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Guerra Civil Española

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by

Tania Rabasot Gaspar

on 4 May 2014

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Transcript of Guerra Civil Española

1937
1839

1936
1938
Guerra Civil Española

España dividida
Revolución y desintegración del
poder republicano
Entre julio y octubre de 1936, tras la distribución de armas entre las organizaciones populares, se desencadenó un proceso revolucionario espontáneo en esta zona y el poder se repartió en múltiples juntas, comités, milicias, consejos y organismos revolucionarios que suplantaron el poder del gobierno central.
La dispersión organizativa y la ausencia de un mando único dificultaron las operaciones militares. En unas zonas, este
poder popular
estuvo dirigido por la CNT-FAI (como en Cataluña). En otras, tomaron el poder socialistas o comunistas. En todas partes dirigieron el esfuerzo bélico a través de milicias armadas y organizaron la vida ciudadana en la
retaguardia
(transportes, abastecimiento, orden público...)
También se encargaron de la
represión
contra la población de derechas o católica cometiendo numerosas irregularidades y excesos, entre los que se incluye el
anticlericalismo
desatado contra sacerdotes y edificios religiosos.
Intentos de reorganización del poder
La consolidación del bloque sublevado
La insurrección militar utilizó el
ejército
como
eje vertebrador
de las operaciones militares y de la configuración de un nuevo Estado.
Franco llevó a cabo la unificación política de falangistas y carlistas, y dio un sustrato ideológico al nuevo régimen, que fue adoptando progresivamente rasgos definidores del
autoritarismo fascista.
La reconstrucción del Estado republicano
El socialista
Juan Negrín
formó, en mayo de 1937,
un gobierno de concentración
con el objetivo de afrontar la difícil situación del bando republicano. No contó con la CNT y se apoyó en el Partido Comunista, fortalecido por la ayuda soviética a la República y por la disciplina y el prestigio de sus regimientos de combate.

El nuevo gobierno reconstruyó la
autoridad del Estado
canalizando y centralizando los recursos y esfuerzos movilizados para ganar la guerra, puesta en peligro por la ofensiva rebelde en el País Vasco.
Se paralizaron las colectivizaciones y se
nacionalizó la economía.
Se suprimió el Consejo de Aragón, se mantuvo el orden en la retaguardia y
se frenó la represión
indiscriminada.
El Ejército Popular
se hizo realidad, introduciendo en él la disciplina y dotando a las unidades de mandos de prestigio.

El fracaso de este remozado ejército en la campaña de Aragón provocó una crisis de gobierno y el socialista Prieto, ministro de Defensa Nacional abandonó el gobierno. Pero Negrín, apoyado cada vez más en los comunistas y confiando en que la situación internacional sería en breve favorable a la República, propugnó una política de resistencia a ultranza y remodeló su gobierno en abril de 1938 con la participación de todas las fuerzas políticas, incluida la CNT.


Un grupo importante de altos mandos del ejército (
Unión Militar Española
) dirigidos por Emilio Mola, organizaron una insurrección contra la República. Entre los implicados estaban:
Joaquín Fanjul y Manuel Goded (monárquicos)
José Enrique Varela (tradicionalista)
Gonzalo Queipo de Llano y Miguel Caballaneras (republicanos)
Emilio Mola, José Sanjurjo y Francisco Franco
La conspiración contra la República fue instigada por diferentes sectores conservadores y de la derecha:

Los
monárquicos
, que tras el frustrado golpe de Sanjurjo (1932) mantenían contacto con los militares.
Los
falanjistas y carlistas
que habían formado milicias armadas para desestabilizar el sistema
Algunos sectores del
CEDA
Los
militares
La
jerarquía eclesiástica
que veía en la República un enemigo de la religión católica
La sublevación militar
La fecha elegida para el golpe de Estado en un principio era el 19 de julio, pero el asesinato de Calvo Sotelo el día 13 ofreció una excusa perfecta a los sublevados para precipitarla al 17 de julio.

Los sublevados se hicieron con el poder en todo el protectorado marroquí. Al día siguiente, Franco voló de Canarias hacia Marruecos y tomó el mando del ejército de África.
Sanjurjo murió en un accidente aéreo por lo que el general Mola planificó las acciones que deberían llevarse a cabo.
El gobierno reaccionó con indecisión y pasividad una vez estallada la sublevación, lo que permitió a los insurrectos consolidar sus posiciones.

Mola ocupó Pamplona y el levantamiento se extendió por Andalucía. En cambio, en Madrid y Barcelona la rebelión pudo ser sofocada.
Santiago Quiroga, presidente del gobierno dimitió esa misma noche. Azaña encargó entonces a Diego Martínez Barrio la formación de un gobierno.
Ante el fracaso de sus gestiones con Mola, domitió al día siguiente, y Azaña nombró a José Giral.

La Dimensión internacional del conflicto
Evolución del conflicto
Entre el 17 y 20 de julio se hizo patente la división en dos del ejército, del territorio y de los recursos económicos.

Por una parte, un bando leal a la República, llamado "rojo" por los sublevados, y , por otra, el bando sublevado, autodenominado "nacional". ambos bandos se enfrentaron en una guerra civil.
Bando republicano
Bando sublevado
Controlaron las zonas rurales y conservadoras, como Castilla y León, Galicia, Navarra, gran parte de Aragón y de Andalucía occidental, Baleares (excepto menorca), Canarias y el protectorado colonial norteafricano.

Tenía recursos industriales de menos envergadura, pero controló la principal zona cerealista. Militarmente, contaba con la mayoría de los oficiales y la mitad de los miembros del ejército y de las fuerzas de seguridad. A ellos se unió el ejército de África.
Los republicanos controlaron la franja cantábrica, el País Vasco (excepto Álava), y la cuenca mediterránea desde Cataluña hasta Málaga.
Aunque el territorio estaba dividido, contaba con los núcleos industriales y urbanos de más relieve, las regiones de agricultura y de exportación, las minas del norte, el oro del Banco de España, la flota y la mitad de las tropas.
Era de esperar que las democracias europeas, y
especialmente Francia, colaboraran con el gobierno legítimo
de la República , la presión de la derecha francesa y de los conservadores británicos les condujo a la adopción de una
política de neutralidad.
Propugnaron la no intervención en la guerra de España para no romper el débil equilibrio existente entre los regímenes democráticos y los fascistas. No obstante, Francia permitió el paso de armas a través de sus fronteras.

En agosto de 1936, se creó en Londres el
Comité de No Intervención
, al que se adhirieron hasta 27 países, que comprometieron a no vender, ni permitir paso de armas ni suministros bélicos a España. Pero Italia, Alemania y Portugal, continuaron ayudando a los rebeldes, mientras la República se vio sometida al cierre de fronteras y al embargo de armas. Además, el Comité de No Intervención impidió que la Sociedad de Naciones mediase en el conflicto.

Estados Unidos,
que no suscribió el pacto, aprobó una
ley de embargo
que impidió la exportación de material bélico a la España republicana, pero permitió los suministros de las empresas norteamericanas a la España sublevada.
La Unión Soviética
fue el único país que, aunque había firmado el Tratado de No Intervención,
ayudó con armas y alimentos a la República.
La ayuda soviética permitió al gobierno republicano salvar Madrid (1936). Sin embargo, el cierre de la frontera francesa inmovilizó buena parte de estos efectivos. La República pagó sus compras con las
reservas de oro
del Banco de España.
De gran valor moral fue el hecho de que miles de voluntarios de ideas democráticas y progresistas, lucharan contra el fascismo junto a la República agrupados en las
Brigadas Internacionales
. Combatieron entre 1936 y 1938 fecha en que abandonaron el país cumpliendo los acuerdos del Comité de No Intervención. Llegaron a España siguiendo el llamamiento de organizaciones de izquierda, especialmente la Internacional Comunista.
La ayuda de los fascismos al bando sublevado
Hitler odenó la ayuda alemana inmediata,
además de la intervención de la
flota
, el envío
de numeroso
material militar,
el grueso de la ayuda
alemana residió en la
aviación.

Se creó la
Legión Cóndor
con voluntarios del ejército alemán, que fue decisiva en las ofensivas del bando rebelde y en la resolución de operaciones militares.

La participación italiana fue más numerosa, aunque de menos importancia técnica y estratégica. A los efectivos humanos, agrupados en el
Corpo di Truppe Volontarie,
hay que añadir el soporte aéreo naval y de equipamiento bélico

El régimen profascista portugués también prestó ayuda logística a los sublevados, facilitándoles las comunicaciones por su territorio y el desembarco de suministros en sus puertos, además de contribuir con voluntarios.
Franco contó además con el ejército
de África.
El Comité de No Intervención
La ayuda soviética y las Brigadas Internacionales
Fracasado el golpe de Estado a finales de julio comenzó la guerra civil. desde el principio los sublevados llevaron el peso y la iniciativa en las ofensivas militares, mientras que entre los republicanos predominaron las operaciones defensivas
Los primeros combates y la batalla de Madrid
El paso a la Península de los efectivos del
ejército de África
se dio gracias a la cobertura aeronaval prestada por Alemania e Italia a los sublevados, que neutralizó la acción de la escuadra, leal a la República.
Desde el sur, las columnas de legionarios del ejército africano avanzaron por el valle del Tajo y llegaron a
Toledo
donde liberaron a los centenares de militares y civiles sitiados por las tropas republicanas en el
Alcázar.
Los republicanos fracasaron en el intento de conquistar Baleares y las columnas de milicias que de adentraron en Aragón no consiguieron ocupar las capitales de la región.
Aunque el principal objetivo de los sublevados era ocupar
Madrid
, hasta noviembre ambos bandos intentaron consolidar posiciones. La conquista de Madrid la intentó primero Mola, pero fue detenido, más tarde las tropas sublevadas asediaron Madrid, pero fueron frenadas. A la vista de la situación, el gobierno trasladó su sede a Valencia y dejó en Madrid una Junta de Defensa, presidida por el general
José Miaja.
Fracasado el ataque, las sublevadas intentaron cortar las vías de comunicaciones, pero fueron derrotadas en las
batallas del
Jarama
(febrero de 1937) y de
Guadalajara
(marzo de 1937)
La guerra en el norte (abril-noviembre 1937)
Ante el fracaso en Madrid, Franco, que ostentaba ya el cargo de Generalísimo, asumía las decisiones últimas y optó por abandonar la zona centro y
concentrar el esfuerzo bélico en el norte.
Las fuerzas republicanas se hallaban allí muy debilitadas. El general
Mola había ocupado San Sebastián y la frontera vasco-francesa de Irún en septiembre de 1936, y el aislamiento de la zona cantábrica del resto del territorio republicano dificultaba la llegada de recursos.
En la primavera de 1937 los sublevados lanzaron una
gran ofensiva sobre el País Vasco
en la que utilizaron, con la ayuda de la aviación alemana (Legión Cóndor), nuevas tácticas de guerra como los bombardeos de poblaciones civiles indefensas en
Durango y Gernika
. Tras la
muerte de Mola
en accidente aéreo, el general Sancho Dávila inició el ataque a Bilbao y tras romper el sistema defensivo republicano, privado de artillería y aviación, tomó la ciudad el 19 de julio.
En agosto, tropas italianas y navarras tomaron Santander. Desde allí
pasaron a
Asturias
y ocuparon Gijón en octubre, tras la resistencia
protagonizada por las milicias sindicales y obreras. Con la caída del norte, la zona republicana perdía una región minera y siderometalúrgica, vital para el abastecimiento de materias primas y el desarrollo de la guerra.En verano de 1937, como maniobra de distracción y para disminuir la presión sobre la zona norte, los republicanos lanzaron sendas ofensivas que fracasaron: la batalla de
Brunete
(en el centro) y la de
Belchite
(Aragón)
El fin de la guerra (diciembre 1938-abril 1939)
Tras la victoria en la batalla del Ebro, los sublevados intensificaron los bombardeos de las principales ciudades catalanas por parte de la aviación italiana. Estos bombardeos prepararon la
ocupación de Cataluña
. Después los sublevados llegaron a la frontera francesa. Con la caída de Cataluña las estructuras políticas y militares del Estado republicano se derrumbaron. Sus autoridades, incluido Azaña, se exiliaron, acompañados de cientos de miles de personas.
A pesar de lo desesperado de la situación, Negrín y los comunistas intentaron
resistir en Madrid
y la zona centro, cuyas posiciones se mantenían prácticamente como en 1936. Pero en febrero de 1939, Francia y Reino Unido reconocieron al gobierno de Franco y, en Madrid, estallaron los enfrentamientos internos. El coronel Segismundo Casado, al mando del ejército del centro y apoyado por sectores republicanos, anarcosindicalistas y socialistas, que encontraban inútil la política de resistencia, dio un golpe de Estado y crearon
una Junta de Defensa
que, ingenuamente, pretendía una paz honrosa, benevolente y sin represalias que Franco no aceptó.
Aunque el gobierno Negrín partió hacia el exilio, la oposición de los comunistas a la Junta de Defensa ordenó finalmente el abandono de los frentes sin resistencia, y el 28 de marzo el coronel Casado entregó Madrid.
El 1 de abril
, el general Franco hizo público el comunicado del fin de la guerra sin condiciones.
La guerra civil española había llegado a su fin
El avance hacia el Mediterráneo (diciembre 1937-noviembre 1938)
La batalla del Ebro
Con la pérdida del norte, quedaba un solo
frente que iba desde los Pirineos hasta la costa malagueña. Para frenar una posible ofensiva franquista sobre Madrid, las fuerzas republicanas, iniciaron una
ofensiva sobre Teruel
(ciudad que lograron recuperar). Pero el asedio posterior de las tropas sublevadas, al mando de Varela, permitió reconquistar Teruel tras una intensa lucha que ocasionó la pérdida de la mitad de los efectivos del ejército republicano.
Tras este éxito, Franco decidió iniciar en marzo el

avance sobre el valle del Ebro
, con el objetivo de llegar al
Mediterráneo y aislar Cataluña. Atacó el frente de Aragón y luego el valle del Segre, donde los sublevados tomaron Lleida el 3 de abril. El 14 alcanzó el Mediterráneo por Vinaròs (Castellón).
Con ello, el
bando republicano quedó dividido en dos partes.
La fuerte resistencia que encontraron en el Maestrazgo y en Valencia, éxito defensivo del general Miaja, detuvo momentáneamente
la ofensiva rebelde.
Para intentar detener el avance de los sublevados sobre Valencia y Cataluña, y también con el objetivo de propiciar una
paz negociada
, los republicanos lanzaron
una gran ofensiva en el Ebro.
A pesar del desastre sufrid, el ejército republicano se había reforzado con soldados y con los recursos obtenidos en una apertura de la frontera francesa.
El 25 de julio, las tropas republicanas cruzaron el río Ebro en dirección a Gandesa, avanzaron unos 35 kilómetros y envolvieron al enemigo, pero no pudieron continuar ante la movilización de enormes contingentes de soldados rebeldes. A mediados de noviembre, con más de un 50% de bajas y su equipamiento prácticamente destruido, el ejército republicano se replegó dejando el camino de Cataluña y Valencia expedito para los sublevados. A finales de 1938, el Comité de No Intervención consiguió la retirada de los voluntarios extranjeros que luchaban con la república. Así, antes
de que las tropas rebeldes iniciaran la
ofensiva de Cataluña, la suerte de la República
estaba echada.
Se llevó a cabo una
revolución socioeconómica
que provocó un cambio en las relaciones de producción y que se plasmó en la ocupación y el reparto de tierras y la confiscación de industrias. La
colectivización del campo
varió según las regiones. Se dieron experiencias de comunismo libertario que afectaban a la producción, la distribución y el consumo.
Las
colectivizaciones
de las industrias y de los servicios más importantes se dieron en Valencia, Madrid, Asturias y, especialmente, en Cataluña. Los sindicatos obreros tomaron el control de las empresas y organizaron la producción.
A partir de octubre de 1936 se dictaron normas centralizadoras y el gobierno intervino directamente en industrias estratégicas vitales para el desarrollo de la guerra. La propiedad privada no desapareció totalemente y convivió con las experiencias de socialización. La oposición del gobierno y de los comunistas, junto con la evolución negativa de la guerra, detuvieron este movimiento revolucionario
Desbordado por el proceso revolucionario y bélico, el gobierno Giral dimitió y, en septiembre de 1936, e creó
un gobierno de coalición
presidido por el socialista
Francisco Largo Caballero
y formado por socialistas, comunistas, republicanos, nacionalistas y, desde noviembre, por la CNT. Ésta contó con dos ministros y su objetivo era acabar con la dispersión de poderes, reconstituyendo el Estado pero manteniendo las conquistas revolucionarias para poder así unificar y centralizar las acciones bélicas.

Para ello, se suprimieron o recortaron los poderes de los organismos revolucionarios y se crearon los
consejos provinciales y municipales
, presididos por autoridades que representaban al Estado.
Las diferencias entre las distintas tendencias afloraron pronto en el seno del gobierno. Había
dos concepciones divergentes
sobre el proceso revolucionario. Comunistas, socialistas, republicanos y nacionalistas defendían ganar primero
la guerra
, postergando la revolución. Para ello era imprescindible reconstruir el Estado republicano, unificándolo y centralizándolo. En cambio, la CNT-FAI, los comunistas del POUM y los seguidores de Largo Caballero pretendían simultanear guerra y revolución con su pluralidad de poderes, convencidos de que no se podía ganar la guerra sin llevar a cabo la
revolución.

Estas divergencias se evidenciaron en múltiples
conflictos entre anarquistas y comunistas
en el control del orden público y la vida civil en la retaguardia, y culminaron en Barcelona, en
los hechos de mayo de 1937
, en un enfrentamiento armado. Los anarquistas, con la ayuda del POUM, resistieron con las armas varios días, en un intento desesperado por conservar su autonomía frente a la tendencia centralizadora del poder, aunque finalmente fueron neutralizados. Como consecuencia de estos sucesos, cayó el gobierno de Largo Caballero y se consolidaron las posiciones de los comunistas en el Estado republicano.
En Cataluña, un nuevo gobierno de
la Generalitat, con republicanos, comunistas
y anarquistas, se impuso al Comité de Milicias Antifascistas, y en el País Vasco, previa aprobación por las Cortes del Estatuto, se constituyó el gobierno autónomo presidido por José Antonio Aguirre.
En el plano militar,
se reorganizó el Estado Mayor del Ejército
y se unificaron las milicias, que se encuadraron dentro de la estructura militar. Se constituyó así el núcleo del Ejército Popular.
Con el objetivo de obtener el apoyo
internacional y como propuesta indirecta
a los sublevados, el gobierno presentó el
programa de los 13 puntos,
que contenía las bases para finalizar la guerra y los principios políticos que debían regir la República en el futuro. Pero sus repercusiones fueron escasas en el interior y en la esfera internacional.

En la
retaguardia
los desastres del frente y la prolongación de la guerra civil provocaron una
situación desesperada
. El cierre de la frontera francesa agravó la situación. Las críticas contra Negrín arreciaron (tanto el presidente Azaña como los socialistas, anarquistas y nacionalistas se opusieron a la excesiva concentración y centralización del poder, y empezaron entonces a inclinarse por la finalización de la guerra
Alzamiento y organización del poder político
El régimen franquista: la consolidación del nuevo Estado
que le confería todos los poderes, con lo que se consolidaba una dictadura autoritaria fascista. Durante el último año de guerra, llevó a cabo una intensa labor legislativa que anuló la obra republicana y que continuó la política económica intervencionista que regulaba la actividad privada.

Promulgó una Ley de Prensa e Imprenta
que controló y puso los medios de comunicación al servicio del poder. La Ley de Responsabilidades Políticas, con carácter retroactivo le permitió perseguir a los sospechosos de haber defendido la causa republicana. La defensa de la unidad de España se concretó en la abolición de los gobiernos vasco y catalán, el fin de toda autonomía y la prohibición de usar cualquier idioma que no fuese el castellano.
El resultado de esta labor legislativa y organizativa fue la creación de un Estado totalitario que se fue imponiendo a medida que se conseguían victorias en los campos de batalla. Se convirtió
finalmente e una dictadura que se prolongó casi cuarenta años
Fue significativo del perfil ideológico del nuevo régimen la
derogación de toda la legislación social republicana y de la
legislación referente al matrimonio civil, el divorcio y la
promoción cultural. Restableció la Compañía de Jesús, la
obligatoriedad de la enseñanza católica, la retribución
económica del clero y la exención fiscal de los
bienes de la Iglesia.

Prohibió toda actividad sindical, y la política
social se plasmó en el Fuero del Trabajo
(1938). De inspiración fascista, éste
establecía la organización de las relaciones
laborales mediante el sindicato vertical que
encuadraba patronos y obreros. Las huelgas
y los actos reivindicativos eran considerados
delitos contra la patria.
Se creó una dirección unificada que, tras la muerte accidental de Sanjurjo, se convirtió en una
Junta de Defensa Nacional
presidida por el general Caballenas e integrada por militares entre los que destacaban Mola, Franco y Queipo de Llano.
La Junta proclamó el estado de guerra y comenzó la
represión
contra las autoridades y los partidarios republicanos. Prohibió todos los partidos del Frente Popular y las actividades políticas y sindicales de cualquier signo ideológico. También suprimió la reforma agraria.
Apoyado por las gestiones de su cuñado y miembro de la CEDA, Ramón Serrano Súñer,
Franco
fue nombrado
Generalísimo
de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire y jefe del gobierno y del Estado. Poco después, comenzó a ser llamado
caudillo de España
y fue concentrando más poderes en sus manos. Formó una Junta Técnica del Estado que actuó como un gobierno.
Las organizaciones políticas que apoyaban la sublevación, monárquicos alfonsinos, la CEDA, carlistas y falangistas, no habían enunciado a sus programas políticos. Franco, carente de un proyecto político concreto, veía en esta pluralidad un peligro que obstaculizaba su acumulación de poder. Decretó la
unificación
bajo su dirección de
falangistas y tradicionalistas.
De este modo, nació Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), que constituyó a semejanza de Italia o Alemania, el partido único, denominado posteriormente Movimiento Nacional. Este partido recogía los principios esenciales de la Falange y ponía las bases de un
Estado totalitario.

En enero de 1938, Franco culminó el proceso de estructuración política y administrativa del nuevo régimen con la Ley de Administración Central del Estado,
De esta manera, todas las tendencias políticas que respaldaban la insurrección quedaban integradas en un único proyecto político. Tras el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en la zona republicana, su sucesor, Miguel Hedilla, contrario a la unificación, fue condenado a muerte por Franco y posteriormente indultado y desterrado.
En septiembre de 1936, la jerarquía eclesiástica publicó una pastoral dirigida a los obispos del mundo, reafirmando
el apoyo de la Iglesia al alzamiento militar
, justificándolo como una
cruzada
para erradicar la revolución comunista. Se reforzó así laidentificación del bloque sublevado con la Iglesia, dando origen al
nacionalcatolicismo
como fundamento ideológico del nuevo régimen.

Juan Negrín
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