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LA POBLACIÓN ESPAÑOLA

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Distribución de la población
Los estudios demográficos analizan la distribución de las personas en un territorio en un momento dado, así como su evolución histórica y los factores que explican los motivos de dicha ocupación y su dinámica. Los mapas son unos documentos excelentes para estudiar la población de un lugar.

El mapa de densidad de la población ofrece una primera visión de la distribución de los habitantes sobre el territorio español. En él resulta evidente el contraste entre el litoral y el interior pues, si exceptuamos a Madrid, las restantes provincias con mayor densidad se sitúan en la periferia peninsular y en las islas.
Otro hecho significativo es la progresiva concentración de la población española en las ciudades: así, mientras que a comienzos del siglo XX sólo un tercio de los habitantes reside en núcleos urbanos, ya hacia 1980 son casi dos tercios los que viven en ellos. El rápido crecimiento demográfico que experimentan muchas ciudades españolas las transforma de manera drástica, tanto en el interior de su tejido urbano, como en el de su periferia inmediata.
Movimiento Natural
Regímenes demográficos: Etapas de la evolución de la población
Crecimiento natural o vegetativo
Mapa del crecimiento natural, natalidad y mortalidad
El mapa muestra el saldo vegetativo provincial de 2005, es decir las diferencias entre natalidad y mortalidad en ese año. En él se observan las fuertes diferencias entre una España que crece y otra España que decrece, cuestión que se explica porque el envejecimiento de la población incide en una mayor mortalidad y una menor natalidad.

Por una parte destacan las Comunidades con un saldo negativo más elevado: Asturias, Castilla-León y Galicia. Por otra, las que tienen un saldo negativo, pero inferior en magnitud a las anteriores: Aragón, Cantabria y Extremadura. En tercer lugar las Comunidades que han cambiado claramente de signo (de negativo a positivo): Castilla-La Mancha, País Vasco y La Rioja. Y, finalmente, las Comunidades con saldo positivo: Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia y Navarra. En los valores más positivos de Andalucía, Baleares, Canarias, Madrid y Murcia incide la llegada de inmigrantes, que ha hecho subir las tasas de natalidad.
Movimientos migratorios
Crecimiento real
El crecimiento de la población española está condicionado por las transformaciones de los saldos vegetativos y migratorios. En el primer caso, los descensos de la mortalidad y natalidad inciden en el mayor o menor dinamismo de la población; en el segundo, la llegada de inmigrantes o la salida de emigrantes determinan el mayor o menor crecimiento demográfico.

Entre los años 1960 y 1981 observamos que los mayores crecimientos se concentran en Sevilla, Madrid, Valladolid, el País Vasco, el litoral mediterráneo entre Barcelona y Alicante, las Islas Baleares y las Islas Canarias. Son lugares que atraen población de otras áreas españolas (de Castilla-La Mancha, Extremadura, Galicia...) y que dibujan los ejes de desarrollo económico como, por ejemplo, el eje País Vasco-Mediterráneo, a través de Zaragoza.

La escala provincial del mapa permite observar el proceso de concentración demográfica registrado en estos años. Las provincias de Vizcaya (con Bilbao), Guipúzcoa (San Sebastián), Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante, Sevilla, Valladolid y las islas (con Palma de Mallorca, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife como núcleos principales) destacan sobre el resto de España, y atraen población hacia sus ciudades. En efecto, las provincias reflejan en gran medida el proceso de urbanización del territorio, consecuencia de la mayor oferta de puestos de trabajo y viviendas en las ciudades. La transformación de las actividades económicas es el factor explicativo más importante de este modelo de crecimiento.

Entre 1981 y 2006 se observan algunos cambios en el crecimiento de la población a escala provincial. Mientras que en el litoral cantábrico se produce un menor crecimiento, éste se incrementa en el litoral mediterráneo. Por su parte, en el sur de Andalucía destaca el mayor crecimiento de la Costa del Sol malacitana frente a las costas de Cádiz o Huelva. Estos procesos se explican, entre otras causas, porque la crisis en el sector de la industria metalúrgica y naval, así como en la extracción minera, reducen el incremento demográfico; mientras que éste aumenta en aquellas provincias cuya economía está centrada en el comercio, turismo y servicios, actividades con mayor capacidad para atraer mano de obra.

A través de este mapa también se pueden deducir los fenómenos de periurbanización: es decir, la expansión del crecimiento de las áreas urbanas hacia el territorio que antaño era rural. Así sucede, por ejemplo, en el caso de Madrid, donde el crecimiento se dirige hacia las provincias de Toledo y, sobre todo, a Guadalajara; o de Barcelona, donde lo hace hacia Girona y Tarragona. Por su parte, el predominio de las actividades económicas del sector servicios (comercio, servicios públicos, privados y hostelería) se hace más patente en las zonas mediterráneas (Almería y Murcia se suman a Valencia y Alicante), lo que condiciona el aumento no sólo de la población sino de la construcción del litoral. En los dos Archipiélagos se sigue apreciando un notable crecimiento, como consecuencia de la actividad turística, del mayor saldo vegetativo (sobre todo en Canarias) y de la inmigración.
LA POBLACIÓN ESPAÑOLA
Evolución de la distribución de la población:

a) desde la Edad Moderna hasta 1975:
- s. XVI: alta densidad en el centro-norte: Castilla La Vieja, León, País Vasco y Navarra y C.V (por el desarrollo agrario)
- s. XVII: la crisis en Castilla hizo que tardara en recuperarse: la población bascula hacia la periferia.
- s. XVIII: cc alta densidad en la periferia por el desarrollo del comercio marítimo: origen de los desequilibrios actuales.
- s. XIX: crecen los desequilibrios por el desarrollo industrializador
:-se afianzan:-Madrid: capitalidad y centro financiero del Estado.
-Galicia, Andalucía y Murcia por el crecimiento natural
-Asturias, P. Vasco y Cataluña por el desarrollo industrial
- pierde efectivos el interior peninsular.
-s. XX: se agudizan los contrastes desde 1960 por:
- crecen las regiones industriales maduras y nuevas: Eje del Ebro y del Medit. por el proceso industrializador y la 3ª.
- aparecen las áreas turísticas meditierraneas e insulares.

b) desde 1975
se reducen las diferencias por: la crisis económica y cc el paro y la desindustrialización: emigrantes retornados a sus áreas de origen y se reducen las salidas.

c) las tendencias actuales:
- consolidación demográfica de Madrid, el eje del Ebro y Medit. por:
- la primacía de los servicios -agricultura tecnificada
-difusión espacial de la industria -desarrollo endógeno
- fuertes descensos en la cornisa cantábrica (P. Vasco, Asturias..) por la crisis industrial y minera.
Consecuencias: el alto nivel de vida atrae a la poblciòn y a la inversión, cc se dota de infraestructuras y servicios a las áreas más pobladas.
Migraciones interiores y exteriores: saldo migratorio
Los saldos migratorios pueden diferenciarse por el origen y destino de las entradas y salidas de las personas de un lugar. Por una parte, diferenciamos los movimientos que se producen entre las distintas Comunidades Autónomas. Por otra, los que se registran con el extranjero, ya sea por la llegada de personas de otros países (pueden ser españoles retornados o inmigrantes extranjeros), como por la salida de personas de España hacia el exterior.

El saldo interior, para el período 1997-2006, refleja un contraste evidente entre la España meridional, oriental e insular y, frente a ella, la España más occidental y septentrional, con las lógicas excepciones. En efecto, Extremadura, Galicia, Asturias, Castilla-León, País Vasco, Aragón, Cataluña y Madrid registran un saldo negativo; mientras que Andalucía, Baleares, Canarias, Cantabria, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Navarra, Murcia y La Rioja lo tienen positivo.

La pérdida de personas en Cataluña o Madrid se suple con la llegada de inmigrantes extranjeros. En los casos restantes tenemos que acudir a una explicación que relaciona la pérdida demográfica con la escasa oferta laboral y la existencia de una población envejecida, lo que condiciona y lastra un dinamismo social y económico en el futuro.
Para comparar el crecimiento real de lugares diferentes se recurre a valores relativos (índices, porcentajes o tasas). En este gráfico se compara, a modo de ejemplo, el crecimiento del total de España con el de algunas Comunidades Autónomas: Andalucía, Baleares, Castilla-León y La Rioja. En la década de los sesenta del pasado siglo, la evolución es muy similar en todos los casos, mientras que a partir de los setenta se observan diferencias significativas. Destaca el fuerte ritmo de crecimiento de Baleares frente a la disminución que se produce en Castilla-León.

España ha pasado de ser un país de familias numerosas y extensas, a otro donde predominan las familias pequeñas, o con una sola persona viviendo en un hogar. La evolución de la composición de los hogares en los años 1991 y 2001 confirman dicha transformación: mientras que los hogares unipersonales aumentaban un 81,9%, el número de hogares con tres o más hijos disminuía el 41,7%.

Esta tendencia no se corresponde sólo a la última década del siglo XX, donde el módulo familiar ha pasado de 3,2 a 2,9 personas por hogar, sino que, sobre todo, procede del descenso de la natalidad registrado desde 1975. Ello se constata en el gráfico donde se observa la evolución del número de hijos por mujer entre 1975 y 2006.

Como podemos apreciar el descenso más pronunciado se registra entre 1975 y 1986, donde prácticamente se reduce a la mitad: pasando de una media teórica de casi tres hijos por mujer a otra de uno y medio. Después asistimos a un descenso continuado, pero más lento, hasta la mitad de los años noventa. El repunte en la natalidad es significativo a partir del 2000, cuestión que está relacionada, en gran medida, con el incremento de nacimientos de niños y niñas de familias inmigrantes.

El descenso del número de hijos por mujer está relacionado con la incorporación generalizada de la mujer al mundo laboral, así como con el cambio de mentalidad respecto al papel de los hijos en una sociedad de consumo. éstos ya no se perciben como una ayuda para el sustento familiar (sistema productivo agrario), sino que su mantenimiento implica importantes costes económicos.
Para poder comparar el saldo vegetativo, o crecimiento natural, de lugares diferentes es preciso comparar las tasas de natalidad y mortalidad. Las tasas comparan un fenómeno o acontecimiento (nacimientos, defunciones) con la población media del lugar donde sucede. De esta manera se transforma el número absoluto (número anual de nacimientos) en un número relativo (tantos por ciento o tantos por mil) respecto a la población del lugar de vecindad, lo que permite su comparación.

En este gráfico es fácil de observar la constante y fuerte caída de la natalidad en España, mucho más acentuada que la mortalidad. Si restamos las tasas de natalidad y de mortalidad obtendremos la del crecimiento natural: mientras que ésta es cercana al 10,5 por mil en 1975, a partir de 1995 es inferior al 1 por mil. No obstante, el crecimiento natural se ha recuperado desde 1999, gracias al incremento de la natalidad propiciado por la llegada de inmigrantes.
Por lo que respecta a la llegada de inmigrantes procedentes del extranjero, los mayores contingentes se dirigen hacia las Comunidades de Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía y Canarias. No obstante, es interesante diferenciar entre los españoles retornados, por una parte, y los recién llegados de otros países, por otra. En el primer caso destacan las Comunidades Autónomas de Galicia y Madrid, pero por razones diferentes: en el caso gallego se produce el regreso de emigrantes y de sus hijos y nietos, con nacionalidad española; en el otro la búsqueda de una residencia en la capital de España de personas que han emigrado y ahora retornan. Por su parte, la inmigración de extranjeros se dirige, fundamentalmente, hacia las zonas de mayor dinamismo económico.
Las estadísticas del INE, junto con las entradas de extranjeros, también registran la llegada de españoles, a veces personas con doble nacionalidad, procedentes de lugares a los que antaño emigraron. Esta entrada de personas está documentada, pues muchas veces va acompañada de gestiones conducentes a la reclamación de una pensión económica.

Es importante reflejar esta llegada, pues señala con claridad la importancia de los anteriores destinos (América del Sur y Europa) de los emigrantes españoles. Además ello suele revelar los deseos de las familias por regresar a su país de origen, y la existencia de una situación de crisis económica, o de falta de crecimiento, en los países que fueron receptores de emigrantes españoles. Así, en el caso de América del Sur, destacan Argentina y Venezuela, que en los años anteriores a la guerra civil, y en los posteriores a la Segunda Guerra Mundial, acogieron gran cantidad de españoles, pero que en los decenios finales del siglo XX atravesaron momentos de crisis económica y política.

En el caso de la Unión Europea destacan Francia, Reino Unido y Alemania, donde igualmente se registraron importantes desplazamientos de españoles que buscaban, en los años cuarenta y cincuenta, el trabajo, desarrollo económico y libertades que no tenían en España. Algunos de ellos retornan a su hogar cuando llega la edad de jubilación. Todos estos datos avalan la idea de España como país de emigrantes hasta épocas recientes.
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