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Porta fidei

Convocatoria para el Año de la Fe Benedicto XVI

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Transcript of Porta fidei

Convocatoria para el Año de la fe Porta fidei Esta presentación NO pretende ser un tratado completo sobre el tema, sino un esquema, modificable, de apoyo para la reflexión personal y para facilitar la exposición del tema en una actividad de formación. Esta presentación es una sinopsis del Carta Apostólica
"Porta fidei“ publicada en www.vatican.va

Se recomienda para un círculo de estudio o un taller sobre la Nueva Evangelización.
El Centro de Recursos del Regnum Christi agradece a Graciela G. de Madero la adaptación del contenido para elaborar esta presentación.
Fecha: septiembre 2012.
www.missionkits.org recursos@regnumchristi.org 01-800-288-2334 Carta apostólica para convocar el
Año de la fe Porta fidei Avance manual Centro de Recursos del Regnum Christi Da clic en More y luego Full screen Año de la fe 50ª aniversario del Concilio Vaticano II Lo convoca S.S. Benedicto XVI.
Inicia el 11 de octubre de 2012: 50a Aniversario del Concilio Vaticano II Termina el 24 de noviembre de 2013.
Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo 20º aniversario
Inicia el 11 de octubre de 2012 La fe Introduce en la vida de comunión con Dios.

Permite la entrada en su Iglesia. Un camino que empieza con el bautismo y dura toda la vida. «La puerta de la fe», está siempre abierta… La fe lleva a experimentar el Amor de Dios Padre, que envío a Cristo para nuestra salvación y al Espíritu Santo para guiar a la Iglesia. La necesidad de la fe
ayer, hoy y siempre Profesar la fe en la Trinidad equivale a creer en un solo Dios que es Amor. Ante la profunda crisis de fe Para iluminar la alegría y el entusiasmo del encuentro con Cristo. HAY QUE REDESCUBRIR NUESTRA FE
Que afecta a muchas personas que caminan por la vida sin Cristo. «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna».
Creer en Jesucristo, nuestro camino a la salvación. Como la samaritana, hay que descubrir el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios
y por el Pan de la vida. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta. El Concilio ofrece una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza. (Juan Pablo II) Una «consecuencia y
exigencia postconciliar» Los textos del Concilio «no pierden su valor ni su esplendor».

Es necesario conocerlos y hacerlos vida. Son textos del Magisterio de la Iglesia. La «fe que actúa por el amor» se convierte en el nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre. El Año de la fe: invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. La renovación se da a través del
TESTIMONIO
de los cristianos
llamados a hacer resplandecer la Palabra que Jesús nos dejó. La fe sólo crece y se fortalece creyendo;
en un in crescendo continuo,
en un amor que tiene su origen en Dios. Redescubrir la alegría de creer, para tener el entusiasmo de comunicar la fe.

La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica. El amor de Cristo siempre impulsa a la evangelización. La fe crece… creyendo Confesar públicamente la fe Intensificar la reflexión sobre la fe para que la adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa. Confesar la fe en nuestras iglesias, en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor la fe. Que este Año de la fe 2. El testimonio de vida sea cada vez más creíble, al redescubrir los contenidos de la fe. 1. Suscite la aspiración a confesar la fe con:
plenitud y renovada convicción,
con confianza y esperanza. Comprender no sólo los contenidos de la fe , sino el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios.

El conocimiento no es suficiente si después el corazón no está abierto por la gracia para comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios. «Con el corazón se cree y con los labios se profesa» La fe implica un testimonio y un compromiso público.

Es un acto personal y al mismo tiempo comunitario.

La fe, es un acto de la libertad, exige la responsabilidad social de lo que se cree. «Lo que vale y permanece siempre» Muchas personas, aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido de su existencia y del mundo.
Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe. La misma razón del hombre lleva inscrita la exigencia de ponerse en camino para encontrar a Dios.

La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro. Subsidio indispensable:

Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe.

Regla segura para la enseñanza de la fe. El Año de la fe: un compromiso para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo. Uno de los frutos más importantes de Concilio Vaticano II: El Catecismo Estructura del Catecismo: lleva
al encuentro con una Persona El Catecismo aborda los grandes temas de la fe.

No es una teoría, sino el encuentro con una Persona = CRISTO.

A la profesión de fe, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa. Sin la liturgia y los sacramentos, la fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene a los cristianos.

La enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad. «Nota» de la Congregación para la Doctrina de la Fe La fe está sometida a los interrogantes de una mentalidad que reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. «Que inició y completa nuestra fe» Con la mirada puesta en Jesucristo Reactualizar la historia de la fe María creyó y siguió a Cristo
hasta el Calvario. Los apóstoles dejaron todo para seguir a Cristo. Los discípulos formaron las primeras comunidades. Los mártires han dado su vida. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia. Lo que el mundo necesita:
Testigos de la fe. Por la fe, hombre y mujeres de toda edad y condición, han confesado la belleza de seguir al Jesús y dado su testimonio:

en la familia,
en la profesión,
en la vida pública
En el desempeño de
sus carismas y ministerios. La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento a merced de la duda.

La fe y el amor se necesitan mutuamente. Intensificar el testimonio de la caridad «De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?... Así es también la fe:
si no se tienen obras, está muerta por dentro». Comprometernos a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo, porque...

Lo que el mundo necesita es el testimonio creíble de los que, iluminados por la Palabra del Señor, abren el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera. Que nadie se vuelva perezoso en la fe «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» este tiempo de gracia.
Nos encomendamos a Cristo:
que presente entre nosotros, vence el poder del maligno, y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en Él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre. Que este Año de la fe haga más fuerte la relación con Cristo, pues sólo Él es garantía de un amor auténtico y duradero. «Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» Tiempo especial para reflexión y redescubrimiento de la fe.

Auténtica y renovada conversión al Señor.

Mayor compromiso en la nueva evangelización.

Suscitar la aspiración de confesar la fe.

Intensificar la celebración de la fe, especialmente en la Eucaristía.

Recorrer la historia de nuestra fe, redescubrir, para vivir, los contenidos de la fe. (Credo-Catecismo).

Intensificar el amor, el testimonio de la caridad. Recapitulemos, lo más importante del «El puro hecho de conocer, llena de soberbia;
el amor, en cambio, hace el bien» (1 Co, 8,1). UNA RELACIÓN MÁS FUERTE Y PROFUNDA CON CRISTO Hombres y mujeres
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