicos, limita lo que los participantes encontrarán como razonable.
Habermas responde con la noción de idealización. Es decir, una serie de presuposiciones que organizan la discusión, y por lo tanto, los distintos aspectos de la vida social. En otras palabras, ello implica que los actores se encuentran orientados sinceramente a lograr la pretensión de validez de sus afirmaciones.
Por otra parte, aún cuando todo argumento se encuentra históricamente situado, los actores involucrados asumen que lo que ellos proponen es mucho más que lo "socialmente aceptado": postulan que es verdadero y válido en todo tiempo y en todo lugar (por lo menos que será defendible frente a cualquier desafío futuro). Los argumentos/acuerdos atados a la coyuntura no generan compromiso entre los participantes, por lo que sería necesario llegar a nuevos acuerdos que tuvieran un carácter de "universalidad".
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